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Periodismo de Intervención social

COLUMNA DE OPINIÓN

Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y los límites del democratismo burgués.

Por Alfredo Grande/ Para La Retaguardia en el N° 1 de su edición en papel) Hace décadas, aprendí de León Rozitchner los límites del individualismo burgués. En la actualidad de mis ideas, diría que en realidad son limitaciones. Y la principal limitación del democratismo burgués es entender el fundante represor de ese democratismo. La limitación no es un déficit, al menos no solamente. La limitación es un acto político que realiza un reduccionismo y banalización del conflicto social. Esa limitación es funcional a la cultura represora, porque aunque deplore los efectos, y no siempre, nada quiere saber de las causas. Dicho en otras palabras: el origen es tabú. Los orígenes pertenecen solamente a los dioses, y los pobres mortales no pueden osar entenderlos. Cuando lo intentan, y a veces lo logran, pagan con sufrimiento, dolor, tortura y muerte, esa osadía. El rescate del origen, para que la historia no comience desde cero cada vez, solo puede realizarse a través de los “analizadores”.

Santiago y Rafa

Esa estrategia de comenzar desde cero, la señaló con claridad Rodolfo Walsh, cuando decía que para la derecha la función empieza cuando llega. Palabras menos, palabras más. Los analizadores son todos los recursos que tenemos para que lo fundante pase a la superficie. La realidad se presenta como una totalidad. Vemos la realidad como un chicato sin anteojos. Plana como se pensaba que era el planeta tierra. Ahora está aplanado, pero es efecto de la depredación ambiental. La limitación burguesa es el culto por lo chato, lo aplastado, lo compactado, lo apelotonado. “Atado y bien atado” como dijo el Generalísimo Franco, apañado por los borbones, y referente no confeso de Rajoy.

Desatar el nudo de la cultura represora no es siquiera tarea para un héroe colectivo, como proponía Oesterheld. Son necesarios colectivos de héroes y heroínas. Lo heroico es atravesar, perforar y arrasar con todas las formas de la cultura represora. Sin medida y nunca armoniosamente. Esta es la guerra cultural en la que debemos, si queremos, enrolarnos. La batalla cultural ya le hemos perdido y la sangre derramada ha sido negociada y mercantilizada muchas veces. Declarar la guerra a la cultura represora parece la proclama de un loco. Así es, nomás. Es la proclama loca de un loco, pero no de un psicótico. No solamente no es lo mismo, sino que es lo opuesto. La psicosis es la recuperación psiquiátrica y psicológica de la locura. La locura es una línea de fuga, en realidad varias líneas de fuga, de los senderos, caminos, rutas, rigurosamente vigilados y siempre con peaje, en los cuales debemos circular de aquí a la eternidad. Un analizador se constituye como tal si y solo si lo usamos para interpelar nuestras limitaciones.

El asesinato de Santiago Maldonado, de Rafael Nahuel, entre tantos nombres de hermanos y hermanas, podemos aplanarlo y pensarlo desde el fuero penal. Ahogamiento, fusilamiento. Pero esa es la logística. El origen es lo que he denominado Estado Terrorista. En democracia de urnas, a la que hace tiempo denomino “dictadura de la burguesía”. Sin embargo, esto que ahora aparece en la superficie con las declaraciones de la ministro de seguridad para ellos, ha sido oculto y por lo tanto aceptado, desde 1983.

Sin ir más cerca, por ese aplanamiento sepultamos lo que pudo ser la rebelión popular de diciembre 2001. Kosteki y Santillán fueron analizadores que dieron cuenta de ese fundante represor de la democracia. Tantas veces nos mataron…pero seguimos votando, como cigarra democrática. Y entonces en forma reactiva, o sea, el día después, marchamos…y marchamos. Y es necesario, pero cada vez es menos suficiente. Debemos liberarnos de toda agenda partidaria, muy especialmente de la agenda partidaria eleccionaria. Seguimos votando por espanto, y no por amor.
El Estado NO puede tener el monopolio de la fuerza pública. Si es pública, entonces es de todas y todos. No es momento para un pueblo en armas. Pero si es momento para que las armas del pueblo sean empuñadas. Una radio comunitaria, un libro, un movimiento social y político, fábricas recuperadas, escuelas y bachilleratos populares. Nos sobran armas y hay que aprenderlas a usar. Seremos violentos, pero nunca crueles. Esta revista es una nueva arma que se suma a la guerra cultural. Démosle la bienvenida que se merece. Victoria sin final….