El incendio que la policía quiso ocultar

La audiencia que cierra la primera semana de juicio por la Masacre de Pergamino comienza con peticiones. Gonzalo Alba, abogado defensor que en el inicio del juicio expresó “voy a demostrar la absoluta inocencia de todos mis defendidos”, pide la palabra: “No queremos transformar esto en otra cosa que un juicio. Las preguntas deben ser sobre los hechos”. Carlos Torrens, abogado del ex comisario Alberto Donza, acompaña el pedido. Guillermo Burrone, el presidente del tribunal, accede.

En lo que resta del juicio, no se volverán a mencionar quiénes eran los siete pibes víctimas de la masacre. Las biografías personales no son parte de “los hechos que se investigan”, aunque representan para las familias, como sostiene Carla Ocampo Pilla de la Comisión Provincial por la Memoria, una forma de reparación simbólica. No más que eso.

En la audiencia del día anterior, Ariadna, prima de Fernando Latorre, de 14 años, no pudo entrar a la sala. “El juicio es para mayores de 15 años, no puede ingresar”, le había dicho uno de los oficiales federales que revisan la fila de quienes entran a la sala. Hasta ayer no revisaban a la prensa. Hoy hubo detector de metales para todos.

En la fila hay otra niña que quiere presenciar el debate. Es Abigail, la hija de “Paco” Pizarro que tiene 11 años. Entre las testigos del día está su mamá, Anabel, que también es mamá de otros dos hijos de Paco: “Basti” y “Pili”. La CPM peticiona y el juez accede. Ingresa “Abi” y empieza el debate.

El “problema” en otra celda
Anabel Delmas se estaba bañando el 2 de marzo de 2017. A las 18:20 salió de la ducha y vio un montón de mensajes de Paco: “Venite para la comisaría”. Esa tarde, Paco también había mandado mensajes a su papá, a su tío y a su hermana. Anabel recuerda con precisión los horarios.

Entre las 18:43 y las 18:48 contestó el mensaje: “Estoy llegando”. Del otro lado, un nuevo mensaje: “Dale que nos matan” respondieron del otro lado. Anabel llegó a la comisaría 18:55 y avisó “estoy afuera”. Nadie contestó. Recién llegaban los bomberos. Ya había humo y estaba cerrado el segundo portón de acceso a la comisaría. Abigail la escucha con el pañuelo negro de “Justicia x los 7” en el cuello. Como casi todos en la sala, llora.

Unos minutos antes que Anabel habían llegado en moto Laura González y Julio Daniel Cantoni, tíos de Paco, que también testimonian. Ellos también habían recibido mensajes. Cuando llegaron, cerca de las 18:30, los portones de acceso a la comisaría, visibles desde la entrada del garage, estaban abiertos. Laura entró y se encontró con Carolina Guevara, una de las ex policías hoy imputadas: “Entro, encuentro a Guevara y le pregunto por Paco. Ella me preguntaba por qué yo le preguntaba qué estaba pasando, que cómo me había enterado que pasaba algo”

Declaración de Anabel Delmas, pareja de Paco Pizarro.

Declara Laura y la imputada Guevara le pasa papelitos a su abogado. Laura continúa: “No le quise decir que me había enterado por mensaje. No quería exponer a Paco. Le dije que me había enterado por un vecino que me comentó al pasar”.

Guevara le aseguró que el problema había sido en otra celda y que Paco estaba bien. Daniel Cantoni terminó de estacionar la moto y entró a buscar a Laura. Ya había humo negro y como Laura es alérgica, la sacó para afuera para que no se le cerrara el pecho. Se supone que a las celdas no pueden ingresar ni encendedores, ni celulares, ni alcohol, ni droga, pero este juicio, a muy poco de su inicio, también está dejando al descubierto la corrupción y la impunidad de la Policía.

Delante del primer portón de la comisaría colocaron un cordón de policías locales y el segundo portón fue cerrado. Ya nadie podía entrar. Llegaban más familiares. De la celda 1 habían salido muchos mensajes pidiendo auxilio.

Pili es una de las tres hijas de Paco y Anabel, y tiene una enfermedad genética: atrofia muscular espinal (AME). La noche de la masacre estaba internada y el horario de visita era hasta las 20. En la puerta de la comisaría, Anabel quería confirmar que todo estaba bien para irse a ver a la niña. Eran las 19:20 cuando apareció Hamue, un ex policía ya nombrado por otros testigos.

Como a familiares de otras víctimas, Eduardo Hamue le dijo también a Anabel que “todos estaban bien”. Descreyendo de las palabras del oficial, Anabel intentó en la Departamental, ubicada al lado de la comisaría. Habló con una oficial de nombre Vanesa: “Andá tranquila, están todos con oxígeno”. A ella le creyó. Se fue a la visita de Pili. Las enfermeras prendieron la tele a las 19:50 y en los medios ya estaba la noticia: había siete muertos en la comisaría primera.

De regreso a la comisaría, Anabel supo que Franco estaba entre la lista de los fallecidos. A Laura, la tía de Paco, ya la había llamado su hermano. La tele, antes de que nadie diga nada en la comisaría, ya había dado el listado de víctimas: Franco Pizarro era uno de los siete.

Daniel Cantoni también escuchó de boca de Hamue que todo estaba bien. Esa noche, Cantoni vio cómo este oficial pedía las esposas a los policías que hacían el cordón. En ese momento pensaron que los pibes estaban bien y que pedían las esposas para sacarlos. Más tarde se supo que las esposas eran para los sobrevivientes.

Testimonio de Daniel Cantoni, tío de Paco Pizarro.

Cantoni dice recordar como si hubiese sido ayer el diálogo que esa noche tuvo con Matías Giulietti, vecino y uno de los ex policías hoy imputados:

-Está todo bien -cuenta que le dijo Giulietti.

-No me mientas – asegura Cantoni que le respondió. Admite que estaba “sacado”- Mejor que no pase nada porque si no te voy a tener que matar.

-No te estoy mintiendo, me vas a tener que pedir perdón -le porfió el policía, que ahora masca chicle mientras escucha la declaración de Cantoni.

