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Periodismo de Intervención social

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CRÓNICA DE INMIGRANTES EN LAS CIUDADES DEL IMPERIO

"El rumano"

(APL)¿Él es tu esposo? No, es mi amante. Comenzó a reír a carcajadas, ¡qué mujer tan sincera!, es tu amante entonces. Sí. No vienen muchas latinas por aquí, es raro. La mayoría están casadas con gringos y se creen la gran babosada. Vos no, vos parecés niña de monte. A pesar de tu clase social. ¿Cuál clase social? Es que este lugar es caro hay que tener dinero para venir a comer aquí, a nosotros los latinos no nos da la economía. Bueno pues estás hablando con una empleada doméstica que ahorró para venir a cenar aquí. ¿Una empleada doméstica sos? Sí. No parecés, tenés planta de todo menos de empleada doméstica es que con ese tu cuerpo parecés entrenadora yo me imaginé que practicabas algún deporte. Pues sí practico muchos deportes también, pero también soy empleada doméstica. ¿Fútbol? Sí. ¡Lo sabía! Esas piernas son de futbolista. Reímos los dos. El rumano se divertía viéndome bailar con el ayudante de mesero, levantaba su copa de vino y me saludaba y yo le lanzaba besos”. Parte significativa el relato de nuestra colaboradora quien, desde algun lugar Estados Unidos se lo dedico a “el rumano, donde quiera que esté”.

El rumano

Negra, te invito a cenar a tal lugar el fin de semana, me dijo mi amante de turno que era rumano. Pero ese lugar es caro, no tengo dinero para ir el fin de semana, vamos a fin de mes y así ahorro. Pero es que yo te estoy invitando, ¿por qué no te dejás invitar nunca? Porque no me gusta, no me siento cómoda, tengo que ser yo la que pague por mi comida y no es que te desprecie el gesto pero así soy yo, es mi naturaleza. Pero yo soy el hombre, ¿y eso qué? Que debo ser yo el que invite y vos la que te dejés consentir. Esas son normas patriarcales sacálas de tu vida no tiene nada de malo que yo pague mi comida.

Pero es que además yo puedo, mi economía es mejor que la tuya y puedo invitarte, no quiero que gastés tu dinero, dejáte querer, dejáte consentir, bueno, está bien sé que no voy a ganarte nunca, vamos a fin de mes.
Para el rumano acostumbrado a visitar ese tipo de lugares debido a su condición social era de lo más normal pagar una cena que a una empleada doméstica como yo le representa reajustar su presupuesto. Era una relación muy relajada, el hombre era encantador, tenía la edad de la añejadura de los años en su piel y eso me enloquecía, ese cabello cano con pinceladas de rubio. Ojos azules tonalidad del lago Michigan a las tres de la tarde. Y lo más importante, el corazón honesto que me dejó entrar como un huracán con la intensidad mi locura. Me llevaba quince años y al igual que yo amaba leer libros bajo la sombra de los árboles, tirado sobre el zacate.
Fuimos a cenar a ese lugar elegante y exclusivo en el centro de la ciudad. De esos sitios donde los latinos que se ven trabajan de ayudante de mesero o de lava platos. De esos sitios que son para cenar de cinco de la tarde a diez de la noche y que después se convierten en discotecas. Cenamos muy a gusto y también bailamos sin parar. La orquesta variaba de música tocaba jazz, blues, regaee, baladas, salsa, merengue. Música al estilo de Putumayo. Algo había en el ambiente que era distinto a nuestras otras salidas a cenar, había magia, cierto encanto, sus ojos brillaban y no dejaba de observarme maravillado. Se quedaba callado por largos ratos y después lo veía tomar impulso dispuesto a decir no sé qué cosa pero en las mismas volvía a ensimismarse.
Volvieron a tocar merengue que es mi perdición y lo tomé de la mano y lo saqué a la pista, él no estaba acostumbrado a esos ritmos y nos tropezábamos a cada rato los cual no hacía reírnos como locos. De pronto yo sentí que alguien me observaba, sentía la mirada directa que me quemaba, la busqué entre las mesas, entre los bailarines y nada, no la encontrada. Me sentí desnuda, con mis instintos alerta, expuesta, esa mirada venía de algún lugar y yo no la podía encontrar. ¿Quién me observa así? Finalmente la encontré, era un ayudante de mesero que me observaba desde la sombra de un madero, sonreía con aire de melancolía, esa sensación que conozco muy bien llamó mi atención e hizo que yo lo observara detenidamente; movía los pies pero el resto de su cuerpo estaba quieto, a la fuerza, porque se notaba que el ritmo lo llamaba, le quemaba la sangre. Era sirviente como lo soy yo, pero quería endulzarle el momento a mi manera ya que podía debido a mi condición de comensal y lo hice. Le dije al rumano que sacaría a bailar al ayudante de mesero, sonrió y se fue a sentar. Ya estaba acostumbrado a mis arrebatos.

