Agencia
Para La Libertad

Periodismo de Intervención social

548

CORRIENTES PARA LOS 8

Emotiva inauguración del mural que recuerda a los obreros muertos en 2012

(Por Momaramdu.com)A partir de ahora, el muro ubicado sobre la calle Asunción de la escuela primaria República del Paraguay, de nuestra ciudad, mostrará un mural que recuerda a los 8 albañiles muertos que trabajaban en una obra irregular. “Fue una tragedia evitable”, fueron las palabras que familiares, vecinos y amigos de las víctimas no dejaron de repetir. Y aquellos ocho eran (o son): Williams Valenzuela, Jorge Acevedo, Eduardo Acevedo, Ramón Zacarías, Marcos González, Diego Rodríguez, Enrique Sosa y Pablo Alejandro Medina. La iniciativa del mural surgió de las propias familias que contó con la adhesión y colaboración de la Red de Derechos Humanos de la provincia de Corrientes, Jóvenes de Pie y la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLa). Y el mural fue ideado por el artista Alejandro Pizarro, un artista que en ningún momento trabajó solo: alrededor de treinta personas dejaron su huella en este mural.

Mural por los 8 (Fotos María Bar)

Hace frío, pero nadie se mueve de esta esquina donde comienza a reunirse gente. A una cuadra, más o menos, de la Avenida Maipú, sobre Asunción, un mural de colores parece contradecir a la muerte. Se trata del trabajo realizado esta semana por los familiares, amigos, vecinos y hasta apenas conocidos, de aquellos ocho obreros que se derrumbaron junto con parte de la obra en la cual trabajaban. Un mural que dice: “Corrientes para los 8”.

Y aquellos ocho eran (o son): Williams Valenzuela, Jorge Acevedo, Eduardo Acevedo, Ramón Zacarías, Marcos González, Diego Rodríguez, Enrique Sosa y Pablo Alejandro Medina.

La iniciativa del mural surgió de las propias familias que contó con la adhesión y colaboración de la Red de Derechos Humanos de la provincia de Corrientes, Jóvenes de Pie y la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLa). Y el mural fue ideado por el artista Alejandro Pizarro, un artista que en ningún momento trabajó solo: alrededor de treinta personas dejaron su huella en este mural.

Con la participación de numerosas personas, por la tarde se inauguró este trabajo creativo de recordación. No faltó la bendición del sacerdote de la parroquia ‘Santa María, Reina’ ni el dolor por el recuerdo ni la impotencia por una justicia que los familiares, sostienen, por ahora les es esquiva.
Momarandu.com dialogó con María Rosa Urbina, madre de Diego Rodríguez: “Diego tenía 25 años cuando ocurrió el derrumbe”, comienza diciendo María Rosa. Luego de una pausa dirá: “Yo hace mucho tiempo tenía ganas de hacer algo para que quede; para que el derrumbe, lo que ocurrió con nuestras familias no quede en el olvido, porque así como viene la causa, da una sensación de que hay gente que quiere que quede en el olvido.”
María Rosa Urbina cuenta a momarandu.com que la idea nació cuando vio el mural dedicado a Eli Verón –asesinada por su pareja en 2013-. Contó también, que “un día Alejandro Pizarro se acercó a mi casa y manifestó su inquietud, sus ganas de colaborar y se ofreció para hacer el mural”.
Respecto al trabajo en sí, la mamá de Diego expresó: “Para mí fue gratificante ver a todos estos chicos, a estos jóvenes, trabajar en la forma en que lo hicieron. No importó el frío ni el sol ni la lluvia. Compartimos con un mate, con una comida”, y enseguida agregó: “A mi hijo le hubiera gustado conocer a estos muchachos porque él era así como son ellos, le gustaba ayudar a la gente, era muy solidario con sus amigos. Era un muchacho que siempre estaba para quien lo necesitaba. Por eso me gustó que se sumaran estos chicos, porque me hacen acordar un poco a mi Diego”.
Por otra parte, momarandu.com conversó con Alejandro Pizarro (de Saenz Peña), el creador del mural “Corrientes para los 8”. En relación con el bosquejo inicial, Pizarro contó: “En un principio había maniquíes, más chapas, guantes con cemento…y eso les pareció muy fuerte a la gente de Educación, así que fuimos cambiándolo poco a poco hasta llegar a un equilibrio que fue aceptado por el Consejo Educativo”.
El artista explicó que “tenía razón el Concejo Educativo porque se trataba de una escuela primaria y sí, inicialmente era una imagen más fuerte y la adecuación no le restó nada la obra”.
Hilda Presman, de Red de Derechos Humanos señaló a momarandu.com que “todos los materiales fueron donados; los cerámicos, las botellas, el cemento, la arena fue traído por los familiares, amigos, vecinos, y de parte de las organizaciones sociales que vinieron acompañando se consiguieron las pinturas, las chapas, los cascos”. Comentó que “cuando fuimos a comprar la ‘venecitas’, en el lugar donde las vendían, nos dijeron que eran amigos de Quique, uno de los obreros, así que nos donaron las ‘venecitas’. En realidad todo fue aporte solidario. Realmente hemos encontrado mucha respuesta y acompañamiento.”

