Si tocan a nuestra compañera, nos tocan a todxs

A la fecha, son más de 150 compañerxs de la región que están procesadxs por este sistema judicial, que otorga más valor de condena a una pintada en una pared o la rotura de un vidrio que a la muerte por la espalda de una persona desarmada. En este marco, se utilizan jurídicamente términos como lesiones agravadas y atentado a la autoridad para invisibilizar la lógica resistencia de una persona que al ser detenida es inmovilizada y golpeada entre varios efectivos armados.

No somos ingenuxs . Sabemos que Moldes es el juez que necesita el sistema capitalista. Asumió su función, dispuesto a cumplir las órdenes que le dicta el poder. Pertenecer trae sus beneficios y si para lograrlo hay que utilizar el aparato jurídico, se utiliza y punto. Y de esto, sabe mucho el juez Moldes. Ya lo conocemos. También sabemos que es imposible que un sistema político y económico tremendamente injusto y desigual construya leyes que sí lo sean.

Así es como este sistema convierte hábilmente la rebeldía en delito y la conciencia en signo de peligro. Ser pacífico significa soportar la brutal violencia que ejerce en todas sus formas hacia el pueblo. Nosotrxs, no queremos confundirnos. La pasividad y resignación nos convierten en cómplices y espectadores de la injusticia.

Desde Convocatoria, reivindicamos la necesaria e imprescindible rebeldía que nos da el coraje para cambiar las cosas. Por eso, compañerxs, porque cada derecho que logramos como pueblo fue, es y será con lucha, estamos convencidos que además de solidarizarnos con la compañera y de repudiar lo mucho que hay que repudiar, en esta hora es imperiosamente necesario que tomemos la decisión de organizarnos políticamente y luchar.

11de diciembre 2018.
Convocatoria Segunda Independencia- Bariloche

Partió Fabián Tomassi: «Como si la vida no importara»

En las innumerables entrevistas que les dio a medios locales y de todo el mundo, Fabián Tomasi era lapidario con respecto a los que fabrican y usan agrotóxicos: “No son empresarios, son operarios de la muerte”. E insistía: “Lo que más duele es el silencio de la mayoría, y todos esos niños que nacen con malformaciones por los agrotóxicos en un país sin asistencia y que les da la espalda. Mientras, las empresas que los fabrican, los medios que los defienden, y los funcionarios que los permiten, insisten con llamarlos fitosanitarios, como si no mataran, como si la vida no importara”.

Partió Fabián Tomassi: «Como si la vida no importara»

Partió Fabián Tomassi: Partió Fabián Tomassi: «Como si la vida no importara»

En las innumerables entrevistas que les dio a medios locales y de todo el mundo, Fabián Tomasi era lapidario con respecto a los que fabrican y usan agrotóxicos: “No son empresarios, son operarios de la muerte”. E insistía: “Lo que más duele es el silencio de la mayoría, y todos esos niños que nacen con malformaciones por los agrotóxicos en un país sin asistencia y que les da la espalda. Mientras, las empresas que los fabrican, los medios que los defienden, y los funcionarios que los permiten, insisten con llamarlos fitosanitarios, como si no mataran, como si la vida no importara”.

Cinco presos fueron asesinados en Victoria, Entre Ríos

Cinco presos fueron asesinados en Victoria, Entre RíosCinco presos fueron asesinados en Victoria, Entre Ríos

(Por Oscar Castelnovo/APL)Cinco detenidos, bajo guarda y custodia del Estado entrerriano, fueron asesinados ayer en la Unidad Penal N° 5 de Victoria. Se trata de Matías Rodríguez (30), Marcelo Beber (31), Justo Silva (53), Vladimir Casco (20) y Brian Alarcón (20). La letra y música del relato penitenciario ya lo conocemos de sobra: «pelea», «otros presos», etc, etc. Incluso, el gobernador entrerriano Gustavo Bordet prometió que «caerá todo el peso de la ley» sobre los presos responsables, y ya puso en marcha la impunidad motorizada por el poder político. Los agentes penitenciarios cobran su salario para resguardar la integridad y la vida de los seres humanos que el Estado resolvió encerrar. Aún si por un segundo, creyéramos la versión de los penitenciarios, vienen las preguntas del millón: ¿Y dónde estaban los uniformados cuando sucedieron los hechos? ¿Por qué no evitaron la pelea? ¿Por qué no impidieron el incendio? ¿Por qué no apagaron el fuego? Claramente,fueron asesinados por el Estado y existen responsables con nombres y apellidos: Esa es la verdad. ¡Toda nuestra solidaridad con las familias de los muchachos!

