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Para La Libertad

Periodismo de Intervención social

PLUTOCRACIA, EXCLUSIÓN Y CÓDIGOS

¡Me robaron!

(Kaos en la red)“ El de la izquierda me dice: “No mirés mi cara, mirá esto (un revolver) y dame todo lo que tenés”. “Tranquilos, que les doy todo”; y empecé a sacar los 183 mangos que tenía en el bolsillo de la bermuda. No terminé de hablar, cuando el de la derecha me dice: “¡Profe!,” “Profe, ¿es usted?”. Y antes que pueda responder, indicó al otro: “Vamos, es el profe de Periodismo”. Y luego: “Disculpe, no lo reconocí”. Doblaron en la esquina y alcancé a gritarles: ¡Suerte!”. Fragmento del hecho vivido por el periodista OC, recientemente, a quien hace más de dos años le impiden ingresar a las cárceles federales por las denuncias que diariamente publica la Agencia Para la Libertad –cuya redacción integra – sobre las cárceles de mala muerte de la Argentina y de otros sitios del mundo. El robo que no fue, evidencia claramente el cuento chico de la “reinserción” y que, en el país gobernado por la plutocracia macrista, si no hay trabajo para quienes poseen curriculum, mucho menos lo habrá para quienes tienen prontuario.

El robo que no fue

23 horas, aproximadamente, en una calle de Floresta, barrio de Buenos Aires. Camino sin rumbo porque en mi casa hay un inmundo calor concentrado en las paredes. Dos hombres apuran sus pasos atrás mío hasta transitar a la par, uno a cada lado. El la izquierda me dice: “No mirés mi cara, mirá esto (un revolver) y dame todo lo que tenés”. “Tranquilos, que les doy todo”; y empecé a sacar los 183 mangos que tenía en el bolsillo de la bermuda.

No terminé de hablar, cuando el de la derecha me dice: “¡Profe!,” “Profe, ¿es usted?”. Y antes que pueda responder, indicó al otro: “Vamos, es el profe de Periodismo”. Y luego: “Disculpe, no lo reconocí”. Doblaron en la esquina y alcancé a gritarles: ¡Suerte!

Sé que otros docentes pasaron por hechos similares y cuando lo contaron, nos reímos. Esta vez no pude, sentí una inmensa tristeza.

Porque la casta política me había robado. Para empezar las 40 lucas por mes que el Estado destina por cada preso en cárceles federales y luego se las chorean a los pibes de su alimentación, de sus elementos de higiene y su medicación, su educación y su futuro. Habían robado también la solidaridad, porque a estos pibe NADIE, NADIE ABSOLUTAMENTENADIE, LES DARÁ LABURO SI SABEN QUE TIENEN ANTECEDENTES.

Como puede apreciarse, la cárcel ni reinserta ni resocializa, devasta y extiende la condena más allá de lo que marca la ley, cuando no te mata. No recuerdo sí el de la derecha fue alumno mío, pero seguro me vio en algún pasillo tumbero, en alguna visita o asistió a una charla.

A estos muchachos les están robando todo: PORQUE SI NO HAY LABURO PARA LOS QUE POSEEN CURRICULUM, MENOS HABRÁ PARA LOS QUE TIENEN PRONTUARIO. O sea que me están robando la vida de pibes que tienen la edad de mi hijo.

La maldita casta política no se cansa de robarme. Todos los días: En el super, en los chinos, en la verdulería, en los libros que no puedo comprar y en cada lugar al que concurro. Los pibes no se llevaron nada y pidieron disculpas. Gracias por mantener códigos y espero que soplen nuevos vientos para ustedes. Ojalá que puedan leer estas líneas. Un fuerte abrazo. Y toda la suerte: ¡De corazón!

DOLOR

Nos dejó Carla Artés, nieta recuperada y luchadora contra la impunidad

(La Izquierda Diario)A los 41 años, producto de una enfermedad, falleció una de las primeras nietas recuperadas por Abuelas de Plaza de Mayo. Luchó contra sus apropiadores y contra la impunidad de todos los genocidas. En la mañana de este jueves fueron inhumados en el cementario de la Chacarita los restos de Carla Graciela Rutila Artés, quien falleció el miércoles, a los 41 años, producto de una enfermedad. La noticia causó gran dolor en sobrevivientes y familiares de víctimas del genocidio y organismos de derechos humanos con los que Carla compartió muchos años de lucha.

