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Periodismo de Intervención social

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: CRÓNICA DEL JUICIO POR EL ASESINATO DE GABRIEL BLANCO

Esa manía de absolver

(La Retaguardia) En el marco de los alegatos del debate oral por el asesinato de Gabriel Blanco en la comisaría de San Carlos, el viernes pasado se dictó la sentencia. La absolución de los 5 acusados, 3 por tortura seguida de muerte y 2 por encubrimiento, cayó como un baldazo de agua fría sobre las organizaciones sociales del distrito, que venían acompañando con fuerza el desarrollo del juicio. A puertas cerradas, sin aviso, luego de hacer esperar en una sala mínima durante dos horas y media a los presentes, con un público de 5 personas para la querella y en medio de la tormenta que imposibilitó el desarrollo de la radio abierta habitual afuera del recinto. Esas fueron las improvisadas condiciones en las que se libró de culpa y cargo a los imputados y se garantizó la impunidad para la muerte de Gabriel.

Referentes de organismos de Derechos Humanos acompañan a la APDH-La Matanza

Si errar es humano, ¿fallar sería robótico?

I

“Que se suceda un verdadero Nunca Más en lo que respecta a la violencia policial”, finalizaba el alegato del abogado querellante Alejandro Bois, en lo que fue un juicio con sentencia firmada desde el comienzo, donde sólo había que buscar algún fundamento durante los días de debate. Darle un golpe de horno a la comida ya preparada. Hablamos del juicio por la muerte de Gabriel Blanco, donde 5 policías fueron absueltos, tres de ellos por el delito de tortura seguida de muerte y dos por encubrimiento. Todos inocentes, según el Tribunal que ayer se encargó de dejar a las claras que se terminó el Estado garantista, el Estado garante de velar por los derechos humanos de cualquier ciudadano.

El caso de Gabriel engrosa las listas del gatillo fácil. Tras 4 horas de detención, el joven de 21 años aparece ahorcado el 1ro de marzo de 2007 en la comisaría segunda de Isidro Casanova, La Matanza. 9 años más tarde el juicio determina que por su muerte no hay culpables. En el medio pasó de todo. Pasaron pruebas claves que echaban por la borda la hipótesis policial del suicidio. Esas pruebas, como la pericia del cable con el que supuestamente el pibe se ahorcó, fueron anuladas por el Tribunal Oral en lo Criminal N°5, compuesto por el Dr. Deane, la Dra. Rizzuto y el Dr. Lucero.

La causa la conocemos, ya contamos quién fue Gabriel, ya sabemos que por acompañar a esta familia nos armaron una causa a nosotros. Hoy quiero hablar del proceso judicial, de la mano arbitraria que compone la Justicia.

Los días de debate oral, donde desfilaron alrededor de 40 testigos, fueron 6 y comenzaron el miércoles 16 de marzo. Primero debemos contar que esperábamos que esa fecha se postergara, habíamos recusado a ese Tribunal por haber fallado en favor de la absolución de policías en otros casos de gatillo fácil, como fue el del pibe Duffau en Ramos Mejía. Porque el mismo estudio de abogados, tal como se manifestó ayer, se sentía “muy tranquilo” yendo a ese Tribunal, que no hizo más que demostrar la parcialidad que denunciábamos. Ese pedido ni siquiera fue elevado a donde correspondía.

Con todo el viento en contra, fuimos al juicio. Instalamos el nombre de Gabriel. Ya lo habíamos hecho 1 año atrás, cuando 1.000 personas marchamos por las calles de San Justo pidiendo que se termine la agresión a lxs compañerxs de Apdh La Matanza y a nuestras familias. Ese pedido iba ligado a otro: Justicia por Gabriel Blanco.
Expectantes, nos levantamos aquel 16 de marzo para ir a los Tribunales. Nuestra Norita Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, nos acompañó, y el Tribunal estuvo a punto de dejarla afuera. Pero el pañuelo les sacudió un poquito la humanidad: “que pase la abuela, pero sólo ella”. Lo que pasa es que es Norita, y eso no lo iba a permitir. Así fue como entraron 3 compañerxs más. De repente, a los pocos minutos de entrar, vemos salir a Pablo Pimentel… ¿y ahora qué pasó? La defensa de los policías solicitó que no estuviera presente en la declaración de la familia porque podrían convocarlo como testigo. En realidad la presentación de testigos ya estaba cerrada. Eso era otra cosa. Marcada de cancha, dijimos. Que sepamos que estábamos de visitantes en el lejano oeste en el que ellos son locales.