Llegué y le pregunté si quería bailar conmigo, cambiaba colores y se asareó, me dijo que estaría encantado pero que no podía porque estaba trabajando y no les permitían interrelacionar con los clientes. Bueno, le dije, ese no es problema al cliente lo que pida y el cliente siempre tiene la razón, ¿dónde está tu jefe? Voy a decirle que me muero por bailar con vos. Allá, atrás de la barra me dijo con la sonría que la tenía de oreja a oreja. Fui y le dije que quería bailar con tal ayudante de mesero y lo señalé y que lo que menos quería era perjudicarlo por eso iba a preguntarle a él si le daba permiso, sonrió el gringo y me dijo que sí, que bailáramos las canciones que yo gustara.

Lo tomé de la mano y lo saqué a la pista, le hablé en español, se asustó me dijo que no pensaba que hablara español porque tenía planta de filipina y que ese lugar no lo acostumbraban a visitar latinas, él resultó ser colombiano del departamento de Chocó, era blanco de cabello afro, con cuerpo de mulato. Sus caderas comenzaron a soltarse y a hacer lo suyo. ¡Yo sabía! Le dije, yo sabía que esas caderas tenían fuego. Nuestros cuerpos se convirtieron en lumbre y nos quemamos al ritmo de los timbales. La alegría de los bailes callejeros en mi arrabal estaba ahí conmigo, la algarabía de los bailes en su pueblo estaban ahí con él. Tenía una alegría que no podía contener y los ojos se le aguaban. Vos bailás como las mujeres de mi pueblo, como las mulatas de mi Chocó, me dijo con su sonrisa de oreja a oreja mientras dábamos vueltas sin parar. Vos bailás como las latinas de verdad, sin pretensiones, vivís la música.
¿Él es tu esposo? No, es mi amante. Comenzó a reír a carcajadas, ¡qué mujer tan sincera!, es tu amante entonces. Sí. No vienen muchas latinas por aquí, es raro. La mayoría están casadas con gringos y se creen la gran babosada. Vos no, vos parecés niña de monte. A pesar de tu clase social. ¿Cuál clase social? Es que este lugar es caro hay que tener dinero para venir a comer aquí, a nosotros los latinos no nos da la economía. Bueno pues estás hablando con una empleada doméstica que ahorró para venir a cenar aquí. ¿Una empleada doméstica sos? Sí. No parecés, tenés planta de todo menos de empleada doméstica es que con ese tu cuerpo parecés entrenadora yo me imaginé que practicabas algún deporte. Pues sí practico muchos deportes también, pero también soy empleada doméstica. ¿Fútbol? Sí. ¡Lo sabía! Esas piernas son de futbolista. Reímos los dos. El rumano se divertía viéndome bailar con el ayudante de mesero, levantaba su copa de vino y me saludaba y yo le lanzaba besos.