-No vaya a ser cosa que me tengas que pedir perdón vos a mí.

A esa hora, los pibes ya estaban muertos.

El tribunal proyecta un video que aportó Laura, la tía de Paco. Es un video filmado por uno de los sobrevivientes que le llegó a Laura a través de la pareja de quien fue testigo de lo ocurrido esa jornada porque también estaba detenido.

El video muestra el pequeño fuego que se iniciaba en el pasillo de las celdas. Se escuchan los gritos de auxilio y los golpes desesperados contra los barrotes. El sonido del video queda tapado por gritos de dolor y sollozos de toda la parte izquierda de la sala.

Del lado derecho, la mamá de Brian Carrizo, el más chico de los policías imputados, sonríe. Uno de los efectivos que custodia la sala, fuertemente armado, registra el video exhibido y toma fotos de las familias en llanto. Al regreso del cuarto intermedio, el presidente del tribunal le advertirá al jefe del operativo de seguridad que eso no puede volver a ocurrir.

El papel de la motorizada la noche de la masacre
La declaración de Daiana Brunel, hermana de Federico Perrotta, ubica a Brian Ciro, policía de la motorizada, en el lugar de los hechos. Dos audios que le llegaron con posterioridad al hecho tienen la voz de Ciro. De fondo se escuchan los gritos de los pibes y las explosiones que provocaba el fuego, que primero tomó las cortinas y luego toda la celda 1.

En esta audiencia empieza a confirmarse que esa noche, al menos tres efectivos de la fuerza motorizada de la Policía estaban en la comisaría y que ayudaron a “engomar” a los detenidos. Dos de los motorizados ya fueron nombrados en el debate: Mauro Chida y Ciro. Sus testimonios se esperan para las próximas semanas del juicio.

Hasta aquí ya sabemos que en las celdas había celulares y encendedores; que Cristina Gramajo, madre de Sergio Filiberto, vio – una de las 28 noches que le llevó la comida a “Fili”- una heladera llena de latitas de cerveza dentro de la dependencia policial; que la guardia de las 20 h le robaba la medicación a Fili.

El testimonio de Daiana suma un elemento al corrupto accionar policial: la última vez que vio a su hermano, Fede estaba borracho. “Estaba tomando alcohol con jugo”, indica. Fede, como muchas de las víctimas, tenía problemas de consumo, era adicto a las pastillas. Esa vez, la última visita, Fede le dio un papelito con un número de teléfono: “Llamalo y decile que mañana a las 7 de la mañana se encuentra con Rojitas en Merced y Dorrego”.

La persona señalada en el papelito se encargaba de entregar las pastillas. “Rojitas” era la forma en que los detenidos llamaban al policía Brian Carrizo, de lo que se desprende que era quien recibía e ingresaba las pastillas a la comisaría.

Daiana nunca llamó por teléfono a ese contacto. También repite ahora, como ya han declarado otros familiares, que Alexis Eva era quien provocaba constantemente a los pibes y se ensañaba puntualmente con los de la celda 1. Poco después de declarar, Daiana se descompone y debe ser medicada.

Daiana, hermana de Federico Perrotta, frente al tribunal en calidad de testigo.

De Colombia al mismo infierno
Lorena y Carmenza, hermana y madre de Jhon Claros, viajaron desde Yumbo (al norte de Cali, Colombia), para presenciar el juicio. Jhon era cantante y vino a la Argentina para desarrollar su carrera porque en Colombia, pensaba su madre, el conflicto armado hacía difícil la vida.

Lorena tiembla como una hoja mientras declara. En la primera fila, Carmenza la escucha y llora. La noche de la masacre estaba trabajando cuando recibió el mensaje: “Parcera, pide ayuda que nos están matando”. “¿Cómo así?”, respondió. Como nadie contestó, llamó. Eran las 18:34. Del otro lado atendió Franco Ferreyra, sobreviviente de la masacre.

De fondo se escuchaban los gritos de auxilio y los golpes contra los barrotes. Lorena no pudo hablar esa noche con Jhon. Ferreyra le explicó que estaba en otra celda, pero también le rogó que buscara ayuda. Ella le avisó al abogado de Jhon y a su novia. En el camino del trabajo a su casa, su teléfono celular se quedó sin batería. “A Jhon lo mataron”, fue el primer mensaje que leyó cuando volvió a encender el aparato.

Lorena dice algo que coincide con otros testimonios previos: la relación entre los pibes detenidos era buena. Compartían toda la comida, como en familia. También dice que Jhon era amigo de Paco y que en la última visita estuvieron tirados en una cama de la celda 1, hablando de la libertad que era inminente para Jhon. La masacre sobrevino antes de que terminara de grabar su disco.

Si yo te digo que no pasa nada, no pasa nada
“Noni” Cabrera cayó preso el miércoles, un día antes de la masacre, por un choque. Camila Gamarra, su amiga, se enteró el mismo jueves de la masacre y cerca de las 18:00 le llevó una carta. Su idea era dejársela e irse a cocinar para llevarle algo de comida después.

Cuando llegó a la comisaría no había nadie. Aplaudió. Finalmente apareció una policía y le entregó la carta para Noni. Recibió un mensaje antes de alejarse del lugar: que se quedara porque adentro se estaban prendiendo fuego, que llamara al resto de los familiares.

Todavía no había nadie en la puerta de la Primera. Camila volvió pero ya no la dejaron entrar.

-Me están mandando mensajes de acá dentro diciendo que se prenden fuego -le dijo a una mujer policía.

-Prendieron fuego una sábana, quedate tranquila. Si yo te digo que no pasa nada, no pasa nada -le respondió.

Camila y una amiga salieron en la moto. Había mucho viento y se largó a llover. Cuando estaban dando la vuelta oyeron disparos. Mientras sucede esta declaración, Carolina Guevara le pasa algo al abogado.

Cuando Camila regresó a su casa para preparar la comida con la idea de volver a la comisaría, en la tele ya estaban los nombres de los siete pibes fallecidos. Juan José Cabrera era uno de ellos.