Cinco presos fueron asesinados en Victoria, Entre Ríos

(Por Oscar Castelnovo/APL)Cinco detenidos, bajo guarda y custodia del Estado entrerriano, fueron asesinados ayer en la Unidad Penal N° 5 de Victoria. Se trata de Matías Rodríguez (30), Marcelo Beber (31), Justo Silva (53), Vladimir Casco (20) y Brian Alarcón (20). La letra y música del relato penitenciario ya lo conocemos de sobra: «pelea», «otros presos», etc, etc. Incluso, el gobernador entrerriano Gustavo Bordet prometió que «caerá todo el peso de la ley» sobre los presos responsables, y ya puso en marcha la impunidad motorizada por el poder político. Los agentes penitenciarios cobran su salario para resguardar la integridad y la vida de los seres humanos que el Estado resolvió encerrar. Aún si por un segundo, creyéramos la versión de los penitenciarios, vienen las preguntas del millón: ¿Y dónde estaban los uniformados cuando sucedieron los hechos? ¿Por qué no evitaron la pelea? ¿Por qué no impidieron el incendio? ¿Por qué no apagaron el fuego? Claramente,fueron asesinados por el Estado y existen responsables con nombres y apellidos: Esa es la verdad. ¡Toda nuestra solidaridad con las familias de los muchachos!

Antonella y los cánceres de Gualeguaychú

Entre Ríos es una autopista sojera, capital de un modelo de producción que necesita envenenar para subsistir. Dos días antes de que Antonella muriera, Natalia Bazán habló 28 minutos frente a su celular. La madre de Antonella habló cuando la nena ya dormía y el dolor había sido derogado en las últimas horas de vida. Y dijo que “la vida de nuestros hijos no siga siendo un negocio”. Y dijo que “paren toda esta mierda que mata a nuestros hijos y a otros les llena el bolsillo”.
Natalia pasó meses en el Garrahan asistiendo al derrumbe de su chiquita de ocho años, en una foto brutal de la inclemencia del sistema. Donde la economía vapulea a la salud, destierra a los débiles y condena el futuro a la intemperie. “La mayoría de los chicos con cáncer viene de Entre Ríos”, dice. Y para ella el dolor llega directo desde el agua y el aire.

El periodista Fabián Magnotta, después de la investigación donde surgió que el cáncer en Gualeguaychú superaba la media nacional, publicó en su perfil de Facebook un pedido: “No hay estadísticas sobre cáncer en menores de 18 años en Gualeguaychú. Agradezco información para hacerla”.
Decenas de respuestas con nombres, con edades pequeñas, con historias de leucemias y cánceres, con temporadas eternas en el Garrahan, lejos de casa, con muertes absurdas, caprichosas, colonizando espacios donde deberían regir la rayuela y la vertical, la cancha y el burbujero, despacito y el brujo de bulubú, el reggetón y la bici.
Le llevará un año más a Fabián Magnotta elaborar toda esa muerte aluvional. Pero será él quien lo vuelva a hacer porque las cifras oficiales, si hay, se guardan celosamente. Para no generar segundas investigaciones (por ejemplo, las causas) que puedan fastidiar a los actores de ubicuidad intensa de los agronegocios. Que suelen ser diputados, ministros, médicos, empresarios. Es decir, telas de araña que envuelven la voluntad de los pueblos. Que conceden generosamente el trabajo con el que subsisten esos pueblos. Y ante los que pocos se atreven a correr un riesgo que, además de la hipoteca del futuro, a la que ya están resignados, les abroche el vaciamiento del presente.

Antonella murió el lunes a las 10,25 en la Terapia Intensiva del Garrahan. “Las cinco quimios le destrozaron los órganos”, dijo Natalia Bazán. En una provincia arrasada por los agroquímicos, probablemente Anto haya sufrido el castigo de la hierba frágil. Y la terapia con más química la haya quebrado como un cristalito. Acaso no se sepa nunca. Y sólo quede en la canasta de las hipótesis. O en el baúl de los mitos. Para que no se despierten los propietarios de la tierra y el agua. Y se sientan ofendidos por niños que se mueren como daños colaterales.

Como murieron Leila Derudder (14) y Joan Franco (dos años y medio) en 2014 en San Salvador, Entre Ríos. A 200 kilómetros de Gualeguaychú. En esa cuadra donde el cáncer golpeaba a la puerta casa por casa.

La revista internacional Environmental Pollution fue la que publicó el informe de los investigadores del Conicet: Entre Ríos registra los más altos niveles de acumulación de glifosato a nivel mundial. “Dada la enorme cantidad pulverizada y la afectación de los microorganismos encargados de su degradación, el producto no hace más que acumularse en las tierras con todo el riesgo tóxico que esto implica”.

Es una evidencia científica de la criminalidad del impacto socioambiental del modelo de producción que ha subsistido con éxito desde su blanqueo brutal en 1996 con la entrada de la transgénesis, en un tránsito por neoliberalismos, progresismos y etcéteras, amamantados todos prolijamente por la nueva concentración de poder.

