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Periodismo de Intervención social

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JUICIO POR GATILLO FÁCIL EN QUILMES. EL LUNES 22 A LAS 9:30 SE HARÁN LOS ALEGATOS

¡Justicia por David y Javier!

La movilización y la lucha popular, la entereza y la dignidad de las familias de David y de Javier –dos pibes asesinados cobardemente por el Estado– lograron llevar a juicio oral al (ahora ex) policía Alfredo Alberto Veysandaz para ser juzgado por el homicidio de Javier Alarcón (15 años) y David Vivas (21) y por las lesiones graves ocasionadas a Marcelo Luque. Entre el miércoles 17 y jueves 18 pasados se desarrolló el debate y se escucharon a los testigos convocados por el tribunal a pedido de las partes. El lunes 22 de febrero, a las 9:30 horas se llevarán a cabo los alegatos. “Desde afuera se escuchan los bombos. Son las manos y las voces, el apoyo incondicional de la gente de CORREPI, Hagamos Lo Imposible, HIJOS, CeProDh y el PTS, pidiendo justicia por dos pibes que ya no están. No están, porque así lo quiso un policía que decidió que sus vidas no valían nada. Justo vinieron a nacer en Quilmes, reino del gatillo fácil. Justo vinieron a nacer en Villa Luján, partido de Quilmes y pobres”, expresó Gabriela Krause, redactora de Corriendo La Voz, en la crónica sobre el juicio que brindamos más abajo.

Quilmes

Los momentos previos al comienzo del juicio

Desde temprano, en la sala del juzgado se escuchan murmullos. Nadie se impacienta. Nadie se mueve incómodo en su asiento. Todos hablan con total naturalidad. Pareciera que saben que la Justicia es lenta y que estás formalidades se hacen esperar. Lo saben porque los presentes son personas que han sabido y saben luchar contra la impunidad de la Justicia, que es muy ciega y poco justa por estos pagos, por supuesto, cuando quiere. Lo saben porque ya se han impacientado, se han removido en sus asientos y, con el tiempo y a los tumbos, han aprendido a esperar.

afueraMientras tanto, afuera continúan resonando los bombos. La avenida Hipólito Irigoyen está cortada y predominan las banderas y las emociones a flor de piel. Suena y resuena como un eco el pedido de justicia que enarbolan los compañeros, la afirmación de que David y Javier están presentes. Presentes ahora y siempre.

Adentro, comienza el movimiento. La diferencia es notoria entre un banquillo y el otro. Por un lado, los familiares de las víctimas: gente humilde que supo y sabe sufrir una terrible pérdida y hoy solo quiere y necesita justicia. Están acompañados por su abogada y por el fiscal. Del otro lado, el acusado con su abogado, las caras inexpresivas o nerviosas, pero carentes de emoción humana. No hay rastro de culpa, empatía ni posible conciliación, solo un abogado que, cumpliendo formalidades, defiende a un acusado que si no duerme por las noches es porque hace tres años que está privado de libertad. No está claro cuál de los letrados es el que se ve atormentado por fantasmas en las noches. Creería que Carmen, mujer enteramente humana, será capaz de sentirlo más.

María del Carmen Verdú es abogada de CORREPI, una mujer con una amplia trayectoria en la lucha antirrepresiva, a la que no le tiembla el pulso a la hora de apuntar contra un aparato que permite y acobija esta clase de delitos. Con esa mano valiente que la caracteriza, esta vez apunta su dedo contra Alfredo Alberto Veysandaz, el (ahora ex) policía que, en Marzo de 2013, blandiendo su arma impunemente, tiró a matar y alcanzó a Javier Alarcón y David Vivas, fallecidos, y Marcelo Luque, herido de gravedad.

