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SALTA

Sistemática represión de la infantería a vecinos de Joaquín V. González

Segundo Acosta, de 54 años, denunció la reiterada represión del personal del cuerpo de Infantería de esa localidad. “Cerca de las 20 me llamó mi hija, descontrolada por los nervios y gritando: “No sé qué pasa papito que están disparando, les pegan a los muchachos, tengo mucho miedo’' me dijo llorando. Salí corriendo, me subí a la camioneta y me fui para mi casa, ya se habían ido”, recordó indignado el denunciante. (Por SdN Radio Digital)

Salta

“Vivo en la esquina de calles Arenales y Mariano Moreno, ahí tengo una despensa y como anexo una sandwichería, soy expresidente de la Liga de Veteranos de Fútbol y actualmente estoy en la comisión. Los sábados solemos jugar al fútbol con amigos, donde incluso concurre personal policial, después del partido nos juntamos en mi casa para charlar y beber algunas gaseosas y cervezas. Te hablo de personas de entre 40 y 50 años, gente grande que nos juntamos para socializar un rato”, comenta Pedro Acosta.

Hace unos 15 días, como es habitual, Acosta y sus amigos se juntaron a jugar al fútbol y charlar en el tercer tiempo. Por algunos inconvenientes de salud, esa tarde Acosta tuvo que ir al hospital. “Cerca de las 20 me llamó mi hija, descontrolada por los nervios y gritando: “No sé qué pasa papito que están disparando, les pegan a los muchachos, tengo mucho miedo’' me dijo llorando. Salí corriendo, me subí a la camioneta y me fui para mi casa, ya se habían ido. Según me dijeron, justo ese día hubo un incendio cerca y tuvieron que trasladarse a ese lugar”, recordó indignado el denunciante.

Cuando el sol se dispone a ocultarse y los amigos se juntan en la vivienda ubicada en la casa del ex presidente de la Liga de Veteranos, como ladrones en la noche los de Infantería sorprenden a los hombres rodeados de mujeres y niños. “Mi hija, de 16 años, y mi señora me dijeron que además de disparar y pegarles a mis amigos quisieron entrar a la casa por la fuerza. En mi casa está mi señora, mi hija y varios menores, es una locura lo que hacen, sacan la Itaca y empiezan a los tiros. Esa noche se llevaron a tres de las personas que habían jugado al fútbol, entre ellos un policía de apellido Ramos”.

Según Acosta, no es la primera vez que el personal de Infantería actúa de esa manera. “Lo hicieron varias veces y hay denuncias por distintos hechos, gente que recibió disparos y fue dañada sin sentido”, apuntó. “Lo que denuncio es el atropello que cometen estas personas en su accionar, había menores, como mi hija y mi nieto de 5 años, intentaron meterse a mi casa pero no pudieron, preguntaban quién más estaba adentro para llevarlo preso, una locura, eso ya lo vivimos en otra época, ya no va más, para ingresar tienen que tener una orden judicial”.

A las expresiones de Acosta también se sumaron las de varios vecinos: “Lo que ocurrió el sábado pasado es algo que ocurre desde tiempo atrás, desde que en el pueblo hay un cuerpo de Infantería, comisarios renegados, llenos de odio que por algún motivo fueron trasladados acá y hacen cualquier cosa, a cualquier hora y por lo general de noche atropellan a cualquiera y se quieren meter sin permiso a las casas, andan a los tiros. Hay uno de ellos que tiene como seis denuncias en su contra”, se sumó a la denuncia pública uno de los amigos futboleros de Acosta.

Con nombre y apellido
Luego de realizar la denuncia en la comisaría 50 de Joaquín V. González, Pedro Acosta volvió para hacer una ampliación de la misma y señalar “con nombre y apellido al señor que lo llamo ''francotirador’' o ''gatillo fácil’', es el oficial auxiliar Roque Maidana Teseyra, ese tipo es el que se bajó y empezó a los tiros, lesionando a las personas y metiendo temor a toda una familia”, sostuvo el denunciante.

Varios atropellos
Según contó el señor Acosta a este medio, el 2 de abril personal de Infantería también montó un operativo similar al que hizo en su domicilio. “Ese día, cerca de mi casa, en otro negocio a la par de la cancha de fútbol, se llevaron a unas 15 o 20 personas, entre ellos algunos policías”.

Los denunciantes repudian el accionar del personal de Infantería, que según ellos guarda similitud con el desarrollado durante la década del 70, durante el denominado Proceso de Reorganización Nacional, y ante las amenazas que reciben, algunos no se animan a denunciar.