UNA TRAGEDIA EVITABLE
Esa fue la frase que se escuchó con más frecuencia, la que arrancó indignación en el modo de decir y hasta lágrimas. Al momento de dejar inaugurado el mural, se escuchó al artista Alejandro Pizarro, quien expresó en algunos párrafos de su ‘Carta a los 8’ (ver carta completa en nota relacionada):

“Nadie sabe bien por qué los culpables acabaron siendo víctimas. O porque las victimas aún resuenan en la boca de la Injusticia. El poder, es una cosa tan lejana a la realidad del mortal de a pie. Pero…pero Dios es Justo sin muchas vueltas, y como todos sabemos, la muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su familia y su prójimo, puede descansar en paz. Creo que los ocho han hecho el esfuerzo y que, por lo tanto, dormirán en paz por toda la eternidad; no digo lo mismo de los culpables, aunque no abro juicio sobre ellos… ya es cosa entre Dios y sus acciones.”
También habló Ana Rosa Urbina y su hermano Silvio, madre y tío de Diego Rodríguez. Silvio Urbina manifestó: “Esta tragedia era evitable, nada más que por la avaricia de los empresarios y el ‘dejar hacer’ de algunos funcionarios cómplices, sucedió lo que sucedió”. A pesar de esto, indicó que al sufrimiento “lo transformamos en lucha y reclamo de justicia y demanda de mejoras en las condiciones laborales para que nunca más haya un obrero de la construcción muerto.” (ver video)
Asimismo recordó que en la obra donde trabajaban los ocho albañiles, no se contaba con cascos ni arneses ni otra medida de seguridad, y apuntó contra los funcionarios municipales que “no controlaron que se estaba trabajando en pisos no habilitados, ya que la obra tenía para hacer cinco pisos y el derrumbe se produjo desde el octavo piso”.
La abogada Laura Olivera, apoderada de algunos familiares de los obreros muertos y de la familia Cattaneo (que tiene dañada su vivienda a causa del derrumbe de una construcción en la calle Paraguay al 200 de nuestra ciudad), mostró su impotencia y rabia por el estado de la causa en la Justicia: “Hay que seguir luchando, no nos podemos dejar vencer”, y enfatizó: “Estos señores (por los empresarios) tenían un plan bien armado en la ciudad para hacer construcciones de este tipo”.