Los hechos (conocimiento público)

Javier Alarcón, David Vivas y Marcelo Luque eran tres chicos que caminaban con un grupo de amigos cerca de la ribera, en el partido bonaerense de Quilmes, luego de haber salido de un boliche local, en el momento en que se cruzaron con un auto y se generó un altercado. El conductor bajó del auto, tiró a matar hacia los tres jóvenes, hiriendo a Marcelo Luque de gravedad y asesinando en el acto a Javier Alarcón y David Vivas. Consumado el hecho, se dio a la fuga.

canaLas familias se movilizaron a la brevedad para pronto descubrir que el asesino en cuestión era un subcomisario de la policía bonaerense. Los diarios dejaron de pronunciarse al respecto. Los testigos, pibes del barrio, fueron instigados a cambiar sus declaraciones. No había rastros de evidencia en las cámaras y ningún efectivo cerca que pudiera testificar. Alfredo Alberto Veysandaz apareció a los tres días. Fue detenido gracias a las movilizaciones de la familia, que con cortes de ruta logró incomodar a la institución e intimarla a tomar medidas. Un caso insólito por la rapidez y porque sucedió en Quilmes, uno de los municipios con la tasa más elevada de gatillo fácil.

Hoy, a casi tres años del hecho y la detención del acusado, comenzó la primera instancia del juicio oral que llevan adelante las familias de los fallecidos y Marcelo Luque, familiar, amigo, víctima y sobreviviente.

El juicio

La fiscalía habla de dos intentos de homicidio y un intento de lesión grave. La defensa de las víctimas habla de tres intentos de homicidio: dos consumados y uno fallido. La defensa del acusado habla de un intento de robo por parte de los jóvenes, y alega legítima defensa.

Así empieza todo. Claro que no se sienta en el banquillo a un policía gratuitamente. Claro que su palabra pesa y que va a intentar arremeter. A la justicia no le gusta encerrar policías, porque la cárcel es para pobres. La consigna es clara: el acusado busca victimizarse y demonizar a las víctimas, dos de las cuales ya no se pueden defender, otra que fue destrozada en su tiempo y hoy vuelve a ser víctima de un sistema que lo oprime, un sistema que lo apunta con el dedo y lo acusa por ser pobre, duda, da lugar a ese manotazo de ahogado que presenta Alfredo Alberto Veysandaz.

De a ratos no queda claro. A Marcelo Claudio Luque se lo interroga, cada tanto, como si fuera él el acusado de cometer un crimen. Algunas preguntas resultan hostiles. Otras, impacientes, exasperadas. Marcelo llora. Llora porque vuelve a ser víctima del mismo hombre que mató a su hermano. Llora por eso: porque mataron a su hermano. Intentaron matarlo, a él también, y hoy le aprietan la herida con una saña que resulta bestial. Marcelo aguanta porque quiere justicia. Aguanta y llora. No es para menos.

Luego de un cuarto intermedio, es el turno de las madres. Beti y Gladys responden cómo eran sus vidas antes y cómo son ahora, sin sus hijos. Siento en el pecho una sensación de vacío al escuchar las respuestas. Quisiera abrazarlas y decirles que todo va a estar bien. Quisiera gritarle al señor que se sienta con cara de póker enfrente de ellas. Pero quién soy yo, me pregunto. Quiénes somos todos nosotros para emitir comentario alguno.

Parece comenzar un desfile de testigos, amigos de las víctimas que se encontraban con ellos esa noche fatídica que todo cambió. Ya no están los amigos. Ellos no son los mismos porque vieron la muerte rozarles la cara. Tarea difícil recordar. Tarea difícil explicarse cuando duele, cuando cuesta. El horizonte al que aspiran es claro: quieren que la justicia, esta vez, abra los ojos, que no sea ciega, que no permita olvidar.

“Éramos como pájaros y él tiraba a matar”

Entre los seis testimonios que llegaron a presentarse el día de hoy, se destaca inevitablemente uno que nos dejó a todos perplejos. Ella tiene 16 años. Tenía 13 cuando todo pasó. Era muy chica, lo es todavía, y estaba saliendo del baile, también, por alguna de esas casualidades que uno, más tarde, no puede explicar. No los conocía, a los chicos. Los conoció por ese tiempo, mientras pasaba una temporada de vacaciones en la casa de su tía, vecina del barrio de Villa Luján. Esa noche la invitaron al baile y salieron. Terminada la noche, empezaron a caminar todos juntos al barrio. Con trece años vio morir a los chicos con los que, rato atrás, bailaba. Con trece años tuvo miedo a que la muerte la alcance también.

