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Periodismo de Intervención social

San Luis y Córdoba: Cuatro asesinatos en las cárceles de mala muerte

(APL) Este miércoles sucumbió Mario Scavuzzo (23) en la Alcaidía de Tribunales 2. A la misma hora del día siguiente, apareció colgado Jonathan Pedernera, en Bouwer; y horas más tarde, Federico Ezequiel Grosso en la Cárcel de Villa Dolores. Todos los informes de estos sitios de detención cordobeses hablan de suicidios. Y, se sabe, así nombran los penitenciarios a los homicidios alevosos o a los suicidios obligados mediante el terror. El otro preso, bajo custodia del Estado, era Diego Morales, (25) quien murió en terapia intensiva, días atrás, luego de ser quemado en la Cárcel de las Pampas de Salinas, San Luis. El informe dirá “Muerte en contexto de incendio”. Ni suicidios ni contexto de incendio, ejecuciones sumarias de seres humanos privados de libertad cuya integridad y vida debieron proteger sus asesinos. (Fuentes: El Diario de San Luis y Enredacción)(Foto: Diego Morales a quien le faltaban solo días para salir en transitorias)

Última modificación: 17 de octubre de 2017 a las 22:08
21/10- 15-PLAZA LUCIANO ARRUGA - PERÚ Y NECOCHEA- LOMAS DEL MIRADOR

Luciano

APL)“El 17 de octubre de 2014 encontramos a Luciano. Lo hallamos nosotras y nosotros, ya que si algo nos ha enseñado este recorrido es que el Estado no suele ser amigable. En el camino, complejo y doloroso, se fueron acumulando amenazas, irregularidades, pistas falsas, investigaciones a quien no se debe investigar, condescendencia para con las fuerzas de inseguridad, pero también, claro, un policía condenado por torturas, un destacamento cerrado, recuperado y transformado y, lo más trascendente, la instalación en la sociedad de una certeza indudable: a Luciano lo mató la policía. Y lo desapareció el Estado”. Fragmento del comunicado de Familiares y amigos que realizarán la actividad este sabádo 21, como lo detalla el afiche. Más abajo, resto del escrito de los compañeros.

Luciano

El 17 de octubre de 2014 encontramos a Luciano. Luego de más de cinco años de permanecerdesaparecido, pudimos, mediante una lucha incansable, llegar a dos victorias: que el Estado nos devuelva sus restos y, en esa misma acción, dejarlo en evidencia como responsable máximo de la desaparición de un ciudadano de las clases populares. ¿Cómo desaparece un cuerpo en Argentina? Por una suma de variables que se mantienen, desde hace más de cuarenta años, inconmovibles dentro del Estado y en el seno de la Sociedad Civil. No hay duda de ello, y es sistemático, atendiendo a que, en todos los casos, se repiten normas y procedimientos que no saben de rupturas o continuidades democráticas. Dicho de otro modo, se desaparece, con las mismas metodologías, en 1973, 1976, 1985, 1995, 2009 o 2017. No hace falta hurgar demasiado en los archivos para caer en la cuenta de eso, con las facilidades que se tienen ante las nuevas tecnologías. Un click nos separa de Jorge Julio López, Daniel Solano, Facundo Rivera Alegre, Iván Torres, Sergio Ávalos, Luciano González, Andrés Nuñez, Miguel Bru, Kiki Lezcano, Marita Verón, María Cash, Florencia Penacchi, Mario Golemba, Santiago Maldonado, Luciano Arruga.

No hay desaparecidos sin un Estado que los desaparezca. Primero, mediante el brazo ejecutor de las fuerzas de inseguridad. Luego, a través de los laberintos en los palacios judiciales, que, sin escatimar cinismo, se autodenominan justicia. También, con funcionarios estatales que, en una combinación de desidia, irresponsabilidad y connivencia, miran para otro lado en momentos cruciales, de vida o muerte. Todos estos tentáculos operan en sistema. Engranaje, cada uno, de la máquina desaparecedora. Policías, fiscales, jueces, personal de la salud, funcionarios estatales, en síntesis. Sin embargo, no hay desaparecidos sin una red de medios tradicionales que desaparezca. Y las formas son variadas, aunque el objetivo siempre se repite.
¿Cuántas veces apareció el nombre de Daniel Solano en los matutinos de mayor tirada nacional? Sobran, holgadamente, los dedos de una mano para contar. ¿Cuántas operaciones mediáticas aparecen para decirnos que Maldonado no está desaparecido? No alcanzan cinco pares de manos para lograr dar con el número exacto. Por último, no existe ni remotamente la posibilidad de desaparecer a una persona sin una sociedad que, por acción u omisión, avale esta metodología.

Del algo habrán hecho de 1976 al fue un accidente de 2014 hay un paso. Y lo dieron. Varios y varias. El 17 de octubre de 2014 encontramos a Luciano. Lo hallamos nosotras y nosotros, ya que si algo nos ha enseñado este recorrido es que el Estado no suele ser amigable. En el camino, complejo y doloroso, se fueron acumulando amenazas, irregularidades, pistas falsas, investigaciones a quien no se debe investigar, condescendencia para con las fuerzas de inseguridad, pero también, claro, un policía condenado por torturas, un destacamento cerrado, recuperado y transformado y, lo más trascendente, la instalación en la sociedad de una certeza indudable: a Luciano lo mató la policía. Y lo desapareció el Estado.