En su declaración, Camila coincidió con Daiana Brunel ya que también ubica a Brian Ciro esa tarde en la comisaría. Los tres audios que aportó a la causa no dejan dudas sobre el accionar de la motorizada esa noche. Hoy se lee el contenido de los audios que llevan la voz de Brian Ciro y se filtraron a los pocos días de la masacre, junto a las fotos de los cuerpos sin vida de cuatro de las siete víctimas:

Audio 1: “Hay una de humo acá boludo… Uhh…. Esa esa…”

Audio 2: “Que negros de mierda boludo pa… ahora van a aparecer un par de muertos pero por los tiros chabón” (de fondo se escuchan como explosiones)

Audio 3: “Discutieron entre los presos y nosotros justo estábamos en la primera. El oficial de servicio de la primera nos pidió si podíamos ayudarlos a engomar, o sea a guardarlos cada uno en su celda. Entramos y los empezamos a engomar. Todos adentro, qué sé yo. El último que entró fue Paco, el de Vicente López. Agarró y empezó a patear la reja… Que por qué lo engomaban… empezó a discutir con el oficial de servicio de la primera. Y dijo que él ahí no iba a vivir. Al ratito nos fuimos, salimos afuera y empezó a salir humo. Todos pensamos que era como lo que hacen siempre, prender una sábana y la apagan.. Pero no, agarró toda la celda completa de ellos y murieron todos los de la celda”

El oficial de servicio la noche de la masacre era Alexis Eva, que ahora escucha la lectura de los audios y sostiene su mirada en la testigo.

Camila termina de declarar y se funde en un abrazo interminable con Pitu, el hermano de Paco Pizarro. “Gracias”, le susurra Pitu al oído.

No es tarea sencilla revivir el horror y a cada testigo se le agradece que repita en su testimonio que esa tarde, cuando los pibes aún estaban con vida, desesperados por el humo negro, afuera de la comisaría los y las policías que daban la cara insistían en que todo estaba bien.

*Este diario del juicio a los policías responsables de la Masacre de Pergamino, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva, Radio Presente y Cítrica. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguinos diariamente en https://juicio7pergamino.blogspot.com

Texto: Antonella Álvarez (FM La Caterva)/ Fotos: Luis Angió (La Retaguardia)/ Edición: Giselle Ribaloff (Radio Presente) / Mariano Pagnucco (Revista Cítrica) /

Masacre de Monte: la justicia abrió una investigación penal contra la intendenta Sandra Mayol

La causa por la masacre de Monte tiene 13 imputados: cuatro policías bonaerenses por homicidio y otros ocho por encubrimiento, el ex secretario municipal de San Miguel Monte también está acusado por encubrimiento e incumplimiento de deberes del funcionario público. A casi cuatro meses del hecho, y a partir de las pruebas que forman parte de la instrucción judicial, la UFI 1 de Cañuelas pidió formar una causa por separado contra la intendenta Sandra Mayol y Nelson Julio Barrios, un funcionario del cuerpo de bomberos municipal, por el delito de incumplimiento de los deberes del funcionario público.

En la madrugada del 20 de mayo pasado, dos patrulleros de la Estación Comunal de San Miguel del Monte persiguieron al Fiat Spazio en el que se trasladaban cinco jóvenes de entre 13 y 22 años hasta que el vehículo impactó contra un acoplado detenido al costado de la colectora 9 de Julio. Danilo de 13 años, Camila de 13, Gonzalo de 14 y Aníbal de 22 murieron tras el choque; la única sobreviviente, Rocío, tiene 13 años y todavía se recupera de las graves lesiones.

A lo largo de la instrucción fiscal, se evidenció que los policías persiguieron y dispararon hacia el vehículo en distintas oportunidades, y uno de esos disparos dio en el cuerpo de uno de los adolescentes. También se pudo determinar que se desplegó una extensa actividad para encubrir lo ocurrido e instalar la idea de un accidente. Cuando no pudo negarse la persecución, se falsearon testimonios y otras pruebas para ocultar los disparos policiales.

Desde el primer momento, y en base a las pruebas aportadas, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) sostuvo que la trama de encubrimiento que se desplegó en las horas posteriores a la masacre no pudo haberse realizado sin el conocimiento e, incluso, la anuencia de la intendenta Mayol. En calidad de patrocinante de dos de las familias de las víctimas, la CPM había pedido que se investigue penalmente a la jefa municipal; pedido que también fue realizado fue por los demás particulares damnificados.

En su reciente resolución, el fiscal Lisandro Damonte retomó este reclamo y expresó la necesidad de investigar la intervención, relacionada con su función pública, de Mayol y Barrios en los momentos posteriores a la masacre. Es decir, si conocían o fueron parte de las acciones corporativas de encubrimiento que se desplegaron para ocultar la responsabilidad policial en el hecho.

La decisión del fiscal también es un reconocimiento a la lucha de las familias de las víctimas que, a pesar de haber impulsado la interpelación pública a la intendenta, nunca tuvieron de la jefa municipal una respuesta que repare los graves padecimientos ocasionados por el accionar policial, producto de las políticas de seguridad sostenidas por Mayol.

“Los policías impidieron que los chicos fueran salvados”

¿Cómo se enteraron sobre lo que ocurría aquel 2 de marzo en la comisaría?

Nos fuimos enterando por los medios que contaban la noticia del incendio. En los portales de noticias, como el de Crónica, publicaban los nombres de los chicos que habían sido afectados por el incendio. Mientras a nosotros, los familiares, no nos decían nada.

Una vez ahí, sufrimos el maltrato de las autoridades. Salían y leían una lista, sin tener consideración. Tal vez era un poco egoísta, esperaba que el nombre de mi hijo no estuviera.

Ese día, además, nos reprimieron. Nosotros pedíamos ver a nuestros hijos, y nos respondieron con balas de goma.

Desde entonces, durante todo este tiempo, si bien fuimos relatando qué pasó ese día, vamos recordamos más cosas cuando escuchamos a otros que también estuvieron ahí.

¿Cómo fue para usted declarar en el juicio?
Dolor por verle la cara a los policías imputados, como la del comisario Alberto Donza, fría, autoritaria, así como la de Carolina Guevara, que es madre, mostrando indiferencia. Encima los abogados de ellos hacían preguntas para confundir.