Soy indocumentado. Yo también. ¿Vos también? Sí. Tenés suerte vos, de andar con un tipo así que te invita a lugares como estos pronto vas a arreglar tus papeles, no seás boba aprovechá que esas oportunidades no se dan todos los días. Bailamos cuatro o cinco canciones y nos despedimos, me fui a mi mesa y él volvió a limpiar mesas y a llenar vasos de agua y a llevar platos sucios a la cocina.
Cuando me senté el rumano pidió una botella de champaña, con la que llevaron una orquídea dentro de una caja, me pidió que la abriera y encontré un anillo, el rumano tomó mis manos, sacó el anillo y me pidió que me casara con él. Comenzó a hablar de construir una casa a nuestro gusto, podar el jardín y sembrar hortalizas. De viajar alrededor del mundo y de llenarnos de hijos. Sentí que caía lentamente en un abismo sin fondo, ¿casarnos, hijos? Pensé mientras él me acercaba mi copa de champaña. Pero si lo hablamos al inicio de nuestra relación, te dije que yo no quería hijos y me dijiste que estaba bien. Pero es que me enamoré de vos, dijimos que amantes pero yo te quiero para mi esposa y para mamá de mis hijos. En instantes la alegría de la noche, la nostalgia del mesero y su sonrisa de oreja a oreja, nuestro baile callejero, nuestros tropiezos con el rumano en la pista, su mirada deslumbrada todo se convirtió en desesperación, en angustia.

Mirá las cosas que hacés y que me maravillan, ¿a quién se le ocurre bailar con un ayudante de mesero?, solo a vos. No cambiás y eso me gusta de vos, que sos original, independiente y obstinada. Lo mucho que aprenderían nuestros hijos de vos. ¿Te imaginás llevándolos a la escuela, a entrenar, jugando con ellos? Me sentía en el fondo del mar, pataleando, moviendo los brazos angustiada tratando de salir a flote, pero algo me jalaba de nuevo hacia el fondo oscuro y frío.

Lo veía mover los labios pero no escuchaba lo que decía, mi mente estaba tan lejos de ese lugar. ¿Hijos? Hijos, hijos, hijos…, un eco ensordecedor repicaba en mi cabeza. No quiero hijos, no puedo darte hijos. Mi mente se bloqueó de nuevo. De nuevo me sentí atada de pies y manos. De nuevo el correr de prisa, huir y alejarme sin voltear atrás. Lo siento, no soy la mujer indicada para tu vida, yo soy la fertilidad que estás buscando. Merecés la familia que estás buscando y yo no te la puedo dar. Puse el anillo en la palma de su mano, me levanté y me fui del lugar.

El frío de las primeras noches del otoño me pegó de golpe en el rostro, como una bofetada, cuestinándome, acusándome. Caminé sobre la avenida Michigan, entre el bullicio y las luces de neón, a los pies de los rascacielos enormes, confinada en mi silencio, una vez más entre mis infiernos. Y lloré enfadada, mordí mis labios. Al filo de la madrugada tomé un taxi y volví a mi vida, la vida que decidí vivir a mi manera. Me dolió el amor del rumano como me han dolido todos los que han llegado a mi vida, pero no voy a renunciar a esta decisión de no parir. A ser infértil porque así lo quiero. El rumano se quedó en mi vida para siempre, entre las sombras de los árboles siento el olor de su piel junto a la mía, cuando leo libros acostada sobre el zacate.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado
Blog de la autora: Crónicas de una Inquilina.

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SIGUE SIENDO UNA DEUDA EN LAS ESCUELAS

La Educación Sexual Integral, ¿sólo una ley bonita?

(APL) “La ESI sigue siendo una deuda en las escuelas. Todavía hay miedos alrededor educación sexual y desconocimiento de que existe la ley 26.150 y que hay cuadernillos y materiales para trabajar. Quizá uno de los primeros obstáculos que aparecen es que da miedo el tema. Claramente no es como enseñar a hacer cuentas o donde quedan los países en un mapa. Cuando hablamos de sexualidad hay temas que son movilizantes y que tocan puntos sensibles de la historia personal. Por eso es que un educador sexual tiene que tener un trabajo sobre la propia historia, tener espacios de reflexión con colegas y seguir formándose. Además que esta formación implicaría herramientas de psicología social, clásicos del feminismo, saberes sobre biología, adoptar una postura política… resumiendo, no es de un día para el otro”. Así comienza el artículo de K.S., especialista en el tema, cuyo texto completo brindamos a continuación.

Diversidad

Hay que transitar en la práctica el revuelo que se puede armar en una escuela cuando una docente saca un pene de madera para explicar el uso del preservativo… o da su postura política sobre la legalización del aborto.