Hoy, con dieciséis, se sienta y mira a la jueza a los ojos. Afirma estar nerviosa cuando el fiscal le pide que proceda a relatar lo que vivió. Afirma estar nerviosa, pero lo mismo empieza a contar. Mira para todos lados; le tiemblan las piernas; pide agua y la toma frenéticamente y no es sed, son nervios que no puede controlar, nunca vivió algo así, nunca se sentó a declarar.

Aún nerviosa y sin saber muy bien cómo expresarse, cuenta cómo vivió todo: por dónde caminaban, cómo vivió el altercado, dónde se encontraba ella en el momento de los tiros y en los minutos posteriores. Los tiros. Ahí frena y la voz se vuelve temblorosa. Cuenta cómo lo vivió y parece estar todavía asustada. Da la sensación de que el miedo se le quedó, desde hace años, pegada a la piel. “Tiraba a matar”, dice, “tiraba a matar al que sea, como si fuéramos pájaros”. Insiste en la idea, que se le antoja la más fiel a los hechos, la más descriptiva, “éramos como pájaros y él tiraba a matar. Fueron ellos, podría haber sido cualquiera de nosotros. No le importaba.”

Con la misma fortaleza, cuando habla de su declaración original, la de esos tiempos en la comisaría, y la compara con la actual, aclara “no sé bien lo que dije porque estaba nerviosa. Ahora también estoy nerviosa”. Nos enseña: “cuando uno está nervioso, a veces se le confunden las cosas”. Y denuncia “la policía nos acosó para que cambiemos las declaraciones. Nos dijeron que teníamos que decir que los chicos estaban armados, pero eso no es verdad. Yo en ningún momento vi un arma”. Tenía trece años. Ahora dieciséis. Nos dio, en pocos minutos, una lección de vida a todos los presentes.

Luego de los testimonios, se pasó a un cuarto intermedio que, esta vez, se extendería hasta mañana, Jueves 18 de Febrero a las 9 de la mañana, fecha pactada para continuar con otra jornada de juicio y, ante todo, de acompañamiento a las familias que necesitan el apoyo de los compañeros que puedan y quieran acercarse a ayudar, a estar presentes, a hacer ruido para que se escuche bien fuerte, a esperarlas a la salida cuando necesiten una palabra o un abrazo.

A Gladys y Beti:

Es muy difícil comprender a la muerte cuando llega. Comprenderla, abrazarla, darle un lugar y aprender que la vida es un ciclo que termina en ella. Son días, semanas, meses o años, tal vez toda una vida llorando y pataleando, apretando los puños, diciendo qué injusto, puteando.

Cuando es la muerte de un joven, se vuelve más difícil. Javier tenía 15 años. David, 21. A los dos se los arrancó la vida injustamente. Les quedaba todavía equivocarse, aprender, tropezarse, reír, llorar, enamorarse, desenamorarse, trabajar, cansarse, estar tristes, contentos, tener hijos, formar una familia, enseñar, seguir aprendiendo, vivir. Les quedaba vivir. No tenía derecho el señor que apretó el gatillo a arrebatarles todo eso. No tenía derecho a cortar sus vidas como se corta un piolín, una soga. No tenía derecho a dejar a dos madres sin sus hijos, a dejar devastados a amigos, hermanos, conocidos, amores. No tenía derecho a decidir que sus vidas valían menos que él.

Alfredo Alberto Veysandaz, jugando a ser Dios, enseñó a una familia a ser fuerte. Una familia que hoy llora, pero llorando lucha y con esa bandera, sienta en el banquillo a este policía que lleva tres años preso. No hay palabras de contención. Nada le alcanza a una madre que al llegar a su casa todos los días, busca por todos los rincones y no encuentra a su hijo. La cárcel de un asesino no es garantía de felicidad. No va a traer a Javier y a David a la vida de nuevo. Pero les dará un respiro a dos madres que necesitan justicia. La buscan, la llaman, la miman un poco para que se quede con ellas. Justicia por dos pibes que no tuvieron la culpa de nada. Justicia por ellos para que sirva de ejemplo a los otros, para que todo el que sepa lo que pasó aquella noche y lo que está pasando ahora, entienda que tener una placa y una gorra no le da a un hombre poder sobre la vida de otro, y sobre todo, que entienda que ser pobre no es un delito.

