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Periodismo de Intervención social

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MÉXICO ¿OTRA VEZ Y UNA VEZ MÁS?

El genocidio hormiga

(APL) “Han pasado 47 días desde que policías municipales, narcoparamilitares y ejército masacraran a seis civiles, hirieran a 25 personas y secuestraran a 43 normalistas. Los diversos niveles del gobierno mexicano y sus diferentes signos políticos han tenido que reconocer que ésta no fue otra balacera más”. Así lo afirma Yunuén, alfabetizadora mexicana, residente en la Argentina quien establece una continuidad represiva histórica. A la vez, en su artículo sostiene que: “Mientras el Equipo Forense Argentino no ratifique si los restos humanos son o no de los normalistas, México no está de duelo ni de luto. Si bien el primer golpe, la primera puñalada dada con la masacre de Ayotzinapa, produjo la desesperación, la rabia, la impotencia, nunca la indiferencia. México sigue construyendo la justicia social. En cada golpe, el pueblo mexicano se esclarece, aprende; en cada ocasión se señala, hasta saber y entender que en México, Democracia o Dictadura son equivalentes, y que los partidos burgueses son opciones de muerte para el pueblo”.

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LA IMPLEMENTACIÓN DE LA REFORMA NEOLIBERAL EN EDUCACIÓN

Desde mediados de 2013, en diversas formas advertimos que la llamada Reforma Educativa en México, impuesta a sangre y fuego durante septiembre de ese año, fue un ataque contra las actoras y actores sociales que dan vigencia al Art. 3º. Constitucional que la pasada Revolución de 1910 nos legó: El derecho a la Educación Pública, Laica, Gratuita, Masiva y de calidad, implicando a los gobiernos en la forma de obligatoriedad en su implementación durante los primeros 10 años de vida escolar. Cabe mencionar que fiel a este principio, la UNAM (la Universidad pública más grande de México) es gratuita en sus servicios de admisión e inscripción, gracias a las luchas y a la organización estudiantil/docente.

Pero la Reforma Educativa en curso, precariza a todo el magisterio en sus derechos laborales y les resta autonomía como en su labor, siempre expuesta a diferentes exigencias según el contexto, clase social en situación de trabajo. Parece que no se ha alertado lo suficiente a la población, a las trabajadoras y trabajadores sobre el obstáculo que representa para los gobiernos neoliberales, una educación clasista, con reconocimiento de la historia nacional, gratuita, con formación humanística y tecnológica de alto nivel.

Durante 2013, las campañas mediáticas de las televisoras, (la otra Secretaría de Educación Pública) y personalidades que por no quedar como crédulas y “vandálicas” despreciaron las protestas y motivos de la huelga magisterial, enfatizando lo sucio, ruidoso, molesto, inútil que era su actuar intransigente. No faltaron quienes los trataron de parásitos, violentos; tampoco las voces fascistoides que equipararon al maestro con el represor, a la escuela con la fábrica inútil de nadie, y calificaron a la educación como mala, incongruente, ineficiente, así que mejor, nada. Conciben a la educación libertadora en otra parte, en los libros, en Internet, en los viajes y la riqueza interior, y por supuesto, en exclusivos colegios pagos, al gusto New Age de la élite sensible. Los sectores acomodados propiciaron la masacre. En cambio para los de abajo, el quite de la educación pública y gratuita significa negar la posibilidad de tener un pan sin vergüenza, un espacio, quizás el único de juego, convivencia de cultura.

¿LA ÚLTIMA VEZ?