Este miércoles testimoniaron familiares que ese día se habían mensajeado con los chicos que estaban adentro. Fue muy importante lo que contaron.

Después pasaron un video que muestra el foco de incendio en el pasillo de la comisaría, y que ninguno de los policías que estaban ahí hizo nada para apagarlo.
El video muestra el incendio y que los chicos piden auxilio. Esto está aportado en la causa. Fue muy duro volver a verlo.

¿Qué otras pruebas hay contra los policías para imputarlos?
Hay muchas pruebas, además del video, hay testimonios de los familiares, como el de la tía de Franco Pizarro, una de las primeras en llegar a la comisaría. Relató que Carolina Guevara le decía que no pasaba nada.

Creo que durante el juicio se va a ir demostrando la culpabilidad de los policías, más con las testimoniales de los sobrevivientes.

¿Qué dice la causa por la muerte de los siete jóvenes?
Tengo la causa, pero nunca pude terminar de leerla por el dolor que me causa. Sé que ellos no solo no hicieron nada por apagar el fuego, sino que no los socorrieron. Podrían haber abierto las duchas, podrían haber sofocado el fuego con un balde de agua.

Las rejas estaban cerradas, los matafuegos no los usaron. Creo que el testimonio de los bomberos será muy importante. Porque los policías dijeron que habían perdido las llaves, por lo que no podían abrir las rejas.

Los policías hicieron de todo para impedir que los chicos fueran salvados.

¿Quiere contar algo sobre su hijo?
Sí, Fernando es mi único hijo. Es el papá de Francesca. Fernando sigue siendo la razón de mi vida, y voy a luchar hasta el último día de mi vida. Él tenía una vida, y merecía una oportunidad como cualquier persona. Si se había equivocado, lo estaba pagando.

Todavía no había sido juzgado, ninguno de los chicos tenían sentencia. La condena que le den a estos policías no me va a devolver a mi hijo.

Este juicio para mi hijo, ya es tarde. Mi hijo no vuelve. Es un juicio injusto. Pero si para esta sociedad que prejuzga, que dicen que eran siete chorros, siete lacras. Por el solo hecho de estar detenidos, fueron doblemente condenados. Condenados a la pena de muerte por esos policías, y también condenados por esta sociedad.

Nadie sabe por qué estaba cada uno ahí, nadie sabe sobre la vida de ellos. Parte de la sociedad de Pergamino fue muy cruel con nosotras. Decían cosas como ’ahí salen las madres de los chorros a hacer marchas’, sin importarles nada de lo que sentíamos.

Nosotras también fuimos condenadas por la sociedad, muchos dicen ’esos son los hijos que criaron’. Y yo no crié un hijo para que le fuera mal en la vida. Nadie sabe por lo que pasa cada uno. Fernando fue mi vida y va a seguir siéndolo. Día a día voy a seguir haciendo algo por él.

Creo que no tomé dimensión del tiempo que pasó. Solo me doy cuenta cuando veo a mi nieta, cuando mataron a mi hijo Francesca tenía ocho meses y hoy tiene tres años.

A mí lo único que me sostiene es hacer esto, luchar. Hacer una pancarta, preparar una marcha.

¿Quiere agregar algo más?
Sé que en el juicio se van a mostrar las pruebas de que los seis policías imputados hicieron de todo para impedir salvar a los chicos. Que los dejaron morir. Se los acusa de abandono de persona, seguido de muerte por multiplicidad de víctimas que tiene una pena máxima de 15 años. ¿15 años para pagar siete vidas?

Para mí, aunque la pena sea máxima, no me repara nada. Si es importante para la sociedad, para que vean que los pibes no se prendieron fuego solo, que es lo primero que dijeron.
Todavía no pienso en el final del juicio. Mi vida transcurre día a día, no puedo proyectar a futuro.

Revivir el horror

La sala está llena. Todos/as dispuestas para empezar la segunda audiencia. Hoy declaran familiares y se siente será una jornada intensa. Ingresan los jueces. Estamos todos menos los imputados y uno de sus abogados, Gonzalo Alba. Esperamos. Matías Giuglietti (30 años) ya está sentado en el banquillo de los acusados. La puerta del costado por donde entran se abre, esposados ingresan a la sala: Brian Carrizo (25 años), Alexis Eva (38), Alberto Donza (42 años), Sergio Rodas (54) y Carolina Guevara (28 años). Una de las policías que los custodia acaricia el brazo de Guevara, como sacándole un pelo del saco. Sonríen. Se sientan. Inicia la audiencia.

Los lugares se respetan. A la izquierda, atrás de la querella familiares de las víctimas, a la derecha, atrás de la defensa, familias de los imputados. Los de la derecha escuchan cada testimonio y parecen no inmutarse, excepto una piba joven que mira para abajo de vez en cuando, denota incomodidad. El ex comisario parece no haber descansado, bosteza una y otra vez en las poco más de tres horas de audiencia. Los de la izquierda, con las caras de los pibes en las remeras, lloran la mayor parte del tiempo. La sala revive en cada testimonio el horror del 2 de marzo de 2017.

En la audiencia de hoy las familias pudieron dar testimonio de cómo vivieron y cómo se enteraron de lo que sucedía en la comisaría primera de Pergamino aquel 2 de marzo. En las declaraciones se repitieron algunos puntos que echan claridad sobre varias cuestiones: todas las familias que se comunicaban por celular con los pibes recibieron esa tarde mensajes de auxilio “vengan, hagan quilombo en la puerta que la policía nos mata”; los policías presentes esa noche, hoy imputados de abandono de persona seguido de muerte, tenían una actitud tranquila y ninguno de ellos estaba “tiznado” (manchados de hollín); algunos familiares llegaron antes que los bomberos y vieron humo que salía del patio de la comisaría primera; durante casi dos horas las familias fueron llegando a la puerta de la dependencia policial y no recibieron información sobre qué pasaba con los pibes, por el contrario, un oficial de apellido Hamué iba y venía y aseveraba que todo estaba bien; los medios de comunicación difundieron la noticia de 7 fallecidos, incluso sus nombres, antes de que un oficial de nombre Julio saliera a la puerta de la primera a gritar “como si fuera una lotería” los nombres de las siete víctimas; que un cordón no dejaba ingresar a nadie y que esa noche reprimieron.