Carla

Carla nació en junio de 1975 en la ciudad peruana de Miraflores. Era hija de la argentina Graciela Antonia Rutila Artés y del uruguayo Enrique Joaquín Luca López.

Según recuerdan las Abuelas de Plaza de Mayo, la familia se mudó a Bolivia, donde Enrique y Graciela formaron parte del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Él fue asesinado a fines de septiembre de 1975 y a ella la detuvieron junto a Carla en abril de 1976 en Oruro. Cuatro meses después, el 29 de agosto de ese año, la dictadura boliviana entregó a madre e hija a Argentina, siendo la Gendarmería la que las trasladó al centro clandestino de detención Automotores Orletti.

A poco de estar en cautiverio, Carla fue inscripta por Amanda Cordero y Eduardo Ruffo como hija propia con el nombre de Gina. Ruffo era entonces uno de los represores responsables de ese centro de exterminio y antes del golpe había integrado la Triple A, la banda paramilitar creada por Perón y López Rega.

“Tras una nueva campaña de Abuelas en la que se publicó la foto de la pequeña Carla, llegaron las primeras denuncias a nuestra Asociación. Su abuela materna, Matilde Artés Company, más conocida como ’Sacha’, era actriz y militante política. Al momento del secuestro de su hija y su nieta estaba en Cuba, desde donde se fue a España. Desde allí volvió a nuestro país para llevar adelante el caso de su nieta junto con Abuelas”, relatan desde la organización que conduce Estela de Carlotto.

Los apropiadores, enterados de la denuncia realizada por la abuela de Carla, se dieron a la fuga. Pero poco despúés fueron detenidos y, tras los exámenes de sangre, se comprobó quién era la niña. Carla recuperó su identidad y se encontró con su abuela en septiembre de 1985, nueve años después de su detención. Desde entonces y por muchos años Carla viviría con su abuela Sacha en España.

En 2010, ya con 35 años, Carla volvió a la Argentina. Su objetivo era declarar contra su apropiador (quien además la golpeba y abusaba de ella) en el juicio donde se investigaban delitos de lesa humanidad cometidos en Automotores Orletti. Poco después volvería definitivamente a Argentina para radicarse con sus hijos.

Ya en Argentina se relacionó con otras nietas y nietos y estrechó más lazos aún con Chicha Mariani, una de las fundadoras de Abuelas y quien recorrió con ella los primeros pasos de la recuperación de su identidad. Tan es así que la joven fue una de las voceras de Chicha en diciembre de 2015, tocándole la ingrata tarea de explicar los pormenores del episodio sobre el fallido hallazgo de Clara Anahí, la nieta de Chicha que aún continúa apropiada.

Con quien también entabló una gran amistad fue con María Victoria Moyano, también nieta recuperada y una de las referentes de la lucha contra la impunidad de los genocidas y por la defensa de los derechos humanos y las libertades democráticas. Precisamente la última entrevista que Artés le dio a este diario fue en el marco del estreno del documental El Robo, que relata la historia de Vicky, su “hermana de vida”.

En aquel momento Carla recordaba que con Vicki tienen “una historia en común: la desaparición de nuestros padres. Es un lastre que vamos a llevar toda la vida. Eso no cambia y nunca va a cambiar. Pero lo que sí cambia depende de cómo cada uno lleve esa historia, y la película muestra cómo Vicki la llevó adelante. Su inteligencia para tramitar esas desapariciones. Es una de las chicas restituidas que conozco que tiene ese empuje de llevar adelante las banderas de sus viejos”.

En relación la militancia de Moyano en el PTS y en el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), Carla aseguraba que “Vicki ha sabido trasladar la pelea del lado de los trabajadores, porque nuestros viejos siempre pelearon al lado de los trabajadores. Para ellos la clase obrera siempre fue fundamental, porque solo la clase obrera podía sacar adelante un país. Eran los que podían proporcionar el cambio”.

Finalmente sentenció que “los que desapreciaron a nuestros viejos pretendieron destruir todo lo que la lucha de ellos significó, pero no sabían que cuando nos restituyeran, íbamos a levantar las banderas por las que murieron nuestros padres”.