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ENFOQUES

La cárcel tiene cara de mujer

(Por Emilio Ruchansky/ Nuestras Voces) La aplicación de la ley de drogas le está arruinando la vida a miles de personas en la Argentina, pero la peor parte se la llevan las mujeres. En el Servicio Penitenciario Federal, dos de cada tres están presas por venta minorista o micro tráfico. En la provincia de Buenos Aires, donde una norma conocida como desfederalización permite a policías y fiscalías locales accionar en causas menores desde 2005, la mitad de la población carcelaria femenina purga o espera condenas por menudeo. “Mujeres madres, en su mayoría solteras, que se encuentran a cargo de la jefatura de sus hogares”. Así las describía un informe de la Procuración Penitenciaria de la Nación.

Mujeres

“Las organizaciones criminales negocian a las mujeres y las entregan para que la policía haga estadísticas”, afirmó Laurana Malacalza, coordinadora del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo bonaerense, durante la presentación de una Guía de reforma de políticas de drogas, impulsada por la Organización de los Estados Americanos (OEA).

“¿Son el último eslabón?”, se preguntó Malacalza. Para la mayoría, la venta o el micro tráfico son parte de una estrategia de supervivencia por la situación de pobreza en la que se encuentran, sostuvo.

La detención de estas mujeres no tiene impacto para las organizaciones criminales. Las reemplazan rápido. “Están lejos del estereotipo de la reina del Pacífico”, comentó Coletta Youngers, la especialista norteamericana que coordinó la Guía. “En muchos países sus hijos quedan sin hogar, viviendo en la calle o en instituciones públicas y ellas son estigmatizadas por traicionar su rol de género”, agregó. La situación Argentina es similar en Brasil, Chile, Costa Rica y Perú. Solo el gobierno de Ecuador concedió una amnistía y liberó en 2008 a casi 1500 “mulitas”, la mayoría eran mujeres.

La tasa de encarcelamiento por estos delitos menores y no violentos crece más rápido entre las mujeres que entre los hombres en Argentina. El perfil en ambos sexos suele coincidir: pobres y primarios (sin antecedentes). La ley de drogas no tiene contemplaciones. El mínimo es de cuatro años. A partir de los tres, las condenas de prisión son siempre efectivas. Algunos tribunales optan por “perforar el mínimo”; los menos, por declararlo inconstitucional al considerarlo “excesivo, desproporcionado e irrazonable”, como resolvió el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Catamarca el año pasado.

Un tercer enfoque, más justo pero incipiente aún, implica determinar si hubo un aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad de estas personas “primarias” por parte de las redes dedicadas a la venta minorista de drogas ilegales. En estos casos, los beneficios que brinda la ley de trata se asimilan para las figuras de explotación y reducción a la servidumbre. Por ejemplo, una mujer que vende drogas ilegales y es rescatada de un prostíbulo no puede ni debe ser penada por menudeo.

“Por las especialísimas condiciones que soporta durante su explotación, no merece ningún reproche, ni sufrimiento adicional al padecido. Se entiende, además, que las decisiones que tome ‘como resultado directo’ de haber sido víctima de trata o explotación, las legales y las ilegales, tienen como raíz y meta su supervivencia o subsistencia”, explicaron en Sobre víctimas victimarias los fiscales Marcelo Colombo, titular de la Protex (la procuración especializada en trata), y María Alejandra Mangano.

La situación de encierro cuando se tienen hijos o familiares a cargo es especialmente dura. Muchas mujeres deben criarlos dentro de la cárcel, por más que el código de ejecución de la pena disponga el arresto domiciliario cuando se crían niños o niñas menores de cinco años. Al momento de fijar una dirección para conseguir esa morigeración de la pena, dan la de su casa y ahí mismo jueces y juezas espetan que allí las atraparon vendiendo. Toda una lección de prejuicio, arbitrariedad y clasismo.