Las evidencias políticas están en la impunidad. En la ceguera judicial que es capaz de negar responsabilidades a pesar de la autopsia en un cuerpito plagado de endosulfán. En la decisión de mantener el modelo como columna y sostén del estado.

Mientras la vida pasaba afuera, desesperada, vertiginosa, Antonella moría el lunes. A las 10,25 de la mañana. Tenía ocho años. Estuvo meses en el Garrahan, enchufada a cables y agujas, atada a barbijos, cantando hasta que pudo. Cuando debió haber jugado hasta el hartazgo. Tomando helados, pelándose las rodillas en la plaza y riéndose de Gualeguaychú, con ese nombre de estornudo. Libre y feliz.

«Monseñor»

Monseñor

–¿Por qué has pecado hija?
–No lo pude evitar Monseñor, cada vez que lo veo siento algo que corre por mi cuerpo y quiere salir; es más fuerte que yo.
–Es el Demonio que tienes adentro; es el pecado en tu cuerpo, debes expulsarlo. Reza diez Padre Nuestro y diez Ave María, y trata de no repetirlo nunca más; no solo has engañado a tu marido, también defraudaste al Señor.
Salió del confesionario, cansado y dolorido por estar tanto tiempo dentro de ese espacio tan pequeño; si bien por ser obispo su obligación no era confesar a los feligreses, al hacerlo mantenía contacto con ellos, algo que disfrutaba mucho. Se dirigió a la sacristía, y en el trayecto recibió el cariño de la gente, a quienes muy contento llenó de buenos augurios y bendiciones.

Casi una hora después, luego de hablar con los sacerdotes –a quienes les ordenó varias tareas– caminó hacia el patio trasero y ascendió a su moderno coche. Hacía calor, pronto encendió el motor y esperó a que el aire acondicionado hiciera más agradable el ambiente. El viaje hasta su casa le llevó treinta minutos; podría vivir en la propia iglesia –provista de confortables habitaciones –, pero prefería la soledad de una vieja y pequeña estancia en las afueras de la ciudad. Ahí estaba tranquilo, disfrutaba de la naturaleza, la música, sus lecturas y demás pasatiempos sin nadie que lo moleste ni interrumpa.

Llegó, guardó el coche en el viejo galpón de madera que hacía las veces de garaje e ingresó a la residencia; luego desactivó la alarma que lo resguardaba de intrusos. Fue a su habitación, sentado en la cama se despojó de sus sandalias; se quitó la negra sotana, luego el fajín y el solideo –ambos morados– y su anillo, y en ropa interior entró al baño. Tras darse una ducha, tomó la toalla y fue al comedor, a la vez que secaba su cuerpo; allí encendió su equipo de música, y con el bolero de Maurice Ravel de fondo entró a la cocina. Sacó de la heladera queso, salame y un litro de leche; también una vasija con milanesas. En la mesa cortó todo en pequeños trozos, les agregó pan y los puso dentro del mismo recipiente; a este lo colocó en un canasto, junto a un par de vasos plásticos y la botella de leche.

Mientras meneaba su obesa figura al ritmo de Ravel, caminó desnudo hacia la biblioteca, con el canasto colgado de un brazo. Sacó un libro – una vieja edición en latín de la Biblia, con tapa púrpura y letras doradas–, lo apoyó en un estante y movió una palanca que estaba oculta al fondo del mueble. Una sección de unos 80 centímetros de la biblioteca giró hacia un lateral, dejando al descubierto un pequeño espacio libre por el que, muy dificultosamente, ingresó Monseñor. Un metro más adelante comenzaba una angosta y empinada escalera, que llevaba al sótano de la antigua estancia. Descendió por ella, abrió una pequeña puerta, e ingresó en una amplia sala iluminada solo por la tenue claridad de unas velas. Luego de encender la luz artificial, se persignó ante una estatua de Cristo, y sobre una alfombra roja se arrodilló a rezar; pegado en la pared lo acompañaba en sus plegarias un poster a cuerpo completo del Papa – su amigo– junto a una vieja imagen de la Virgen María y un cuadro de “La última cena” de Da Vinci colgado a su lado.

Luego de unos minutos de oración abrió sus ojos; se levantó – le dolían las rodillas– y se dirigió a la otra punta de la sala, ocupada por una antigua cama de hierro fundido, con barrales dorados y respaldo – decorado en bronce– adornado con el escudo del Vaticano. Sobre ella, el látigo de esparto que, como miembro del Opus Dei, usaba para flagelarse y pagar sus pecados, a la vez que demostraba su amor a Dios. En el piso, junto a las patas de la cama y encadenadas a ellas, dos jóvenes adolescentes desnudas y amordazadas – con sus cuerpos lastimados y cubiertos de marcas– lloraban aterradas al acercarse Monseñor.