Durante los talleres de educación sexual con adolescentes es muy común que ellos te pregunten a vos sobre tu primera vez, si ahora tenés pastillas anticonceptivas en la cartera, si de verdad usas preservativos, etc. Para poder hablar relajadamente de esto, porque es algo que siempre pasa, que quieran saber sobre la vida personal de la tallerista, no solo niños y jóvenes, sino también los adultos. La razón de esto es en principio la construcción del pensamiento científico, y comprender que esto se estudia, como cualquier otro campo del saber. Que se construyan puentes o que alguien resuelva un cálculo matemático, es más evidente que es del orden de la “ciencia”. Ahora, todas nos indisponemos, tenemos la primera vez, tenemos relaciones sexuales, sufrimos por amor, etc. Eso no quiere decir que tengamos conocimientos científicos al respecto…

El punto es que, llegado el momento “difícil” del taller, en donde es el mismx tallerista el que es puesto en cuestión, como y “vos que hablas tanto y sabes de esto… ¿cómo vivís? ¿Cómo te va?”… poder trabajar con esto y contarlo como si nada o simplemente explicar que el fin del taller no es ventilar la vida personal, implica, formación que cuesta dinero y tiempo.
¿Quién debería ser el garante de la formación de los docentes?, debería ser el Estado. Si bien, la ley fue promulgada, hoy no es una realidad en las aulas. La maestra de inicial, de primaria o profesor/ra de secundaria, corriendo, apenas llega a cubrir un salario que cubra la canasta familiar. Entonces, en tanto no haya capacitación en servicio, y paga la ESI va a seguir siendo solo una ley bonita. Falta la decisión política y presupuesto. Hoy en día trabajan en la ESI lxs que militan en la temática, pero son iniciativas individuales, que al momento de llevarlo a la práctica, se encuentra con muchos obstáculos.
Es placentero y es un buen espacio de escucha y de trabajo con jóvenes y se ven muchos resultados y gran necesidad de tener adultos con quienes poder hablar de estos temas. Cuando una comparte con compañeras que están trabajando en el tema, generalmente los balances son positivos. Se trabaja muy bien y es bien recibido. Como anécdota, cuento que una vez una mamá de una chica de catorce años, de una escuela en Villa Caraza, Lanús oeste, me esperó en la puerta, y con las lágrimas en los ojos me puso en las manos un regalo: un rosario. Al margen de que yo no creo en Dios, ella me dio el regalo y me dijo que me agradecía mucho que yo le hable a las chicas de esas cosas, porque a ella nunca nadie le había hablado, y las hermanas más grandes de mi estudiante, ya estaban embarazadas, y a la más grande el novio le pegaba y mucho. Que me daba las gracias por hablarle a la hija, porque ella no sabía cómo hablarle y le daba vergüenza.

Sé que es un rol difícil de llevar, pero se puede, y se ven resultados. El mundo adulto de alguna manera tiene que dar respuestas, y jugar algún rol. De hecho es evidente como un grupo mejora y cambia, cuando se abre un espacio para trabajar estos temas. Lo que no se dice, se tapa, va a parar a las acciones y a la violencia. Poner en palabras es la mejor tarea que nos podemos dar.
Los tres ejes que trabajé sucintamente es la problemática de la formación de lxs docentes, con su correlato del trabajo subjetivo necesario, que es un trayecto de años y que de ninguna manera puede ser realizado “a distancia”. El otro es la responsabilidad del Estado en materia de salud sexual y reproductiva y frenar las violencias hacia las mujeres y el último eje es el de la sexualidad y su ejercicio dentro del cuerpo y como cada unx “puede” vivirla, además de ser un objeto de investigación científica.
Los pibes se encuentran muy solos con su sexualidad y todos los temores que se pueden presentar alrededor de ella. Y tenemos poca educación sobre el derecho que tenemos al placer y vivir nuestra sexualidad en plena libertad. Y si, la escuela, es arena de disputa sobre esto… hay que salir a disputar.

DEFENSORÍA DEL PUEBLO Y MESA DE TRABAJO

Investigan atención a mujeres embarazadas privadas de su libertad

A partir de un caso de violencia obstétrica hacia una detenida en la Unidad Penitenciaria de Ezeiza y, considerando la tarea que la Oficina de Género de la Defensoría del Pueblo viene desarrollando junto a otros organismos sobre la temática de violencia obstétrica, se impulsó la formación de una mesa de trabajo específica en la temática de VO en cárceles, integrada por representantes del Equipo de Género y Diversidad Sexual de la Procuración Penitenciaria de la Nación, el Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires y la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (CONSAVIG), dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. La representante del Equipo de Género y Diversidad Sexual de la PPN informó que, de acuerdo a la experiencia recogida en las unidades carcelarias (a las cuales concurren semanalmente), las mujeres detenidas no están empoderadas con respecto a sus derechos sexuales y reproductivos y, además, desconocen qué se entiende por violencia obstétrica.