UN DOCUMENTAL, OCHO MUERTOS

Armando Cattaneo es el responsable de un documental de alrededor de veinte minutos, ‘Solo un número’, que al finalizar el acto fue proyectado.En él, imágenes de archivo y la voz de familiares y cercanos a la causa, dan muestra de la magnitud de lo ocurrido aquel 22 de marzo de 2012 en nuestra ciudad. Breve, pero contundente, ‘Solo un número’ es el reflejo de esa terrible vivencia. Este filme fue presentado en el festival de cortometrajes en Oberá.
Sin embargo, este documental no solo se trata de un trabajo de impacto enviado a concursos. Se trata del documental realizado por uno de los habitantes de la capital correntina que es, también, víctima de las construcciones irregulares que fueron tomando altura. Hace más de dos años la vivienda que habitan se encuentra seriamente dañada por el derrumbe de parte de una construcción que se alzaba al lado de la casa.
Armando Cattaneo y su esposa Berta Jiménez estuvieron presentes en la inauguración de este mural y recordaron que lo sucedido a su vivienda bien pudo haber causado muertes, algo que, afortunadamente, no sucedió. Pero la casa en donde habitan está seriamente afectada. Entre otras cosas, la familia ‘convive’ con una muy pesada escalera interna que se desprendió del edificio de al lado. Ya no pueden vivir tranquilos porque, aseguran, temen que pueda sucederles algo. “Nos quieren echar de nuestra casa”, dicen, “pero no lo lograrán”, insisten impotentes y dolidos.
Entre tanto, registran todo lo que sucede con su casa y con otras obras irregulares. Una cámara que no los dejará mentir.

ESTADO DE LA CAUSA
En este momento la causa está detenida, existen apelaciones relacionadas con el desprocesamiento de uno de los empresarios, William Mayer, y se espera el pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
El estudio arquitectónico “Bury-Mayer” a través de la firma propia “Ayres” fue el encargado del diseño del proyecto del edificio derrumbado, en tanto la firma Walter Bruquetas estaba a cargo de la construcción.
Se recuerda que la tragedia de la calle San Martín al 600 se desencadenó en un tanque de agua que se derrumbó al ceder uno de sus soportes. Eso arrastró a los ocho operarios. En aquel momento, vecinos del edificio dijeron que los cuerpos de los albañiles cayeron sobre el patio y habitaciones de una residencia contigua. Otros vecinos, habían señalado que algunos de los operarios murieron en sus brazos luego de caer sobre sus camas (datos que también están reflejados en el documental de Armando Cattaneo).

UNA PELÍCULA SOBRE CROMAÑÓN:

"La lluvia es también no verte"

(Por Violeta Bruck/ La Izquierda Diario)“La lluvia es también no verte” es un documental de Mayra Bottero que relata la historia de la masacre de Cromañón. Se estrena hoy jueves en Artecinema y en el Centro Cultural Konex, y a partir del 30 de julio en el Cine Gaumont. Pasaron más de 10 años de la masacre de Cromañón, y pasaron cientos de imágenes. Noticieros con columnistas que estigmatizaron a los jóvenes, programas de opinión que diluyeron culpas de funcionarios, sonrisas burlonas de los responsables, fotos de las víctimas en pancartas, zapatillas colgadas como una imagen-símbolo de la tragedia, imágenes en vivo y en directo de marchas, charlas y festivales para pedir justicia, transmisiones de las distintas instancias judiciales, cortos y fotos para apoyar la lucha. Vimos cientos de imágenes, y ahora Mayra Bottero presenta una película que ayuda a ordenarlas, a reflexionar y a profundizar en sus sentidos.