Amenazaron a la maestra rural que lleva adelante el primer juicio oral contra fumigadores

Mariela se encontraba dictando clases cuando se percató de que un avión realizaba fumigaciones prohibidas en inmediaciones del establecimiento, por lo que llamo telefónicamente a las autoridades educativas y a la Policía, denunciando lo que estaba sucediendo.

Tras la fumigación, los niños y ella padecieron vómitos, irritación de los ojos, dolor de estómago y de cabeza, lo que motivó que debieran acudir al hospital Enrique Becher de Santa Anita, mientras el personal policial intentaba detener el vuelo del fumigador, aunque el piloto se negó a parar.

Al día siguiente Leiva radicó la denuncia penal -a la que luego se sumaron Jorge Bevacqua, integrante de la Asamblea Ambiental de Concepción del Uruguay y de la campaña Paren de fumigar las escuelas, y otras efectuadas por los padres de algunos de los alumnos afectados por la fumigación.

La Justicia abrió una investigación y actualmente hay tres personas imputadas que se negaron a declarar: el presidente de la empresa fumigadora de Villaguay Aero Litoral SA (Erminio Bernardo Rodríguez), el titular del campo de arroz y maíz que contrató la fumigación con agrotóxicos (José Mario Honecker), y el piloto que manejaba la aeronave (César Martín Ramón Visconti).

El próximo jueves la Justicia deberá resolver si la causa es elevada a juicio oral ante la Cámara Penal de Concepción del Uruguay. Ese día se llevará adelante la audiencia de remisión a juicio que debía hacerse el 11 de abril pero que se suspendió porque uno de los imputados faltó aduciendo razones de salud.

Los tres imputados están acusados por la comisión de los supuestos delitos de “lesiones leves culposas y contaminación ambiental culposa” de acuerdo con el artículo 56 de la Ley 24.051 (de Residuos peligrosos) y el 89 del Código Penal.

Amenazas antes del juicio

El sábado pasado Mariela Leiva – la maestra denunciante- recibió graves amenazas telefónicas.

En declaraciones a Radio Nacional, la docente dijo que en el marco del Programa de Formación y Campaña “Paren de fumigar las escuelas” estaba invitada a participar de la presentación del libro La Argentina fumigada, de Fernanda Sández, en la Feria Internacional del Libro que se realiza en La Rural, en Buenos Aires.
El evento estaba previsto para el domingo pasado, contó.

“El viernes confirmamos nuestra presencia para participar del evento y el sábado pasado, entre las 19 y las 20, recibí una llamada desconocida a mi celular. Una voz masculina y grave me dijo: “Callate la boca, porque sino la vas a pasar mal”, denunció la docente, tras explicar que por ese hecho desistió de participar de la Feria del Libro, para resguardarse y cuidar a su familia.

Luego de conocerse la denuncia de Leiva, la Comisión Directiva de AGMER envió a NOTICIAUNO un comunicado expresando “mucha preocupación por las amenazas recibidas por Leiva a través de llamadas telefónicas intimidatorias”.

Por su parte, la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer) reclamó:“A los responsables del Estado provincial que se den garantías y resguardo a nuestra compañera, quien se ha puesto al frente de defender el derecho a un ambiente sano de los gurises y docentes de la zona rural del departamento Uruguay, afectados con frecuencia por las fumigaciones”.

Detuvieron al director de la cárcel de mujeres de Paraná por narco

Detuvieron al director de la cárcel de mujeres de Paraná por narcoDetuvieron al director de la cárcel de mujeres de Paraná por narco

(APL)Un megaoperativo del que participaron alrededor de doscientos policías federales realizado el pasado sábado en Paraná dejó como saldo el secuestro de dos kilogramos de cocaína de máxima pureza y la detención de siete personas, entre ellas, el director de la cárcel de mujeres de la capital entrerriana, Victorio Bernardo Aguirre. También cayó Nicolás Castrogiovanni, sindicado como uno de los jefes del narcotráfico en la zona oeste. No se descarta que otros familiares o integrantes del Servicio Penitenciario sean parte de la organización narco. (Fuente: El Diario).

Detuvieron al director de la cárcel de mujeres de Paraná por narco

(APL)Un megaoperativo del que participaron alrededor de doscientos policías federales realizado el pasado sábado en Paraná dejó como saldo el secuestro de dos kilogramos de cocaína de máxima pureza y la detención de siete personas, entre ellas, el director de la cárcel de mujeres de la capital entrerriana, Victorio Bernardo Aguirre. También cayó Nicolás Castrogiovanni, sindicado como uno de los jefes del narcotráfico en la zona oeste. No se descarta que otros familiares o integrantes del Servicio Penitenciario sean parte de la organización narco. (Fuente: El Diario).