Juan Carlos Pizarro y Milagros Pizarro son el padre y la hermana de Franco Pizarro. Ambos recibieron mensajes suyo pidiendo se acerquen a la comisaría. Cuando llegaron, también hablaron con Hamué, y a ellos también les dijo que se quedaran tranquilos, que todo estaba bien, que en un rato sacarían a los pibes. Milagros afirmó que esa noche pudo ver a Matías Giuglietti y a Carolina Guevara y como todos los testimonios coincidieron en que ninguno estaba manchado de hollín. También ellos escucharon el nombre de Franco entre los fallecidos.

“Esa tarde llamé varias veces a la comisaría, pero no me atendieron”

La primera en declarar fue Silvia Rosito, la madre de Fernando Latorre. Con su campera de Justicia x los 7, juró decir la verdad y empezó contando cómo se enteró ese 2 de marzo:

Un llamado de una amiga la alertaba que prendiera la tele, que algo pasaba en la comisaría de Pergamino. Que se apure. Al llegar ve a Alicia Pizarro (la Mamá de Franco Pizarro) y a Cristina Gramajo (madre de Sergio Filiberto) que le decía “tengamos fe que todo va a estar bien”.

Silvia, al igual que varias de las familias de los pibes, se enteró a través de la televisión de la muerte de su hijo. Al llegar a la puerta de la comisaría, su marido le dio la peor de las noticias: en la tele habían nombrado a los fallecidos y entre ellos estaba Fernando. Fue el último nombre de la lista que ese 2 de marzo gritaron en la puerta de la dependencia policial.

Al día siguiente, volvió a la comisaría primera a buscar explicaciones y Donza (ex comisario), que salía, le ofreció un café y le preguntó si necesitaba asistencia psicológica. Después se fue, diciendo que volvía al rato. Entonces habló con Alexis Eva. Relató el diálogo

-¿Cómo no pudieron abrir ese candado?
-Y, señora, no se pudo

Eva agacha la cabeza. Silvia relata que nunca hubiera hablado con Eva porque sabía que era ese Eva el que los amenazaba con una faca a los chicos y les decía “los voy a matar y voy a decir que se mataron entre ustedes”. Pero ella lo confundía con Giuglietti. Eva era Giuglietti, y Giuglietti era Eva en su cabeza.

Relató también que los últimos días lo vio a Fernando nervioso y enojado. Que quería que lo trasladen. Que Fernando le decía que la policía era una mierda, que no los dejaba pasar ni siquiera agua. Que ella no quería que lo trasladen, porque iba a ser más difícil llevarle las cosas, que la comisaría primera estaba cerca, y que si a él le pasaba algo ella iba a correr enseguida. Y terminó: “y corrí para verlo muerto”. La prima, la tía, la abuela y la pareja de Fernando la escuchan. Todas lloran.

Carla, abogada querellante de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), habilitó un lugar para que cada familiar pueda contar lo que quiera de los pibes. “Fernando es mi hijo, es mi vida, y voy a luchar hasta el último aliento, como hice desde que lo tenía en la panza. Si se equivocó, de alguna manera lo estaba pagando. Fue condenado a pena de muerte y por toda la sociedad. Merecía la oportunidad de vivir.”

“No me voy a hacer cargo de esta masacre”.

A Jorgelina Ferreyra su hijo Federico Perrotta le mandó dos mensajes de auxilio. Fue una de las primeras en llegar esa tarde a la comisaría, incluso antes que los bomberos. Cuando llegó un médico de la policía de apellido Jaume salía de Dorrego 654 y lo escuchó decir “no me voy a hacer cargo de esta masacre”. Mientras declara todos los imputados miran al fiscal menos Brian Carrizo que mantiene su mirada fija en la testigo mientras masca chicle. “Fede vivía conmigo y su hermana, hacía changas, tenía dos hijos, Pía y Ian” responde a la pregunta de quién era. Se quiebra, no puede seguir y sale. Las familias de la derecha inconmovibles al relato desgarrado.

“No se encontraron las llaves, señora”

El día anterior a la masacre, habían hecho la pericia socioambiental en la casa de Cristina Gramajo, madre de Sergio Filiberto. Se había solicitado el arresto domiciliario del Fili, como lo conocen todos, tenía afecciones de salud por las que muy probablemente la semana de la masacre iba a ser trasladado a su casa bajo la modalidad de prisión domiciliaria. Cristina fue una de las últimas madres en llegar, cerca de las 20:00. Ya lloviznaba luego del agobiante calor de todo el día.

La familia Filiberto se enteró de la noticia cuando Rocío, esposa de Diego y cuñada de Andrea, los llama a ambos. Unos minutos antes había escuchado en la radio que había un motín en la comisaría primera. Andrea avisó a Cristina que, como todos los días a esa hora, estaba preparando la comida para llevarle a Sergio. Porque ni eso le garantiza el Estado a quienes están privados/as de su libertad.

Andrea y Cristina llegan casi juntas. Estacionan. Cristina, sin dimensionar aún el hecho, atina a bajar del auto la bolsa con la cena. “Deja la comida mami, hay siete muertos”

Andrea trabaja en la Fiscalía del Fuero Penal Juvenil y de camino se había enterado por un audio de un grupo de whatsapp del trabajo “si alguno puede que se acerque a la comisaría, hay ocho muertos”.

Diego, cuando recibió el llamado de su esposa dejó todo y fue andando “como un loco”. Llegó volando. Su abuela lo había llamado desde Tucumán avisando que Sergio Filiberto estaba entre los muertos. En la puerta, algunos familiares les decían que a Sergio lo habían trasladado al hospital porque no estaba bien. Cristina quería correr allí. Andrea y Diego esperaban una respuesta oficial. Ya sabían que había muertos pero todavía, cerca de las 20:00 nadie decía los nombres. “Todos teníamos dos opciones, o nuestros hijos estaban muertos o eran sobrevivientes” declaró Cristina Gramajo conmovida.