“¡Estoy en un juicio contra los derechos humanos!” clamaba con los brazos al cielo uno de los abogados de los policías, en el bar de la esquina, bien cerquita de nosotros, para que lo escuchemos, para que lo veamos. Aquel primer día declaró la familia de Gabriel. Los días siguieron, la sala se hacía cada vez más chica. Entendimos que el aguante sería en la calle, ya lo sabíamos, lo confirmamos. Radio abierta, música y la espera junto a organizaciones sociales, partidos políticos y organismos de derechos humanos.

II

El día que ingresé a la audiencia, un policía, mientras esperaba en la valla, me miró y haciendo el gesto del micrófono en mano me preguntó: “¿es necesaria tanta bardeada?” Respondí con la mirada desconcertada. Enseguida el comisario a su lado cambió el eje de la pregunta y me habló de la capacidad oratoria de Vanesa, sí, la hermana de Luciano. “Y con lo que le pasó, como no va a tener tanto para decir…” Nos escuchan, nos escuchan y les molesta. Nuestras verdades son para ellos “bardeadas”. Pero ¿por qué – nos preguntamos desde nuestros valores del respeto a la vida- les molesta la verdad? Pasé.
Y ahí conocí en esa pequeña sala la cara de los imputados. Sus familiares de atrás lanzándonos en cada mirada un grito furioso. Y los abogados. Y las miradas y provocaciones que ignoramos, una y mil veces.
Se ve que el viaje entre el cielo y el Tribunal es complicado, porque más de una hora tardaron en descender los semidioses que imparten justicia. Y pararse cuando entran, y rendirles culto nosabemosporqué.

Ese día se discutió si había o no había colchón en el calabozo. Un colchón necesario en la hipótesis de la defensa, la del suicidio. Porque ese colchón habría usado Gabriel para, enrollándolo, lograr la altura necesaria y sacar el cable. Vi desfilar a los policías que lo entraron al calabozo. Escuché afirmar que no había nada ahí adentro. Que las familias llevan muchas veces el colchón a su familiar detenido. Ese día la defensa se fue sonriendo un poco menos. Sus testigos habían fallado.
Los días siguieron, el apoyo afuera fue constante. Dado el día y horario no éramos tantos, apuntábamos a una gran convocatoria para la sentencia. Del otro lado de la calle también hubo un grupo de apoyo a los policías.
El día de los ateneos con los peritos nos acompañó adentro de la sala el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. El mismo día que otro Nobel de la Paz pisaba tierra argentina. En un acto que definimos desde los organismos de DD.HH. como una clara provocación, el presidente norteamericano Barack Obama arribaba al país. Pero nuestro Adolfo estaba en San Justo, buscando justicia por un pibe pobre del Conurbano.

Otro padre que aún clama justicia estuvo presenciando otro día de debate. Darío Santillán señaló un camino, Alberto y tantxs compañerxs lo seguimos. También estuvo su hermano Leo, ese hermano de lucha de Vanesa Orieta, que es hermana de Luciano, que es hermano de destino de Gabriel. Que en definitiva, nos hermanaron a todxs los que entendíamos y sabíamos dónde y con quién había que estar. Les pesa, pero somos una familia enorme que se reproduce en cada lucha.
Así pasaron los primeros 6 días de debate oral y público. Aunque de público, lo dijimos el primer día, no tuvo nada. Incluso la prensa fue sacada del lugar. El miércoles 23 nos fuimos de San Justo, al otro día teníamos una cita con la memoria y el homenaje a los 30 mil.