Cromañón

La directora señala “Cromañón tuvo una cobertura periodística incansable. Creemos en que todo fue dicho, mostrado, y narrado. Sin embargo, las causas de la tragedia de Cromañón son tan complejas como la conformación de nuestra sociedad, y entonces necesitamos de un tiempo distinto para pensarlo otra vez. El cine puede darnos ese otro tiempo”
La lluvia es también no verte, es el primer documental sobre Cromañón. Está contado desde adentro, por quien fue parte de los lazos de las víctimas y se sumó a la lucha por justicia, con cámara en mano, desde los comienzos de esta historia. La voz en off de Mayra acompaña momentos de reflexión. La directora perdió a su amigo Federico González esa noche de diciembre, y durante diez años acompañó las distintas instancias de lucha.
Los familiares y sobrevivientes son los protagonistas y tienen la palabra a través de un relato que recorre la denuncia y la experiencia en la búsqueda de justicia. El archivo documental, aportado por una familia que minuciosamente grabó en VHS cada aparición mediática referida al tema, repasa todos los capítulos. Desde el humo y la enorme tristeza de las calles ennegrecidas del 30 de diciembre de 2004, con restos de ropa, zapatillas, sonidos de sirenas y gritos, hasta las últimas sentencias del caso, para luego volver a otra masacre, también en el barrio de Once, pero en febrero de 2012 y esta vez con los trenes de protagonistas. El archivo no miente, las víctimas y los responsables son los mismos.
La película explica los hechos para dejar claro las responsabilidades. Puertas de salida cerradas, ventanas tapiadas, una enorme sobreventa de entradas que triplicaba la capacidad del local, material inflamable, coimas a funcionarios, falta de ambulancias e infraestructura para la atención. El relato deja claro que no se trató de un accidente.
La voz de los familiares y los sobrevivientes apunta a los empresarios y remarca especialmente la responsabilidad del estado y sus funcionarios. El repudio a Aníbal Ibarra se repite en cada testimonio. Las reflexiones contestan al sentido común sobre la idea del “estado ausente”, y aclaran que el estado está muy presente para garantizar la corrupción y la impunidad. En el mismo sentido de los testimonios que registra, Mayra Bottero agrega “En este punto es que el Estado se convierte en protagonista del crimen social que ha significado la muerte de casi doscientas personas”.
Las idas y vueltas de la justicia se muestran con una detallada cronología. El lugar del grupo Callejeros también es parte de la reflexión. Familiares que buscan que quede claro su responsabilidad y fans del grupo que los defienden. La polémica también está presente, desde un lugar que recuerda que el grupo tuvo la seguridad a su cargo y que se animaron a pedir indemnizaciones millonarias.
La juventud, estigmatizada por los medios, objetivo de negocios para los empresarios, destinataria de represión y censura por el estado, es la protagonista. El documental destaca la solidaridad: el 30% de los muertos fueron jóvenes que volvieron a entrar para ayudar a otros. La joven directora, parte de la generación Cromañón, reflexiona “En nuestro país la policía mata jóvenes todos los días. La juventud es un negocio infinito. Por omisión o complicidad nos servimos de ello bajo los códigos de la impunidad.”
Mayra cuenta que una de las referencias para el título de la película es la “lluvia” de las imágenes de archivo de los viejos VHS. La lluvia del archivo no deja ver el fondo de la historia, pero aporta un registro imposible de olvidar como a un Omar Chabán que dice “yo culpo a los 3 tipos que tiraron la bengala, el pueblo es el culpable”. La imagen deteriorada del archivo se contrapone con la cámara comprometida de Mayra que descubre relaciones de imágenes que trasmiten mucho. Los rostros de las víctimas de Cromañón y de la tragedia de Once en pancartas son parte de esta reflexión audiovisual acerca del mundo que miramos todos los días.
Sobre el final, la voz en off nos recuerda que Cromañón no es el único, junto a la desaparición de Luciano Arruga, la tragedia de Once y las inundaciones, cada mes del año tiene un crimen social para recordar. Las distintas formas de lucha y organización tienen el valor de un registro directo que es parte de este colectivo, y así la cámara puede descubrir entre la enorme tristeza, las convicciones, la fuerza que surge de estar juntos, o la ternura de una madre murguera que le canta a su hijo.
Entre las motivaciones de la película la directora expresó “Cromañón quedó plasmado en los memoriales más angustiantes de nuestra historia, entonces la película se pregunta acerca de aquello que todavía nos mantiene en vilo, acerca de ese tesoro que nos impulsa a creer en que hay mañana después de tanta muerte. La búsqueda de justicia se vuelve entonces una razón para continuar”.