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Periodismo de Intervención social

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CRIMEN DE LA MAESTRA MIRIAM FRONZA ASESINADA EN MORENO HACE DOS AÑOS

“Mi hijo y el amigo son inocentes: todos vieron que fue el policía”

(APL) Así lo expresó Susana Moreira, días atrás, en momentos que su hijo Jorge Moreira y el amigo Ariel Covatta cumplen dos años de prisión, en Mercedes. Mientras tanto el ex policía de la bonaerense Claudio Vadalá permanece libre a pesar de que todas las evidencias, testigos y testimonios lo señalan como autor del disparo que mató a Miriam Fronza, en la Autopista del Oeste y Graham Bell, el 30 de setiembre de 2012, en circunstancias del robo de un vehículo. En diálogo con esta Agencia, Susana Moreira, expresó: “¿Cómo los van a acusar de algo que está clarito que ellos no fueron? El marido de la maestra, su hija y su suegra dijeron por todos los noticieros que había sido el policía. ¿Por qué están presos los pibes, por qué?”.

Collage

“Yo me puse en el lugar de esa familia, en su dolor: pensé ¡pobre hija!, ¡pobre marido! Pero la Justicia tiene que entender que mi hijo, Jorge Moreira y Ariel Covatta, no son culpables de ese horrible asesinato, fue el policía Vadalá. ¿Y qué hacen los jueces y la fiscal? ¿Por qué nos hacen esto? ¿Adónde vamos a pedir ayuda?”, finalizó Moreira.
Como se recordará, las pericias balísticas hallaron la presencia de dos cápsulas de bala: ambas estaban en el coche del ex teniente Vadalá, cuya protección e impunidad sostienen las rejas de dos jóvenes pobres. La decisión sigue en manos del Tribunal en lo Criminal Nº 1 de Mercedes que integran los jueces Carlos Antonio Gallaso, Roberto Guillermo Boccacci y Héctor Ricardo Ameigeiras.

CORRIENTES: ¿FICCIÓN?

Un café y dos medialunas

(APL)“Lo mataron a “Ratita”, en la Unidad Penal 6. ¡Lo ahorcaron!, contó el hombre excitado.
-No me diga. Pero que calamidad. ¿Y quién lo hizo?
-Según el servicio penitenciario, fue un problema entre presos.
-Ah! Si seguro… son unos bárbaros, salvajes, susurró, por lo bajo la mujer con vos de desprecio.
-Lo curioso es que “Ratita” era procesado, y los atacantes condenados, comentó el hombre, preocupado.
-Pero que cosa más horrorosa Doctor. ¿Y qué vamos a hacer con esto?, pregunto ella en claro semblante de acorralada.
-Olvídese, aseguro él. Los muchachos del servicio ya acomodaron todo; si hasta en los diarios salió que ya tienen identificados a los asesinos. Por suerte, La nuestra claro; nadie se dio por enterado de que uno de los internos era apenas una tentativa de ladronzuelo procesado y, que los otros eran condenados. Sino si estaríamos en aprietos doctora”. Fragmento del texto de Alejandro Pizarro, pintor, escritor, escultor, plástico, en situación del encierro en el Penal 1 de Corrientes, si bien la narración esta ficciónalizada, los hechos que aquí se detallan están basados en la realidad, cruenta, que arremete en las cárceles de mala muerte de la Argentina.

Cafemedialunas

Pasillo de Tribunales. 11:30 horas, día feo, calle apretada de coches y gente que va y que viene, quien sabe a dónde, quien sabe por qué – a quien le importa, ¿no? -. Por la elevada puerta de entrada, al fondo se ve el transito rabioso, y pasando el breve pasillo una mujer mediana que avanza, enredada en papeles y pensamientos raros. Al cruce le sale un hombre pequeño, apenas canoso.
-¡Doctora!, exclama el tipejo.
-¡Doctor!, exclama la mujer poniendo su mejilla.
-¿Sabe lo que paso?, doctora.
-No. ¿Qué sucedió?
-Lo mataron a “Ratita”, en la Unidad Penal 6. ¡Lo ahorcaron!, contó el hombre excitado.
-No me diga. Pero que calamidad. ¿Y quién lo hizo?
-Según el servicio penitenciario, fue un problema entre presos.
-Ah! Si seguro… son unos bárbaros, salvajes, susurró, por lo bajo la mujer con vos de desprecio.
-Lo curioso es que “Ratita” era procesado, y los atacantes condenados, comentó el hombre, preocupado.
-¿Y…? es una cárcel no. Suceden esas cosas lamentables, concluyo ella.
-Sí, eso no cabe duda Doctora. Lo raro es que esta gente no puede estar junta. Digo los procesados y los condenados. Porque “Ratita” apenas era un procesado; los otros muchachos están a cargo de su juzgado de ejecución.
-¡Ah..! No sabía le juro. Y como acabaron juntados, si las normas dicen que eso no puede suceder. (Condenado y Procesados no se pueden juntar).
-Es algo que el servicio penitenciario no ha sabido responder. Según ellos se les hace imposible controlar, que en algún momento se les junten, al tener una misma unidad para procesados y condenados.
-Pero que cosa más horrorosa Doctor. ¿Y qué vamos a hacer con esto?, pregunto ella en claro semblante de acorralada.
-Olvídese, aseguro él. Los muchachos del servicio ya acomodaron todo; si hasta en los diarios salió que ya tienen identificados a los asesinos. Por suerte, La nuestra claro; nadie se dio por enterado de que uno de los internos era apenas una tentativa de ladronzuelo procesado y, que los otros eran condenados. Sino si estaríamos en aprietos doctora.
-Menos mal que la gente, apenas entiende de esto y, que no les importa que muera un delincuente, aseguró ella y, siguió: Yo creo que le hizo un favor a la sociedad al morir, a su familia, a nosotros y a él mismo, el pobre diablo.
Ahí! Doctora, ¿usted cree que es tan así?, indagó horrorizado el tipo.
-Mire doctor, esta gente no tuvo, no tiene, ni tendrán por qué vivir. Son dañinos, despreciables de los demás, asesinos y ladrones de las vidas ajenas, sentencio la ella.
-¿De quién habla? de ellos o de nosotros, satirizó el tipo, dibujando una breve mueca.
-De ellos, claro. Nosotros si tenemos porque vivir, devolvió el comentario ella, esbozando una imperceptible sonrisa.
-Ah..! Antes que me olvide, y sin salir del tema, vio que tenía razón, comentó él, en un tono de vos triunfalista: ¿Se acuerda de “Tullama”? Lo mataron en calabozos. Al parecer como le predije – recuerda -. Cuando usted decidió enviar al hombre a ese lugar donde se hallaba alojado su contrincante; solo era cuestión de tiempo para que esto ocurriera, comento el doctor y, entró en detalles. Lo apuñaló con el palo de una escoba, mientras dormía. Fue en el cuello, y varias veces. Cuando lo sacaron al otro de encima del cuerpo sin vida de “Tullama”, estaba aún cubierto de sangre. (Se le había sentado en el vientre, y estaba cenando pollo, como si nada hubiese ocurrido). La verdad, todo muy enfermo y patético.
-Sí. Me entere… y bueno me equivoque. No soy perfecta, concluyo en un tono apático.
-Se equivoco y perdió Jueza, reclamo él, hablándole al oído.
Bueno…bueno. Señor Ministro, yo pago mis apuestas. ¿Café?
Y las medialunas…y, las medialunas, reclamo el doctor.

Así, salieron del Tribunal, hacia la calle y doblaron a la derecha. Ganadores y vencidos.