III

El miércoles 30 de marzo se hizo una inspección ocular en la comisaría de Casanova. 9 años después, y ante el rechazo del pedido de la reconstrucción del hecho, el Tribunal y las partes fueron a poner paredes y ojos a lo que se había hablado en el debate. Con el detalle que 9 años después las condiciones edilicias habían cambiado.
Vale aclarar que en 2012 policía científica y gendarmería realizaron la reconstrucción del hecho que arrojó como resultado la detención de los policías Suárez, Gómez y Balbuena, dictada por el Juez de Garantías Dr. Alí. Prisión preventiva que fue revocada 12 días después de la asunción de Macri como presidente, el pasado 22 de diciembre.
El viernes 1 de abril llegaron los alegatos. El paso previo a terminar con un proceso de 9 años. Amanecimos con un cielo gris y amenazante. Convocamos a las 9, nos fuimos reuniendo, como cada día de debate, en esa esquina donde compartimos horas expectantes, como en otros procesos judiciales, donde nos vamos conociendo y hermanando más. Entramos unos pocos compañeros junto a Teo y Carmen, los papás de Gabriel, y las veedoras del CELS y de la Comisión Provincial por la Memoria.
Entramos a escuchar alegatos. Nos fuimos con la sentencia atragantada en todo el cuerpo.

IV

Alrededor de las 10 comenzó el alegato de la Fiscalía. El Dr. Arribas pidió la pena de prisión perpetua para los 3 imputados y desestimó la acusación de los comisarios por encubrimiento, por no presentarse elementos contra ellos durante el debate; la querella sostuvo lo mismo.
A su turno, nuestro compañero abogado Alejandro Bois acompañado en la querella por Christian Blanco, sostuvo cómo quedó demostrada la tortura psicofísica que sufrió Gabriel. Veló por un verdadero Nunca Más en las prácticas de tortura y gatillo fácil, y recordó la declaración de 4 testigos clave. Pibes que en ese momento estaban detenidos en la comisaría de San Carlos, 2 de ellos siguen presos y vinieron, llenos de valor y consecuentes con sus hermanos de vida, a traer un poco de luz. Contaron su verdad. Que escucharon los golpes y a Gabriel gritando que dejen de pegarle… “ah, ¿vienen de a dos?” “Gómez, ¡vení!” pedía uno de los canas que llamativamente no podía solo con un pibe esposado por la espalda y encerrado hacía unas horas en un calabozo sin luz y sin agua.
“Es la típica, te meten ahí y te pegan de a varios”, dijo uno de los pibes, actualmente detenido. “Yo vengo a decir la verdad porque si me pasara eso quisiera que lo hagan por mí”. Si juntáramos el valor de todos los policías de la sala no hacemos ni un cuarto del valor de ese testigo, que, luego de esa audiencia, volvía a manos del Servicio Penitenciario.
“A Gabriel lo suicidaron”, sostuvo Alejandro. Luego, un cuarto intermedio. Y el alegato de la defensa

V

Comenzó Miguel Racanelli, dueño del estudio ubicado al lado del TOC 5, y concejal por el PRO en La Matanza. “Yo también deseo un verdadero nunca más… de estas causas armadas por estos pseudo grupos que persiguen fines ideológicos y económicos… que utilizan a los familiares, y, como en este caso, los familiares se prestan al juego”.

Apuntó, también, contra la Fiscalía y habló de una supuesta presión política de la Procuración General, a cargo de la Dra. Falbo. Pero en seguida se tranquilizó con un “esto se va a terminar con el nuevo Gobierno, porque como dijo nuestro excelentísimo Presidente de la Nación (Mauricio Macri), se va a terminar el curro de los de derechos humanos”.
Habló de los autogolpes de Gabriel, habló de que era un pibe problemático, “no era un nene de pecho, era un delincuente, se drogaba con marihuana” y etcétera. Aludió, lejos de entender que hay una familia clamando justicia, que buscamos “venganza no sé de qué… de que usan uniforme azul”, sus pobres defendidos asentían detrás. Y no se olvidó de decir que “Arruga es otra gran mentira instalada en La Matanza”.

Finalizó advirtiéndole al Tribunal que ellos serían ahora los “malos de la película, porque no les queda otra que la absolución, y los van a salir a escrachar”.
A su turno, el abogado Rubén Fernández, alegó desde lo técnico y finalizó pidiendo un procesamiento por falso testimonio a la sobrina de Gabriel Blanco, que en ese entonces tenía 13 años y declaró haber visto cómo los policías golpeaban a su tío al momento de la detención, y al Dr. Romero, quien formó parte, junto al fallecido Dr. Linares, de la segunda autopsia realizada a los 23 días de la muerte, que determinó que Gabriel fue asesinado.
Luego, los 3 acusados pudieron hablar y defenderse, en su justo derecho, ante un proceso judicial. Qué bueno, porque Gabriel no lo pudo hacer nunca. Porque antes de su proceso judicial, lo mataron.