La propia defensora general de la Nación, Stella Maris Martínez recordó durante la presentación de la guía respaldada por la OEA como salió el tema debajo del tapete judicial, en 2005: “Cuando encontraron 22 mujeres y 2 niños encerradas en un container en Jujuy”.
La magnitud del fenómeno carcelario debido al tráfico hormiga de cocaína por la frontera con Bolivia pasa desde hace años desapercibida en la agenda pública. Solían ser bolivianas, aunque las argentinas las equiparan en la actualidad, según fuentes de la Procuración Penitenciaria que visitaron el penal de Güemes.

Las condiciones de hacinamiento siguen siendo preocupantes en el norte y en la provincia de Buenos Aires pero también lo será en todas aquellas provincias que estrenan la desfederalizacíón: Córdoba (2012), Salta (2014) y Chaco (2015). En Entre Ríos está frenada. No es muy difícil averiguar quién vende al menudeo en cualquier pueblo o ciudad, a las fuerzas policiales no se les escapa la tortuga en este sentido; el problema es cuando se monta sobre el menudeo toda una maquinaria policial y judicial.

“Si bien la adopción de la ‘desfederalización’ puede resultar atractiva para ciertos actores de la clase política como una forma de mostrarse beligerantes frente al tráfico de drogas- sobre todo en períodos electorales parece saturar los sistemas judiciales y penitenciarios que no siempre se encuentran preparados para las consecuencias de la reforma. Así, se genera a corto plazo un efecto simbólico que a largo plazo se transforma en una situación problemática”, analizó el investigador Alejandro Corda en un reciente estudio minucioso de la prisionización llamado La estrategia fallida.

La búsqueda de alternativas a la prisión con perspectiva de género y la reforma de la ley de drogas y del código aduanero son dos ítems importantes. El primero porque reduciría el daño familiar y social que causa el encierro indiscriminado, el segundo porque es la herramienta necesaria para que reine la proporcionalidad –estableciendo penas mínimas que sean excarcelables- y se distingan los actores inferiores, medios y superiores dentro de las organizaciones criminales.

Reconocer que como existen mujeres en situación de prostitución, existen otras en situación de menudeo ayudaría mucho también. Lo dijo un defensor público federal Iñaki Anitua, al referirse a la situación de sus defendidas en el panel que compartió con Youngers y Malacalza: “El mercado de las drogas ilegales refuerza ese lugar de opresión de la mujer”. Y además, señaló, no se criminaliza a quien llama por celular para que le lleven alguna sustancia ilegal, sino principalmente al que provee. Es decir, a quienes están más expuestos: la carne cañón del sistema penal.

DEDICADO A LOS DESAPARECIDOS EN “DEMOCRACIA”

“Ni idea”

(APe). Las ideas no se matan, dicen que escribió Sarmiento. Lo más triste y preocupante es que hay ideas que matan. Más bien, asesinan. Al contado o en cuotas. Con anestesia local y general. A corto, mediano o largo plazo. Incluso hay asesinatos transgeneracionales planificados con décadas de anticipación. El Imperio no improvisa. Por nuestras respuestas siempre llegan tarde. El día después, el mes después, incluso el año después. Nuestras respuestas son reactivas: masivas pero efímeras. Incluyo a lo espontáneo de diciembre de 2001 porque lo no espontáneo también estaba planificado. Supongo que desde la misma asunción de De la Rúa. Creo que la cultura represora tiene agendado producir en forma diaria, y varias veces por día también, noticias escandalosas, terribles, martillar con eso en forma permanente, y silenciar la hipocresía y complicidad que supone la fingida sorpresa

Desaparecidos

Creo que la política aparece en la superficie cuando cada “sorpresa” es tomada como “analizador”. O sea, la ventana que nos permite asomarnos a lo fundante. Que no es otro que pensar la política como movimiento real de la lucha de clases. Por eso los nombres propios, sean del oficialismo de turno o de la oposición de turno, son encubridores. Maldecir a tal o cual, adjetivarlo de las peores maneras posibles, puede ser útil como descarga, pero inútil como remedio que sea mejor que la enfermedad.

Hay enfrentamientos acérrimos dentro de la misma clase. Y puede haber acuerdos tácticos con clases diferentes. No hablo del consenso, que detesto porque creo que es uno de los disfraces de la hegemonía. Pero sí hablo de sostener la diferencia entre táctica y estrategia. Nuestro gran problema es que en los sectores populares hay más diferencias en la estrategia que en las tácticas. El eterno retorno a alguna forma de peronismo no es un mito. A mi criterio, aún el fundante del peronismo no se ha conmovido.