“En otra de las denuncias que están en la fiscalía penal de J. V. González, a un amigo lo sacaron de los pelos de su camioneta, lo esposaron y lo sentaron en el lugar del acompañante. A punta de pistola lo mantuvieron ahí y un policía manejó la camioneta particular de mi amigo. Algo parecido pasó con mi yerno unos 15 días atrás, en un embotellamiento se negó a las órdenes que recibía de ellos, lo tomaron como una rebeldía y lo amenazaron con bajarlo del vehículo”.

Ante las denuncias, esperan que las autoridades ligadas a la seguridad de la ciudadanía sean alertadas y pongan un freno al “accionar deliberado del Cuerpo de Infantería. Voy a utilizar una frase bien conocida por todos los argentinos, en J.V. González no queremos represión “nunca más’'”.

Por suerte no hubo niños heridos
Acosta solicitó se tomen las medidas necesarias frente a los apremios. La tarde noche que llegó Infantería a la casa de Acosta y comenzó a disparar a quienes compartían una de las tantas juntadas después del fútbol, “además de los tres detenidos y algún que otro lesionado por los disparos, los menores que estaban en la casa quedaron traumados, por suerte no terminaron con heridas”, expresó el Acosta.

“En ese momento uno de ellos, que bajó con una escopeta – dijo que sería una Ithaca- y comenzó a los tiros se llevó a tres de los hombres que estaban ahí. ¿El motivo? Nadie supo por qué”, agregó. En la ampliación de su denuncia, Pedro Acosta solicita al jefe de la Unidad Regional que tome las medidas correspondientes y que “la actuación se eleve a la Central de Policía de la Provincia”, porque considera que la Policía está para proteger a los ciudadanos y no para maltratarlos.

PRESENTACIÓN 5/5 19.00 HORAS - ESCUELA DE MÚSICA POPULAR DE AVELLANEDA - AVENIDA VELEZ SARFIELD 680

Chico, Repique y Piano (Breve historia de la llegada del candombe a la ciudad de Buenos Aires) de Hugo "Hueso" Ferreira"

(APL)Presentado por Juancho Farías Gómez (Regente y jefe del área de folklore de la EMPA. Al finalizar, habrá toque de tambores a cargo de: Juan Carlos “Candamia Prieto; Alberto Jimmy Santos” Madruga: Hugo “Hueso” Ferreira. Cuadro de personajes típicos: mama vieja Doña Elvira Barboza; granillero Don Roberto Fabio “Kuchi” Amaro. “El libro de Hugo Ferreyra (Editorial Ciccus) pone en contexto el fenómeno migratorio de buena parte del pueblo uruguayo a partir de los tempranos setenta del siglo pasado. El Montevideo de la represión pero también de la resistencia popular, que tuvo una de sus expresiones en el arte y la cultura: el candombe, ese emblema representativo de la negritud dentro del carnaval montevideano. En ese marco, parte de los miles de uruguayos que cruzaron el Río de la Plata buscando en Argentina nuevos horizontes, fueron negros candomberos que, una vez en Buenos Aires, se ganaron la vida y el sustento de sus familias en diferentes oficios. Así, recalaron en ubicaciones generalmente humildes en los barrios porteños y también del Gran Buenos Aires”. Así lo escribió el critico Rodolfo Rodríguez, en parte del texto donde analiza el volumen. (Ver más a abajo)

Hueso

Comienza este libro poniendo en contexto el fenómeno migratorio de buena parte del pueblo uruguayo a partir de los tempranos setenta del siglo pasado. El Uruguay de la desocupación y la inflación en alza permanente, de las medidas de pronta seguridad, del “cartón azul” para comprar leche y fideos en los Expendios.

El Montevideo de la represión pero también de la resistencia popular, que tuvo una de sus expresiones en el arte y la cultura: el candombe, ese emblema representativo de la negritud dentro del carnaval montevideano. En ese marco, parte de los miles de uruguayos que cruzaron el Río de la Plata buscando en Argentina nuevos horizontes, fueron negros candomberos que, una vez en Buenos Aires, se ganaron la vida y el sustento de sus familias en diferentes oficios. Así, recalaron en ubicaciones generalmente humildes en los barrios porteños y también del Gran Buenos Aires.
Uno de esos lugares fue “El Sheraton”, un conventillo ubicado en pleno barrio de Congreso en el que vivieron uruguayos provenientes de los barrios vecinos, Sur y Palermo, en su gran mayoría de raza negra y mulatos, los varones muchos de ellos tamborileros y las mujeres bailarinas integrantes de las Comparsas “Fantasía Negra” y “Morenada”, que traían consigo su riqueza cultural propia de la raza.