ENTREVISTA CON LAURA HERNÁNDEZ NORAMBUENA, HERMANA DEL "COMANDANTE RAMIRO"

“Buscamos que el gobierno de Chile retorne a Mauricio de su cautiverio en Brasil”

(Por Andrés Figueroa Cornejo/Rebelión) Mauricio Hernández está prisionero desde hace 14 años en Brasil, acusado de ser parte del secuestro del empresario Washington Olivetto. La acción tuvo móviles políticos de carácter internacionalista y de emancipación social. “Mauricio permanece 23 horas del día solo en su celda, lo que atenta contra la esencia social de los seres humanos y contra un derecho también esencial: tiene prohibido interactuar con sus pares. Cuenta apenas con una hora para salir al sol, o sea, a un patio del tamaño de media cancha de baby fútbol. Únicamente se le autoriza el contacto con familiares directos (los cuatro hermanos/as que le quedamos). Su presidio de aislamiento brutal provocó, por ejemplo, que del terremoto que sacudió mortalmente a gran parte de Chile el 2010 se enterará tres meses después de ocurrido.” Parte de la entrevista a la hermana de Mauricio Hernández Norambuena, que brindamos completa más abajo.

Laura

Casi en el límite que divide a las ciudades de Valparaíso y Viña del Mar, en la V Región de Chile, hay una casa vertical y verde y suspendida en el vértigo de un cerro mordido por el Océano Pacífico. Allí el periodista se entrevistó con la doctora en Medicina, Laura, una de las hermanas de Mauricio Hernández Norambuena, conocido también como ‘Comandante Ramiro’, ex dirigente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). Esa fuerza comportó uno de los principales destacamentos que combatió política y militarmente a la tiranía pinochetista y que, de acuerdo a diversos analistas, precipitó el pacto interburgués que terminó con el régimen cívico-militar entre 1973 a 1990, y abrió el período de administraciones civiles vigente hasta hoy en el país andino. Ambos sistemas políticos corresponden a formas distintas y funcionales moldeadas por la misma dictadura del capital en su actual fase.

Mauricio Hernández está prisionero en la Cárcel Federal de Porto Velho, en Rondonia, Brasil, próxima a la frontera con Bolivia, acusado de ser parte del secuestro del empresario Washington Olivetto. La acción tuvo móviles políticos de carácter internacionalista y de emancipación social.

Es verano a media tarde en Chile y por la ventana el mar lastima los ojos.

-Laura, ¿cómo defines las condiciones en las cuales mantienen cautivo a Mauricio en Brasil?

-“Encierro en aislamiento. En Brasil es el único caso que existe con la duración de 14 años en semejantes condiciones. El sistema de aislamiento extremo en Brasil, raya incluso en lo inconstitucional en ese país. De hecho, ha sido condenado por todos los organismos de Derechos Humanos existentes. El caso de Mauricio está denunciado por nuestra familia en la Corte Interamericana de DD.HH., y ella entiende que es una condición inhumana por lo prolongada.”

-¿En qué consiste el ‘encierro en aislamiento’?

-“Mauricio permanece 23 horas del día solo en su celda, lo que atenta contra la esencia social de los seres humanos y contra un derecho también esencial: tiene prohibido interactuar con sus pares. Cuenta apenas con una hora para salir al sol, o sea, a un patio del tamaño de media cancha de baby fútbol. Únicamente se le autoriza el contacto con familiares directos (los cuatro hermanos/as que le quedamos). Su presidio de aislamiento brutal provocó, por ejemplo, que del terremoto que sacudió mortalmente a gran parte de Chile el 2010 se enterará tres meses después de ocurrido.”

-¿Y qué dice la justicia brasileña?