Andrea le preguntó a todos los oficiales que conocía, por su trabajo, esa noche si su hermano estaba en la lista de las víctimas. El último intento lo hizo con Mauro Chida, otro oficial que salía de la departamental, al lado de la comisaría. “Chida se vuelve y sale con Gastón Tolosa, otro oficial y Pablo Ferreyra, compañero mío del trabajo que nos dice que nos sentemos” para confirmarles la peor de las sospechas: Sergio Filiberto estaba entre los fallecidos.

Cristina se fue porque le pidieron que busque el documento de Sergio, al regresar Hamué, el policía al que casi todos los testigos refirieron hoy, la hizo pasar para entregar el documento. Se encontró entonces con Brian Carrizo y Sergio Rodas, con la tele prendida. “No se encontraron las llaves, señora” fue lo único que le dijeron.

En su testimonio, Diego remarcó las condiciones de precariedad absoluta que se vivían en la comisaría. Su hermano durmió un tiempo en el pasillo, en una colchoneta estilo gimnasio, abajo de una ventana que da al patio interno que solo tenía rejas. No había duchas, se bañaban con un chorro que caía desde un agujero del techo que habilitaban los policías. También contó, al igual que sus familiares, que a Sergio no le entregaban la medicación debidamente. Cristina le llevaba todas las noches la cena y sus pastillas pero muchas veces no le llegaba. Andrea fue más específica en este punto “Sergio en sus cartas nos decía que la medicación de las 20:00 no le llegaba”.

Gonzalo Alba, uno de los abogados defensores, sólo tuvo preguntas para la familia Filiberto. Insistió en preguntarles sobre qué medicación le entregaban a Sergio y cuál le faltaba.

Andrea rompió en llanto al recordar al Fili. Llanto muchas veces contenido por quien siempre se mostró fuerte. Los tres recordaron las cartas con las que se comunicaba Sergio, que era un amiguero, que siempre tenía una sonrisa. Que les decía que los amaba y que quería cambiar. Dar un giro de 180 grados, salir adelante. Que era fanático de La Renga y amante de Douglas Haig (incluso su firma decía el nombre del club pergaminense).

También relató el hostigamiento que sufrieron luego de la masacre por parte de la fuerza policial. Puntualmente se refirió a que un oficial de apellido Lucero, el día posterior a la masacre publicó una foto con la leyenda “asi comienza la guardia en la Comisaría primera”.

La sala hoy estuvo dividida en dos, espacial y emocionalmente. A la izquierda, el dolor y la bronca se calmó con abrazos constantes. A la derecha los rostros permanecieron inconmovibles ante los relatos de cada uno/a de los testigos/as. Una pregunta quedó resonando en la sala y la hizo Diego Filiberto en la última declaración del día cuando expresó “no entiendo cómo se llegó a este punto”. La inhumanidad no cabe en la cabeza. Nadie puede entender cómo ninguno de los seis ex policías presentes ese día no abrió el candado de acceso a las celdas ante los ruegos desesperados de los pibes por seguir viviendo.

**Este diario del juicio a los policías responsables de la Masacre de Pergamino, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva, Radio Presente y Cítrica. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en https://juicio7pergamino.blogspot.com

5/9 – Todos a Tribunales de San Martín por la libertad de Ángel Bramajo

5/9 - Todos a Tribunales de San Martín por la libertad de Ángel Bramajo5/9 – Todos a Tribunales de San Martín por la libertad de Ángel Bramajo

(APL) Familiares y Amigos convocamos a movilizarnos al Juzgado N° 5 de Tribunales de San Martin este jueves 5 de setiembre, para acompañar a la familia de Ángel Bramajo, quien se encuentra cumpliendo prisión preventiva hasta el día de la fecha, por la causa armada durante el homicidio del joven músico Diego Cagliero a manos de la Policía Bonaerense en Martín Coronado. La concentración se realizara a partir de las 10 horas en los tribunales de San Martin. Desde 19 de mayo, Ángel está detenido, imputado por el supuesto robo que originó el operativo policial en una causa armada tras el asesinato. Su abogado denunció graves irregularidades en la investigación y pidió que se revoque la prisión preventiva. La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) presentó una nota ante la sala II de la Cámara de Apelaciones y Garantías de San Martín para acompañar el pedido de la defensa. Toda nuestra solidaridad con esta lucha.Contacto: Fede Florimonte: 1123668190.

5/9 – Todos a Tribunales de San Martín por la libertad de Ángel Bramajo

(APL) Familiares y Amigos convocamos a movilizarnos al Juzgado N° 5 de Tribunales de San Martin este jueves 5 de setiembre, para acompañar a la familia de Ángel Bramajo, quien se encuentra cumpliendo prisión preventiva hasta el día de la fecha, por la causa armada durante el homicidio del joven músico Diego Cagliero a manos de la Policía Bonaerense en Martín Coronado. La concentración se realizara a partir de las 10 horas en los tribunales de San Martin. Desde 19 de mayo, Ángel está detenido, imputado por el supuesto robo que originó el operativo policial en una causa armada tras el asesinato. Su abogado denunció graves irregularidades en la investigación y pidió que se revoque la prisión preventiva. La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) presentó una nota ante la sala II de la Cámara de Apelaciones y Garantías de San Martín para acompañar el pedido de la defensa. Toda nuestra solidaridad con esta lucha.Contacto: Fede Florimonte: 1123668190.

¿Nadie tiene la culpa?

Cualquier persona que llega a Pergamino se entera. Un pasacalle anuncia que hoy lunes 2 de septiembre empieza el juicio por la masacre sucedida hace exactamente 30 meses, el 2 de marzo de 2017 en la Comisaría Primera, ex centro clandestino de detención.

Son las 6 de la mañana, en un día hostil, de frío y lluvia en Pergamino. La jornada arranca temprano porque hay que garantizar que la callecita que está frente al Poder Judicial de Pergamino, en la Plaza San José, no sea ocupada por autos que suelen estacionar allí. Ahora ese lugar lo ocupa el gacebo de Justicia x los 7, circula el mate. Las banderas con las caras de los siete pibes: Federico Perrotta, Alan Córdoba, Juan José “Noni” Cabrera, Sergio Filiberto, Fernando Latorre, Jhon Claros y Franco Pizarro presentes.

