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Periodismo de Intervención social

MAXIMILIANO POSTAY, POETA, ENSAYISTA Y DOCENTE, HABLÓ EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE VILLA MARÍA DE LA CULTURA REPRESIVA

“En ‘Dios’ hay buena parte de la responsabilidad de toda la represión”

(Por El Diario del centro del país) Habló de Dios como representación metafórica, como elemento que trasciende lo religioso, para reflexionar sobre la cultura represiva. “El placer es la herramienta paradigmática del matar a Dios”, señaló. “En ‘Dios’ hay buena parte de responsabilidad de toda la represión que nos rodea”, sostuvo Maximiliano Postay, poeta, ensayista y docente que dio una charla abierta, días atrás, en el hall de la Universidad Nacional de Villa María denominada “Dios no ha muerto, a Dios hay que matarlo”. “El abolicionismo de la cultura represiva es un tránsito permanente, lo correcto sería hablar de aboliendo la cultura represiva”, explicó al ser entrevistado por El Diario horas antes de presentarse en el Campus de la casa de altos estudios. En ese marco habló de la “importancia de la tradición judeocristiana, el monoteísmo y la formación de mandatos que forjaron esta cultura”.

Maxi

Enfocó en “Dios como representación metafórica, como elemento que trasciende lo religioso, como representación cultural presente incluso en aquellas personas que nunca en su vida pisaron una iglesia, leyeron una Biblia y que incluso pueden pensarse como ateos, agnósticos y odiadores de Dios”.

Dijo que “especialmente la cultura que transitamos en lo que se podría denominar Occidente está atravesada por el monoteísmo religioso por un lado y las filosofías elenicolatinas con vocación universal por el otro”, y que “cuando confluyen ambas, termina sucediendo” este cuadro.

“En Dios hay buena parte de responsabilidad de toda la represión que nos rodea”, recalcó.

“Hay algunas particularidades en cuanto al abordaje del conocimiento, un abordaje que pretende prescindir de criterios de verdad, absolutos, universales, de lo que podríamos denominar la epistemología positivista, que pretende disciplinar el conocimiento, hacer que existan especialistas, personas que hablen específicamente de una temática en particular y a partir de ahí se nieguen o no acepten hablar de otras cosas obviando las similitudes y coincidencias”, describió. “El abolicionismo de la cultura represiva elige combatir profundamente eso, elige pensar en los especialistas como seres profundamente disciplinados”, advirtió.

Postay afirmó que “la cultura represiva está en todas partes y no azarosamente, sino porque el proyecto cultural represivo busca estar en todas partes”. “Recuerden el fragmento bíblico que habla de la oveja número 100. El pastor tiene 100, una se pierde y va desesperadamente a buscar la oveja perdida. La oveja perdida desde la metáfora le importa más que las 99 que tiene aseguradas. Esto es lo que quiere transmitir la idea de totalidad: queremos estar en todas partes, en tu cama, la cocina, en cómo te vestís, controlando tu cuerpo, disciplinándote, para que sepas que la autoridad te mira”, mencionó.

Por eso, apuntó que “el ejercicio abolicionista de la cultura represiva es dejar en evidencia esa autoridad que te mira y que a partir de cómo se fue conformando elige no ser vista. El Dios rector del monoteísmo tiene la particularidad de ser invisible, antes se podían ver los dioses, se podían visualizar. Que el Dios todopoderoso del monoteísmo empiece a ser inmaterial, una entelequia que está en todas partes -incluso para algunas tradiciones impronunciable -, el hecho de ser algo tan inalcanzable, hace que sea sumamente imposible de controlar en cuanto al ejercicio de su poder”.

“Esto no es azaroso, hace a todo un proyecto, a un proceso político en que lo único que desean es que seamos microbios y que estemos convencidos de que la realidad entre comillas no puede ser nunca modificada”, declaró.

“Dios no ha muerto, hay que matarlo y eso se hace aboliendo los mandatos que garantizan su posición de autoridad. Controvirtiendo los binarismos, las identidades estáticas y la idea de que la verdad es una sola. También, dudando, el ejercicio de la duda constante es un ejercicio homicida de Dios como representación metafórica que trasciende por completo el plano de lo religioso”, destacó.

El entrevistado alertó que “una de las primeras cosas que busca esta tradición es que todo sea certero” y en ese marco mencionó “el hecho de que exista una Biblia entendida como un dogma en el cual uno va a buscar todas las respuestas”.

“Quieren marcarte un territorio y dejarte claro que por fuera del mismo no podés transitar, porque si lo haces estás cometiendo un pecado, un delito, estás siendo merecedor de la etiqueta de anormal, loco, enfermo. Prescindir de estas categorías, terminar con la misoginia, es matar a Dios. El castigo del pecado original para la mujer es muy claro: sentirás atracción por tu marido y el te dominará. Atreverse a cuestionar esto es matar a Dios. El castigo para el hombre, paralelamente, es ganar el pan con el sudor de la frente, reivindican el trabajo como mecanismo de dignidad. Controvertir eso también es matar a Dios”, manifestó.

Y siguió: “Dios reivindica la culpa, tener una sexualidad no culposa es matar a Dios, Dios reivindica los mártires y creer en una militancia sin necesidad de martirizarte para que todos se den cuenta que te duele el dolor de otro, es matarlo. Podemos trascender una vida con compromiso social sin prescindir del placer. El placer es la herramienta paradigmática del matar a Dios”.

“Estos tipos se encargaron de dejarlo todo demasiado claro. Cuestionan el travestismo y eso está en la Biblia, cuestionan los pibes chorros y está en la Biblia. Deuteronomio dice que para que quede claro que se portó mal, al joven rebelde lo tenés que cagar a piedrazos, y hoy asistimos a una comunidad dispuesta a cagar a piedrazos al joven rebelde, propiciando por ejemplo campañas para bajar la edad de imputabilidad”, finalizó.