En una cuadra que fue formando su propio microclima, donde compartían espacios comunes el Bar del Tito (medio-tanque en Isla de Flores y Yaguarón), y una plomería, de se iba gestando, al calor de la nostalgia por el barrio, lo que hoy vemos desplegado y formando parte del paisaje cultural porteño: la movida candombera contemporánea en la ciudad de Buenos Aires.

Allá por 1978, cuando Argentina ganó el campeonato Mundial de fútbol, los habitantes del Sheraton se sumaron a la algarabía popular y salieron a la calle con sus instrumentos, muchos de ellos improvisados, con lo que había. Para estos exiliados, el hecho de tocar en la calle y desfilar sin temor en una ciudad que estaba bajo una dictadura, significó un puntapié inicial para comenzar a dar forma concreta a la presencia del candombe en tierras argentinas. Así fue como en Febrero de 1980 hace su debut la primera Comparsa de Negros y Lubolos, fundada fuera del Uruguay: “Patindombe”, por Rodolfo “Patín” Zarate y “Carlitos” da Silva, un argentino y un uruguayo.

Asimismo, el libro da cuenta de las participaciones de cuerdas de tambores en recitales de importantes músicos uruguayos que tuvieron la iniciativa de invitarlas. Rubén Rada en el teatro Margarita Xirgú y “Beto” Satragni en el Teatro Cómico (hoy Lola Menbrives) de la avenida Corrientes fueron pioneros en esta saludable costumbre, propiciando así la difusión del candombe en este lado del río de la Plata.

La fundación de AROJA (Asociación de Residentes Orientales José Artigas), las peñas y festivales, la creación de “Por la Vuelta”, primera murga estilo montevideana fuera del Uruguay, fundada por Hugo “Hueso” Ferreira, la gestación de “Hijos de Morenada y Fantasía”, segunda comparsa de candombe fuera del Uruguay, fundada por tres afro-uruguayos, Carlos Abril “Pichi” Lasalvia, Juan Carlos “Candamia” Prieto Nazareno y Hellit Tabares “Pedrito Ferreira” (h). Estos son parte importante de este libro, que pone foco en las vicisitudes y experiencias que fueron atravesando los uruguayos exiliados y sus familias en estos procesos de expansión y crecimiento cultural y de inserción en la sociedad porteña.

El conventillo de Balcarce y Cochabamba, las primeras llamadas en San Telmo, la tensión propia de aquellos años en la relación con cierta parte de la sociedad y con la policía especialmente que no veía con buenos a ojos a los afro-descendientes en general y a los candomberos en particular. Semblanzas de la vida cotidiana de los orientales en Buenos Aires, que el libro combina sabiamente con la narración de la irrupción de la comparsa por la puerta grande, en el estadio Obras y de la mano de Rubén Rada, el 8 de abril de 1983

Nos pasea por aquella fiesta de Inauguración de Teatro Abierto 1983 con una cualitativa intervención de uruguayos. Desde Aquiles Fabregat y Julio césar Castro, “Juceca” en la elaboración de los textos, hasta la participación destacada en un desfile de 40 cuadras por Buenos Aires en la que “Hijos de Morenada y Fantasía” “Por la Vuelta” tuvieron una actuación preponderante. Y va avanzando en el tiempo de manera de dar semblanza de la evolución del candombe como expresión cultural popular que forma, cada vez más, parte del paisaje porteño. Las llamadas como costumbre ya instalada tanto en San Telmo como en diferentes zonas del Gran Buenos Aires y otras provincias como Santa Fe. Algunas de estas actuaciones tuvieron amplia repercusión y se vieron reflejadas en los periódicos de Buenos Aires, van en el libro algunos de estos.

Reflexiona también sobre los cambios en los modos de interpretación y en un cierto desdibujamiento de la espiritualidad de la cultura original del candombe dentro de este proceso de expansión. El autor, narrador incesante, convoca permanentemente a quienes fueron, como él, protagonistas de esta historia. Todos los nombres que fueron posibles de recordar están citados en el libro y puestos en su contexto correspondiente. Muchos de ellos ya fallecidos, todos tienen aquí su recuerdo y su voz. Quizás por eso se agrega, como broche de oro, un Anexo con entrevistas a tres de los más destacados personajes de la cultura del candombe que fueron y son aún gestores permanentes de su difusión: Hellit Tabares “Pedrito Ferreira” (h) en su paso por esta ciudad y Juan Carlos Prieto Nazareno “Candamia”, y Luis Alberto Madruga Santos “El Mingo” o “Jimmy Santos”, referentes indiscutibles del candombe afro-uruguayo en la Argentina.