-“Que ‘así no más es la cosa’, que ‘son las reglas del juego’. Esto es, las autoridades del país carioca tratan de justificar lo injustificable. Como familia nos reunimos con psiquiatras de allá quienes nos aseguraron que las condiciones de aislamiento de Mauricio son inhumanas, sin justificación alguna y agreden la integridad psicológica y física de cualquier persona.”

“Exigimos a Brasil el respeto de los derechos humanos de Mauricio.”

-¿Mauricio es el único prisionero político en Brasil o existen otras personas bajo esa calificación?

-“En Brasil, Mauricio no es considerado un prisionero político legalmente. Sin embargo, la primera condena que recibieron los compañeros de Mauricio junto al propio Mauricio el 2002, fue de 15 años porque diversas agrupaciones políticas latinoamericanas fundamentaron las motivaciones políticas del secuestro del empresario Washington Olivetto (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=207101), lo que fue considerado en el primer dictamen. Los recursos que devinieran del secuestro eran parte de una planificación política de carácter internacionalista, una tradición fundacional de todos los movimientos serios y jugados por la emancipación social de la humanidad. Pero en la segunda etapa del juicio, la fiscalía brasileña apeló, y la condena se duplicó a 30 años porque fue desestimada la razón política de su accionar, contrariando la deliberación anterior.”

-De todos modos, para las y los chilenos, incluso, independientemente de su simpatía o no con las posiciones políticas históricas asumidas por Mauricio, él sí tiene una vida militante que avala su conducta eminentemente política. Fue miembro de la Juventud Comunista y luego un dirigente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), una fuerza política y militar fundamental en la resistencia en contra de la dictadura encabezada por Pinochet e impuesta por la oligarquía chilena y el imperialismo norteamericano. Mauricio no fue nunca parte de una banda de narcotraficantes, de delincuentes comunes o de ladrones de cuello y corbata; no fue nunca ‘lobista’ entre los intereses de las grandes firmas y los parlamentarios de ocasión; no fue nunca integrante de la red criminal de colusiones antisociales que actualmente hacen nata en Chile; no fue dueño de AFP, banquero, ni privatizador de todo lo que existe en el país. Fue un luchador antifascista, como tantos miembros de la resistencia en Europa que enfrentaron al nazismo y al fascismo durante la Segunda Guerra Mundial y en cuyos países son reconocidos como héroes.

¿Qué piden a las autoridades chilenas como familia Hernández Norambuena?

-“Que el gobierno genere las condiciones para que nuestro hermano deje de sufrir un encarcelamiento inhumano. Y en Brasil, solicitamos a las organizaciones y a las personas que persiguen el mejoramiento de la condición humana que exijan el respeto de los derechos de Mauricio.”

“Mi hermano no está dispuesto a tomar píldoras que bloqueen sus sentidos”

-Laura, tú y tus hermanos/as llevan años visitando a Mauricio. Tú eres doctora en Medicina. ¿Cómo podrías evaluar su estado?

-“Intentando ser lo más objetiva posible, en general bien. Mauricio es profesor de Educación Física y se ha impuesto un régimen propio de ejercicios diarios en su celda para mantenerse en forma, lo que impacta positivamente en su estado de ánimo. Naturalmente, vive en medio de una permanente ansiedad debido al aislamiento. Por la distancia espacial que existe entre cada una de las visitas que le hacemos (en la mayoría de los presidios en los que ha permanecido, y en particular en el último, la Cárcel Federal de Porto Velho, en Rondonia, Brasil, próxima a la frontera con Bolivia), la tramitación engorrosa y las dificultades para llegar hasta allí, vuelven más compleja la posibilidad de verlo con la frecuencia que quisiéramos. Ahora bien, han ocurrido situaciones que multiplican la iniquidad de su cautiverio. En una ocasión, su carcelero lo acusó de haberlo mirado a los ojos (!), cuestión estrictamente prohibida en el penal. El prisionero cuando interactúa con el carcelero debe mirar el suelo. En la disputa entre el guardia y Mauricio respecto de si fue así o no, como es obvio en ese tipo de relaciones de poder, primó la versión del carcelero y mi hermano fue castigado con 10 días de encierro absoluto en un apartado especialmente denigrante. En la siguiente visita, después de esa sanción, Mauricio se encontraba con el ánimo descompuesto.”