Para eso, hay que desmitificar al Estado en su rol de árbitro, de veedor, de auditor, de tutor, de compensador, de padre / madre bueno, justo, severo, criterioso. No sé si el Estado es un mal necesario, pero estoy seguro que no es el Bien. Y mucho menos el Bien Absoluto. Por eso enfrentamos la ley antiterrorista, que era insanablemente injusta, sin importarnos demasiado si el gobierno de turno la iba a aplicar. Porque los turnos cambian, pero las leyes represoras quedan.

Lo que sí me parece necesario de establecer, es que más allá del contenido, no es posible una democracia sin ideas. Incluso porque no es lo mismo la idea de democracia, que la democracia de las ideas. Cuando aparece Carta Abierta, uno de los tantos banquetes a los que no fui invitado, no fue otra cosa que un encuentro de ideas. Y eso es valioso. Podremos o no contestarlas, enfrentarlas, superarlas o ni siquiera darles importancia. Pero ahí están.

No tener idea es una forma absoluta de la neutralidad y la falsedad. Porque si no hay ideas de aquello que hizo bisagra en la historia, desde un meteorito que cayó hace 4.000 años, hasta una lluvia de meteoritos que cayeron hace pocos meses y que algunos llaman tarifazo, entonces estamos en las manos del peor de los destinos. Einstein dijo: Dios no juega a los dados. O sea: no hay azar ni casualidad. Hay una causalidad compleja. Que convoca a tener muchas ideas. Todas aquellas que el odre de nuestro cerebro pueda albergar.

Por eso considero que atentar contra las ideas es otro crimen de lesa humanidad. Porque si algo marca lo humano como tal, es la capacidad de tener ideas. Incluso ideas sobre qué es una idea. No es casual, sino causal, que el coloquio de las empresas dueñas de la argentina se llame el Coloquio de IDEA. La derecha siempre tiene razón, aunque es una razón represora.

Momento perfecto para que tengamos, sostengamos y difundamos ideas no represoras, libertarias, emancipadoras y revolucionarias. Nada menos.

“¿Fueron 30 mil los desaparecidos? – preguntó la corresponsal.

-No tengo idea, no sé, es un debate en el cual yo no voy a entrar. Si fueron 9 mil ó 30 mil; o los que están anotados en un muro o son muchos más. Me parece que es una discusión que no tiene sentido”.

El Presidente tiene razón. No hay que discutir. Apenas leer y recordar. Hay sentencia firme de la Corte Suprema de Justicia sobre el plan criminal y sistemático. No es un tema de cuantos son, sino de por qué fueron desaparecidos. De 5.000 a 50.000. El número no hace al monje y el hábito tampoco. Desde el primero hasta la última, fueron secuestrados, torturados, masacrados y asesinados para instalar un terror que permitiera malvender y entregar a nuestro (eufemismo) país.

Lo siniestro es que en democracia, y especialmente desde Menem en más, el terror dio paso a mirada tierna de la democracia. Pero hace 23 años que el estudiante de periodismo Miguel Bru sigue desaparecido. Su madre, Rosa Schönfeld, es también otra madre de alguna plaza. El Terror aunque se vista de seda democrática, como terror queda. Y de eso también es necesario tener idea. Asesinatos en democracia son miles. La impunidad es cada vez mayor. Mujeres secuestradas y esclavizadas, siguen sumando dolor, tortura y terror. El eufemismo “trata”, también esconde la planificación sistemática del secuestro y la tortura para el siniestro y lucrativo consumo de sexualidad.

Por eso, cuidemos nuestras ideas. Incluso de nuestros propios compañeros que, a veces, son más duros con nosotros que con el enemigo. Incluso de nosotros mismos, que no pocas veces dejamos caer nuestras ideas para que otros las pisoteen. Ni trabaja, ni estudia, ni tiene ideas. Ese mantra de la cultura represora será subvertido. O terminaremos consumiendo las ideas de nuestros enemigos. Esa es mi idea.