Para quien llega de otros lados, es fácil identificar a las familias de los siete pibes. Todas llevan en sus pechos las caras de los chicos estampadas en sus remeras. A medida que van llegando, se multiplican los abrazos y siempre alguna lágrima.

La sala de audiencia es pequeña, sabiendo que quedaría gente afuera, las familias de las víctimas habían elevado un pedido para que el juicio se desarrolle en el Concejo Deliberante de la ciudad (donde se llevaron a cabo juicios de Lesa Humanidad). A ese pedido se opuso la defensa policial y fue negado por el tribunal alegando que “no tenían forma de garantizar la seguridad”.

Una enorme fila se arma de pronto en el pasillo. La custodia la Policía Federal Argentina. Las familias de los pibes se aprestan para entrar. Un integrante del colectivo Justicia x los 7 intenta organizar “las familias para adelante. Compas, quedan 8 lugares y faltan los familiares de Noni y de Alan y tienen que entrar las familias de todos”. También se preocupan porque la prensa tenga su lugar. La difusión de esta instancia es fundamental.

Hay solo 30 lugares disponibles y son 7 víctimas. Muchas/os quedan afuera de la sala de audiencias. A la izquierda los familiares de las víctimas, a la derecha las familias/allegados de los seis imputados. La sala explota. La prensa parada al fondo. Tres oficiales fuertemente armados se instalan en el límite entre que termina el público e inicia el espacio donde están los jueces y los/as abogados/as de las partes. Ingresan los imputados. Primero Alberto Donza, el ex comisario que estuvo más de un año prófugo entra con una sonrisa, guiña un ojo y saluda con un beso a sus abogados. Con los seis presentes en la sala, la gente se para, ingresan los jueces y comienza la audiencia algunos minutos más tarde de las 10:00.

El presidente del tribunal hace su primera intervención: además de avisar que no habrá sonido amplificado, advierte “acá se van a escuchar muchos testimonios y cosas que no van a gustar… exijo el mayor de los respetos y cualquiera que haga algún comentario o exclame algo será expulsado de la sala”.

Los lineamientos generales

El 2 de marzo de 2017 Federico Perrotta, Alan Córdoba, Juan José “Noni” Cabrera, Sergio Filiberto, Fernando Latorre, Jhon Claros y Franco Pizarro murieron quemados y asfixiados encerrados en la celda 1 de la comisaría 1° de Pergamino. En la tesis que sostuvo el fiscal Nelson Mastorchio en la lectura de sus lineamientos destacó el factor tiempo. Por un lado, el tiempo que hubo entre que ‘comenzó el primer foco ígneo y que se produjo la muerte de los chicos’. Por otro, el tiempo entre que llegaron los bomberos y que pudieron actuar. En los dos casos, el tiempo fue mayor que el que cualquier cuerpo puede resistir, inhalando humo y habitando el fuego en carne propia. Por esta y otras razones es que el fiscal advierte que estos policías cometieron el delito de “abandono de persona seguida de muerte”. En síntesis, la fiscalía sostiene que los policías presentes esa noche no hicieron nada por apagar el fuego, desoyeron los gritos de auxilio que se escuchaban hasta afuera y cuando los bomberos llegaron, alertados por una dependencia vecina, obstaculizaron su trabajo. La llave que abría la puerta-reja del acceso a las celdas no apareció durante 20 minutos. El fiscal asegura que probará que esa noche del 2 de marzo había dos juegos de llaves en poder de los ex policías Alexis Eva y Alberto Sebastián Donza.

Siguió el turno de las partes querellantes (o “bloque acusador” como lo llamó el presidente del tribunal). En primer lugar se presentó Maximiliano Brajer, representante legal de la hija de Fernando Latorre, quien adhirió en términos generales a la acusación que hizo el Fiscal y concluyó “los policías violentaron la función que era inherente a su responsabilidad”.

Continuó Carla Ocampo Pilla, de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), organismo que representa a las familias de Sergio Filiberto, Fernando Latorre, John Claros, Alan Córdoba y Franco Pizarro, en este último caso junto al Dr. Juan José Giame. En la lectura de sus lineamientos aseguró que los siete chicos “fueron engomados (encerrados) a un horario que no era el habitual”, que “una vez iniciado el fuego, los policías presentes esa noche clausuraron las puertas de acceso a los calabozos”, que “se inicia la protesta con un fuego pequeño y los policías se asomaban sin hacer nada” y que “en un momento sacan a Brian Carrizo, que era de imaginaria de calabozos (encargado de recorrer los pasillos de las celdas) y luego cierran la puerta de acceso a los calabozos, que debería haber permanecido abierta”, que unos minutos más tarde “ingresaron para trasladar a dos internos”, que “los pibes empezaron a arrojar pedazos de colchón cada vez más grandes y que todos los internos, los de la celda 1, los de la celda 3 y los de la celda 6 empezaron a gritar y a rogar al personal policial que los salven”, que “entre el primer foco ígneo y el último pasaron más de cuarenta minutos y que “al día de hoy se desconoce quién hizo el muy tardío llamado a los bomberos”.

Luego, Margarita Jarque, también de la CPM, presentó, a modo de contextualización de lo que significó esta masacre un análisis más general que la Comisión viene realizando hace ya 20 años sobre la situación precaria y peligrosa de las cárceles, seguido de un análisis más político sobre el rol que tienen las instituciones de encierro, la forma sistemática de operar de las fuerzas de seguridad, y la vulnerabilidad de la juventud más marginada por la sociedad, los y las pobres. Aseveró que “el trato al que están sometidas las personas privadas de su libertad está atravesado por la inhumanidad y el desprecio total a la vida”. También destacó que en el presente juicio se van a intentar probar las responsabilidades inmediatas de esta masacre, pero que no descartan que en el transcurso del juicio oral se produzcan pruebas que permitan avanzar sobre las responsabilidades políticas.

Y citó, para cerrar, lo que las madres le han dicho en varias oportunidades: “nosotras encontraremos un poco de reparación en la justicia, nunca total, porque a nuestros hijos no nos los devuelve nadie. Queremos que se haga justicia y que esto no vuelva a ocurrir nunca más”.