-¿Consume algún tipo de medicamentación psicotrópica?

-“Mauricio, ni antes ni durante su encarcelamiento ha necesitado fármacos de esa clase. De hecho, él nunca los ha aceptado. Mauricio me ha comentado, eso sí, que los problemas que sufren los presos devenidos de las condiciones de una cárcel de alta seguridad, el médico del recinto los ‘resuelve’ con diazepán. Al respecto, mi hermano me ha dicho que no está dispuesto a tomar píldoras que bloqueen sus sentidos ni su equilibrada apreciación de la realidad. Por algunas dificultades debido a lesiones deportivas de juventud (Mauricio estuvo al borde de convertirse en un jugador profesional de fútbol), hace dos meses nosotros/as solicitamos poder llevar un médico especialista de nuestra confianza. Sin embargo, en la cárcel nos impugnaron que ‘no era necesario’ porque el penal ya cuenta con un médico.”

Raúl Pellegrin: ‘No hay alegría más grande que dar la vida por su pueblo’

-Para muchas y muchos, no existe acto de libertad más radical que despojarse de los intereses individualistas y del egoísmo, y luchar por la libertad y la igualdad de tu pueblo y de otros pueblos del mundo. ¿Cabe ese principio en el caso de Mauricio?

-“Perfectamente. Algunos ex compañeros y amigos de mi hermano nos han confirmado el nivel de convencimiento y la capacidad de convencer de Mauricio en relación a que no existe otro camino diferente al de la lucha en contra del capitalismo para superar su naturaleza inhumana. Esa manera de trascender en otros que solidarizan con su presente situación, como familia, nos fortalece diariamente. Lo que nos parece en especial potente, es el episodio cuando mi hermano y los demás que participaron resolvieron integrar el equipo de gente que realizó el atentado contra Augusto Pinochet en 1986. Rodrigo Pellegrin (fundador del FPMR y asesinado en 1988) aparece señalando en un documental de reciente factura que ‘no hay alegría más grande que dar la vida por su pueblo’. Por la vida que llevó Raúl Pellegrin, yo entiendo ‘pueblo’ como a la humanidad oprimida.”

-¿Por qué crees que los sucesivos gobiernos civiles no han accedido a que Mauricio sea extraditado desde Brasil?**

-“A esta altura, como familia, barajamos distintas hipótesis. Una de ellas es que ninguna de las administraciones gubernamentales que han pasado tiene en sus parámetros defender a un revolucionario, a un internacionalista, a un luchador social, cuya sola historia ya contradice sus intereses. Por otra parte, está la fortaleza de Mauricio de plantear con franqueza la realidad de lo que sucedió y de lo que está sucediendo, asumiendo autocríticamente todo aquello que le corresponda, claro. Sobre todo cuando tantas y tantos políticos dicen estar ejerciendo sus cargos por servicio público, amor al prójimo y otros valores que no tienen ninguna relación con su conducta, como todo Chile sabe. No hay nada que una a mi hermano con ninguno de los gobiernos que hemos tenido después de la dictadura. Claro que algunos miembros de los gobiernos han saludado nuestra causa por traer a Mauricio de vuelta y han dicho que consideran injustas las condiciones de su presidio, pero hasta ahora esas declaraciones no han tenido ningún efecto concreto. Yo creo que a Mauricio lo ven como una amenaza política. Y no estoy refiriéndome a la lucha armada ni nada por el estilo. Hablo de la ascendencia que él pudiera cobrar en Chile respecto de las distintas luchas que en la actualidad están librándose (en los ámbitos de la salud, el agua, el mar, las mineras, la educación, el pueblo mapuche; la juventud, las mujeres y los trabajadores empobrecidos, etc.). Son hipótesis, por supuesto.

Finalmente, entre las tantas preocupaciones de las autoridades, nuestra causa no debe estar ni en su listado. Porque para que Mauricio logre purgar su pena acá y no en Brasil, el gobierno debe realizar diversas gestiones que requieren voluntad política, y esa voluntad permanece ausente.”