El Tribunal se retiró y nos pidió que aguardáramos en la sala. Pensamos que irían a poner fecha de sentencia y regresar rápidamente. Pero pasó un rato. Pensamos que estarían almorzando. Pero el rato siguió pasando. Pensamos que vendrían con la respuesta a los pedidos de procesamiento por falso testimonio, pero ya íban dos horas y media de espera, conviviendo todos juntos en ese espacio mínimo, mirándonos, y olvidando de ratos dónde y porqué estábamos. Ya iban 6 horas de permanecer en la sala.
La sensación de ir a rendir un examen y saber que a los días recibirás la nota. Pero pasó que fuiste a rendir el examen, y te dieron la nota en ese momento. Y te bocharon. La enorme diferencia es que fuimos a buscar justicia por un pibe asesinado y casi nos vamos nosotros esposados y acusados.
El Tribunal regresó, dos horas y media después, con el veredicto y la fundamentación, de manera oral, en la mano.
El presidente del trío que compone el estrado, Dr. Deane, mirando al público presente, apuntó primero contra la campaña difamatoria sobre sus fallos “parciales”. Luego hizo mención a un hecho inexistente. Que las paredes de los tribunales habían sido empapeladas con sus nombres, escrachándolos.
“Encima nos retan”, pensé con certeza de la absolución que se venía. Dejé de tomar nota, los miraba, intentaba comprender cada palabra, pero tanta racionalidad y tecnicismo, tanta parcialidad con alevosía, me impedía comprender. Sentí.
“Que la gente de la APDH –continuó Deane- haya ido a la comisaría a preguntar qué había pasado, es lo esperado de un organismo que se avoca a esa tarea”. Su excelentísimo, desligando, al menos en eso, a nuestra labor militante de la intención macabra de la defensa, de decir que vamos a buscar rédito económico. Que se tome nota, seguimos exigiendo la desestimación de esa denuncia mentirosa por extorsión. “Pero que no vaya el Ministerio Público Fiscal primero, es motivo de investigar cómo fue su actuación”, elucubró, palabras más palabras menos, el juez. De hecho se pedirá que se investigue el accionar de la Fiscalía, llevada a cabo por Arribas, por su accionar en esta causa, así como hará lo mismo con el Colegio de abogados respecto a Bois y Blanco. “Encima nos retan…” ya había pensado.
Y cuando creés que el “reto” termina, dan lugar al procesamiento por falso testimonio a la sobrina de Gabriel y al Dr. Romero.
Y luego de una extensa fundamentación oral, como una frase perdida en toda esa oratoria, Deane dispara la absolución a Suárez, Gómez y Balbuena, quiénes rompen en llanto y celebran junto a sus familiares.

Teo se agarraba la cabeza. Un rato antes habría manifestado la esperanza de que habría alguna condena. Carmen lloraba.
Nos fuimos. Nos fuimos con una sentencia sorpresiva, en la soledad de la lluvia y el calor de unxs pocxs compañerxs que aguardaban afuera.
Entre ellos se encontraba Luz Gómez, víctima junto a su compañero Diego Romero de una causa armada que desarmamos con la organización popular. Luz venía con la buena noticia de que su pesadilla había terminado. Casación no dio lugar a la apelación de la Fiscalía por su absolución. Ya son libres de todo el proceso injusto por el que pasaron. Y los sentimientos se mezclaban. Luz afuera, libre, echando luz a la tormenta de salir y empaparnos de injusticia, de sentir que no se juzgó a los policías, se juzgó a Gabriel y a nuestra labor como organismo de derechos humanos.
Se nos dio la bienvenida al lejano oeste donde no habrá derechos para ningún humano, cuya certeza nos ratifica en el camino del poder popular frente a tanta injusticia.

Teo y Carmen volvieron a su casa de la Villa Borgward. Todos nos volvimos con la sensación de que algo faltaba… faltaba esa calle llena de gente en la sentencia que sería unos días después; no nos permitieron ni el calor de la organización, lo hicieron rápido, sin gente, sin ruidos, ni cámaras, con una lluvia tan a tono con lo que estaba sucediendo.

Ellos se fueron celebrando, como celebraron los asesinos de Gastón Duffau, los asesinos de Lucas Navarro. Si duermen tranquilos o no, no es de nuestra incumbencia, pero el continuar exigiendo justicia, vaya si lo es.