Por último, la Dra. Jaquelina Conti, quien representa a la familia de Juan José Cabrera y el Dr. Ramiro Llan de Rosos, quien patrocina a la madre de Federico Perrota, adhirieron a lo expuesto anteriormente, tanto por la fiscalía como por las demás partes de la querella

La defensa de los policías

Comenzó exponiendo sus lineamientos el abogado Carlos Torrens que intentó presentar a su defendido el ex Comisario Alberto Sebastian Donza, quien permaneció prófugo de la justicia durante más de un año, como un “defensor de la vida humana”, haciendo referencia a que previo a la masacre, había elevado distintos pedidos de quince colchones ignífugos. Cabe preguntarse por qué si, tal como afirmó el defensor, “es indudable la importancia por la vida humana de mi defendido” esa noche Donza no entregó las llaves a los bomberos.

Torrens concluyó sosteniendo que no hubo dolo en el accionar de su defendido y que en tal caso podría tratarse de un delito culposo.

Por su parte Gonzalo Alba, defensor de los ex policías Brian Carrizo, Alexis Eva, Matías Giulietti, Carolina Guevara y Sergio Rodas manifestó con un tono soberbio y enérgico que “va a quedar demostrada la absoluta inocencia de mis 5 defendidos”, a la vez intentó justificarlos diciendo “esto de harás lo posible por salvar la vida del otro, esta lógica más elemental que implica que al primer foco ígneo uno lo que tiene que hacer es abrir todas las rejas como si estuviéramos hablando de un jardín de infantes”.

A las 11:10 de la mañana finalizó la primera audiencia del juicio por la masacre de Pergamino. Ya en la calle, en las puertas del poder judicial Silvia Rositto, madre de Fernando Latorre, no contuvo más el grito: Federico Perrotta ¡Presente! Alan Córdoba ¡Presente! Noni Cabrera ¡Presente! Sergio Filiberto ¡Presente! Fernando Latorre ¡Presente! Jhon Claros ¡Presente! Franco Pizarro ¡Presente!

Conferencia de Prensa

Al finalizar la jornada se realizó una conferencia de prensa donde los/as abogados/as dieron sus impresiones. También tomaron la palabra las madres. Cristina Gramajo, la mamá de Sergio Filiberto expresó “Justicia completa no vamos a tener, porque a nuestros hijos no nos lo devuelve nadie, Justicia sería que no caiga ningún pibe más en manos del Estado” y remarcó la importancia de tener un colectivo por detrás que sostiene esta lucha y que “mientras estábamos velando a nuestros hijos se autoconvocaron y salieron a la calle”

Alicia, la mamá de Paco Pizarro habló en llanto “me sentí muy mal recién adentro cuando vi que sus asesinos entraron sonriendo. No puedo más” y siguió el papá de Paco “yo el Domingo lo espero en mi casa como lo esperaba todos los días”.

**Este diario del juicio a los policías responsables de la Masacre de Pergamino, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva, Radio Presente y Cítrica. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en https://juicio7pergamino.blogspot.com

Una multitud acompañó la primera audiencia

El 2 de marzo de 2017, Sergio Filiberto, Fernando Latorre, Alán Córdoba, John Claros, Franco Pizarro, Juan José Cabrera y Federico Perrota murieron asfixiados y quemados, encerrados en la celda 1 de la comisaría 1° de Pergamino. Durante la lectura de los lineamientos del juicio, el Ministerio Público Fiscal y particulares damnificados, a través de sus abogados, señalaron que intentarán probar que los policías que estaban de servicio ese día no hicieron nada por apagar el fuego, desoyeron los gritos de auxilio, demoraron en llamar a emergencia y, finalmente, obstaculizaron la labor de los bomberos.

Durante el juicio, que está previsto se extienda hasta mediados de octubre, el Tribunal Oral en lo Criminal N 1 de Pergamino deberá evaluar las pruebas y juzgar la responsabilidad penal de los ex policías bonaerenses Brian Carrizo, Alexis Eva, Matías Giulietti, Carolina Guevara, Sergio Rodas y el entonces comisario Alberto Donza —que estuvo 14 meses prófugo — imputados por abandono de persona seguido de muerte. Todos fueron desafectados de la fuerza y están con prisión preventiva; sólo Eva y Donza esperan el juicio en prisión, el resto está con arresto domiciliario.

Los 7 pibes

*Para reconstruir las historias de los siete pibes se utilizaron como fuentes de información el libro de Leandro Albani “No fue un motín. Crónica de la masacre de Pergamino” (Editorial Sudestada), el Dossier realizado por la Agencia Paco Urondo y FM La Caterva en septiembre de 2017 y charlas con familiares y allegados a las víctimas.

*Este diario del juicio a los policías responsables de la Masacre de Pergamino, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva, Radio Presente y Cítrica. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguinos diariamente en https://juicio7pergamino.blogspot.com.

2/9- 16 horas: Conferencia de prensa de “Justicia x los 7” y Adolfo Pérez Esquivel.

El 2 de marzo de 2017 se produjo un incendio en la celda 1 de lo que en ese momento era la Comisaría 1° de Pergamino. Allí fueron asesinadas 7 personas por el deliberado accionar criminal de la policía. Comenzado el incendio los policías tardaron 40 minutos en llamar a los bomberos, cerraron las llaves de agua de los calabozos, no utilizaron los matafuegos y “perdieron” la llave de una de las puertas que podría haber salvado la vida de esos chicos, entre otras cosas.

Los acusados en este juicio son los 6 ex policías asesinos que estaban de turno ese día: Alexis Eva, Brian Carrizo, Carolina Guevara, Matías Giulietti, Sergio Rodas y Alberto Donza (que estuvo prófugo durante 400 días).

Es importantísima la presencia y el acompañamiento de toda la sociedad en general durante este proceso judicial para sentar un precedente en nuestra ciudad y ponerle un freno a la represión estatal.

Alan Córdoba, Federico Perrotta, Fernando Latorre, Franco Pizarro, John Claros, Juan José Cabrera y Sergio Filiberto PRESENTES!