Antes del 26 de septiembre y no sólo en Guerrero, desde 2012 a estos días, el asesinato de normalistas rurales; heridos, se contabilizan por decenas. Basta revisar la historia reciente de esta institución, producto de la Revolución Mexicana para constatar que en los últimos gobiernos se busca su aniquilación por los medios más viles y humillantes. Esta vez no sólo masacraron e hirieron, tomaron como rehenes, secuestraron a 43 futuros maestros para el México más urgido de ayuda y justicia. Se atrevieron a dejar como muestra de su tiranía, de su crueldad extrema el cuerpo con el rostro desollado de Julio César Mondragón, quien vivirá en la memoria pública como testimonio de las prácticas asesinas de la policía y el gobierno no sólo del municipio de Iguala sino del país. Durante estos 43 días ante la constante movilización y protestas estudiantiles principalmente, se ha mostrado una vez más el espectáculo paramilitar mejor maquillado del país, Enrique Peña Nieto y sus subordinados. Una institucionalidad que va tanteando qué más hace para silenciar o someter “los ánimos”: Vimos cómo el alcalde de Iguala se fugó al tercer día del secuestro masivo, una vez que se inició el reclamo por la presentación con vida de los detenidos; la esposa del alcalde fugitiva, pero ya amparada para no perder fuero ni ir a la cárcel; gobernadores que después de decir “yo no fui”, dieron disculpas; cuando vieron que era insuficiente, largaron una renuncia que con el tiempo se volverá otro cargo en algún otro nivel del gobierno, -pero nunca, un juicio por connivencia con el crimen organizado. Se presentaron “Disculpas” partidistas y recriminaciones sobre quién había sido más o menos amigo del alcalde narcoterrorista; pero toda la política del otrora partido de izquierda más nutrido de votos, apesta a fosas repletas de asesinatos sin juicio ni investigación. Se descubrieron, reabrieron, rastrearon fosas y más fosas con cantidades inexactas de cuerpos, restos, vestigios de asesinatos con diferentes modalidades; ¿Quiénes eran estos muertos, estas muertas? ¿Quiénes los asesinaron? Las versiones van y vienen, recorriendo la memoria del repertorio de la contrainsurgencia de hace 40 años: Fusilamiento masivo con preparación de fosa por los mismos detenidos; descuartizamientos e incineración. Una y otra vez, jamás se consideró la magnitud del daño, la dignidad de las víctimas. A la esposa de Julio César Mondragón, a quien días después del entierro le ofrecieron un cheque por 10 mil pesos, (700 USD), algo así como un mes de sueldo profesional demuestra que no tienen ningún interés por la reparación institucional del daño. Anteponen la coima, la limosna, la demagogia, siempre

NINGÚN ESTADO FALLIDO: CRIMEN DE ESTADO BURGUÉS Y NEOLIBERAL

A diferencia de la contrainsurgencia en la década de los 70’s, ahora el enemigo interno inventado con la ayuda armada de los Estados Unidos, es “El narcotráfico”, y esto ha permitido una confusión siempre contraria a los derechos humanos y civiles básicos: si hay un “enfrentamiento” entre fuerzas represivas y “delincuentes” –que a veces ni tenían armas, la justificación automática es: Eran narcos. O los asesinaron los narcos.

Los cárteles han enriquecido sus filas con profesionales de la Escuela de las Américas, como los Zetas, militares y policías. Ellos no son “el enemigo” de este poder. Probado está su apoyo económico a gobernadores estatales, sus asociaciones productivas y pacíficas con empresarios y funcionarios de todos los signos políticos. El gobierno maneja el discurso de la impotencia, justificando así la militarización de la policía y de las ciudades, los decretos de excepción y toque de queda, destinando presupuesto para el entrenamiento y armamento de las fuerzas. El resultado, decenas de periodistas asesinados en los últimos ocho años, miles de militantes masacrados, mientras la pacificación o progreso social NUNCA LLEGÓ.

¿MUERTOS Y DESAPARECIDOS?

El presidente, Peña Nieto, a través de sus discursos y destituciones, apuesta al desahogo de la rabia impotente, a la claudicación. La estrategia es dar la cara y escuchar para que nada cambie. Pretenden continuar con sus vidas de élite y preservar el modelo capitalista. Confían en sus negociados y en sus lealtades internacionales. Sin embargo, la solidaridad internacional se ha hecho sentir afuera y lejos de México, por otro lado, los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles, y los criminales de guerra pueden ser juzgados y condenados en todo el mundo. Mientras el Equipo Forense Argentino no ratifique si los restos humanos son o no de los normalistas, México no está de duelo ni de luto. Si bien el primer golpe, la primera puñalada dada con la masacre de Ayotzinapa, produjo la desesperación, la rabia, la impotencia, nunca la indiferencia. México sigue construyendo la justicia social. En cada golpe, el pueblo mexicano se esclarece, aprende; en cada ocasión se señala, hasta saber y entender que en México, Democracia o Dictadura son equivalentes, y que los partidos burgueses son opciones de muerte para el pueblo.
México lucha por la cárcel inmediata y efectiva para cada participante de diferentes cuerpos policíacos, militares y delincuentes afines que participaron en la masacre y secuestro, también a sus efectores políticos, encubridores y defensores.