Mujeres embarazadas en prisión

El Secretario General a cargo del Defensor del Pueblo de la Nación, CPN Carlos Haquim, inició una actuación de oficio para investigar la existencia – por parte del Servicio Penitenciario Federal- de lineamientos o protocolos de atención dirigidos a la mujer embarazada privada de su libertad, durante el proceso del preparto, parto y post-parto.
La misma tiene como fin determinar si las mujeres gozan efectivamente de los derechos que establece la Ley Nº 25.929, de Parto Humanizado (por ejemplo, estar acompañadas por un familiar en el momento del parto) o si, por el contrario, son vulnerables a padecer situaciones vinculadas con violencia obstétrica (V.O.); “violencia institucional” particularmente mencionada por la Ley Nº 26.485 (de Protección Integral contra la violencia hacia las mujeres).
A partir de un caso de violencia obstétrica hacia una detenida en la Unidad Penitenciaria de Ezeiza y, considerando la tarea que la Oficina de Género de la Defensoría del Pueblo viene desarrollando junto a otros organismos sobre la temática de violencia obstétrica, se impulsó la formación de una mesa de trabajo específica en la temática de VO en cárceles, integrada por representantes del Equipo de Género y Diversidad Sexual de la Procuración Penitenciaria de la Nación, el Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires y la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (CONSAVIG), dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

Como primera medida, y en base a lo consensuado en la citada mesa de trabajo, se solicitó información a la Secretaría de Justicia de la Nación, de donde depende el Servicio Penitenciario Federal (SPF).

Esta respondió que “se encuentra vigente el ‘Plan Estratégico de Salud Integral en el Servicio Penitenciario Federal 2012-2015’ en donde se establecen las pautas de prevención, diagnóstico, asistencia y tratamiento de las mujeres embarazadas”, agregando que “en ningún caso los partos son efectuados en el ámbito carcelario sino en un servicio de maternidad. Desde el trabajo de parto o internación programada, parto y postparto hasta el momento del egreso hospitalario, la madre y su niño permanecerán a cargo del equipo de salud de la Institución Pública o Privada a la que fuera derivada siendo sus profesionales los encargados de dar cumplimiento a lo dispuesto por la ley”.

Por otra parte, en el informe se da cuenta de dos unidades penitenciarias del SPF que tienen una estructura para alojar a mujeres embarazadas – el Centro Federal de Detención de Mujeres de Ezeiza (Unidad 31) y el Complejo Penitenciario Central lll NOA (en la provincia de SALTA) y, además, a qué hospitales derivan en cada jurisdicción en el momento del parto.

Por último, expresaron que no han recibido denuncias sobre casos de violencia obstétrica.
Por su parte, la representante del Equipo de Género y Diversidad Sexual de la Procuración Penitenciaria de la Nación informó que, de acuerdo a la experiencia recogida en las unidades carcelarias (a las cuales concurren semanalmente), las mujeres detenidas no están empoderadas con respecto a sus derechos sexuales y reproductivos y, además, desconocen qué se entiende por violencia obstétrica.

Por ello, se decidió cursar requisitorias a los hospitales adonde son derivadas las mujeres detenidas en el Complejo Penitenciario Central lll NOA, esto es: al Hospital Joaquín Castellanos de la ciudad de Güemes, al Hospital Materno Infantil de la ciudad de Salta (ambos en la provincia de Salta) y a los hospitales a los cuales deriva la Unidad Penitenciaria 31 de Ezeiza, Hospital de Ezeiza y Maternidad Sardá.
También se pidieron informes a la Procuración Penitenciaria Nacional, a los efectos de que detallen situaciones detectadas que podrían encuadrarse como violencia obstétrica, más allá de que no se visualicen en denuncias concretas.

Fuente: Prensa Defensor del Pueblo