El pantano de la cultura represora frente al ejercicio de la autogestión

A la vez, recordaremos la memoria del fallecido Historiador Osvaldo Bayer, hombre admirado por nosotrxs, y en honor al que allá por el 2008, junto a los Profesores de Historia Rubén Patiño y Alberto Valenzuela organizamos el Centro Cultural “Osvaldo Bayer” nacido de la lucha de la Asamblea Autoconvocada contra el Ceamse en González Catán. Y Osvaldo estuvo presente, siempre dando su apoyo y compartiendo sus libros generosamente. Cerraremos el encuentro interpretando “El Cóndor Pasa” con piano y batería. Quiero citar las palabras de Carolina Nicoletti, quien coordina el Taller de Huerta Medicinal en el Centro Cultural “Galpón 3” y realiza círculos de mujeres con cada luna llena en el mismo espacio:
“La poesía de “Hemisferio Izquierdo” es un Cuerpo que respira. Sonido de la vida, latiendo. La poesía conoce el pulso, el ritmo, los sabores, la memoria que nos recuerda la palabra que arde y calma, el movimiento que reconoce, que niega el poder y la opresión.

El movimiento vital que nace de sus partos, su danza arde en la denuncia: la melodía resuena, trae consigo los latidos de la misma Madre Tierra, el pulso de la respiración vegetal. Antiguos tambores que nos advierten que aún estamos vivas, y que no vamos a detener la creación, porque la creación nos mantiene distantes de la cultura hegemónica, la cultura represiva que solo nos impulsa a la repetición”

La voz de los que no están

“En el juicio oral yo traté de referir lo que había pasado y la actitud del tribunal fue muy contundente: me dijeron que no era parte de la causa de ese juicio. Para mí esto es muy importante, porque es la primera vez que nos permiten traer la voz de los compañeros que no están. Es la primera vez que tenemos esta oportunidad”.
Sergio Manuel Paz rompió en llanto. Su angustia está por cumplir 30 años. Levantó la cabeza mirando al techo y respiró profundo cuatro veces. Tomó agua. Hernán Silva, el abogado defensor del genocida imputado lo estaba interrogando.

—¿Necesita asistencia psicológica?, preguntó Silva, en alusión a las profesionales del Centro Ulloa que estaban en la sala.
—No, no, respondió Paz, primero moviendo ampulosamente el índice de su mano derecha con el agua sin tragar, luego con su voz todavía tomada por la congoja.

Paz acababa de contar algo que nunca había confiado ante la justicia. Aun cuando intentó de manera infructuosa denunciar las torturas en varias oportunidades, como cada uno de sus compañeros, él nunca había relatado la violación.
“Nos llevan al lugar donde estaban todos. Ahí uno empieza a escuchar voces de compañeros que no estaban antes. Escucho a Felicetti, a Beto Díaz, a Claudia Acosta. Ahí empieza, una nueva etapa. Algo cambia. No se termina con la violencia. Se escuchaban voces de compañeros quejándose de los golpes. Nos dieron golpes de todo tipo. Entre tres o cuatro me pegaban con zapatos duros en la cabeza, supongo que serían borceguíes. Sentía que se me hinchaba la cabeza. Perdí la noción del tiempo. Para mí fue eterno ese momento. Entremedio pasaron cosas jodidas. Dije algo que no les gustó y la respuesta fue tremenda. Uno me pisó y otro me violó con su fusil. Me dijo que lo iba a hacer, y me introdujo el fusil en el ano. ‘Y ahora nos vas a conocer’. Eran golpes, puteadas, ‘Yo soy Dios’, ‘Señor juez’, ‘Señor presidente’… Hasta llegué a pensar que un juez y un presidente ahí eran una puesta en escena”. El relato de Paz fue seguramente el más duro de la séptima jornada del juicio. En las causas por crímenes de lesa humanidad durante el Terrorismo de Estado, y seguramente por el mismo impulso de empoderamiento feminista que puede notarse transversalmente en casi todos los espacios sociales, fueron las mujeres quienes denunciaron los delitos sexuales. Incluso varias se animaron a problematizarlo específicamente en libros (Pilar Calveiro, Miriam Lewin, Olga Wornat, entre otras). Los varones no. Salvo unas pocas excepciones, callaron ese tipo de vejámenes que también sufrieron. Sentían que se ponía en juego su masculinidad, cuando en realidad quizá se trataba de herir la subjetividad desde el lugar de machismo feroz del genocidio: torturadores siempre varones que violaban a las mujeres para someterlas y como mensaje para sus compañeros; pero también torturaban sexualmente a los varones, desde ese mismo lugar de macho recalcitrante. Por eso tiene tanto valor el testimonio de Paz.

Luego del momento de mayor descarga emocional, se recuperó rápidamente para continuar respondiendo todo tipo de preguntas.
—Cuándo está encapuchado, ¿le preguntan por la quinta de Morón?, quiso saber el juez González Eggers.

—No, no recuerdo, puede ser que me lo hayan preguntado, pero no recuerdo. Me preguntaron un montón de cosas. Me preguntaron por Nosiglia.

—¿Por quién le preguntaban? Dio un nombre recién, dijo que le preguntaban por Nosiglia, ¿por qué le preguntaban por Nosiglia?, creyó ver un resquicio por dónde meterse el defensor, intentando agrandar el mito de los supuestos contactos del MTP con el operador radical.

—Le recuerdo que yo estaba atado y encapuchado. El que hacía las preguntas estaba parado y era el que me pegaba a mí. Deberíamos traerlo y preguntarle: “¿Por qué le preguntaron a Paz por Nosiglia?”, porque estaría bueno reconocerlo, ¿no?, respondió con seguridad el testigo.

Más tarde reconoció a Díaz y a Ruiz en las fotos de Eduardo Longoni. “¡Qué buena foto!”, exclamó con naturalidad cuando vio la número tres de la secuencia magistral de ocho imágenes en la que se ve a José Díaz e Iván Ruiz con vida, antes de que, según denunció el testigo Almada, los subieran a un Ford Falcon blanco para sacarlos del Regimiento, asesinarlos y desaparecerlos. También reconoció a los dos desaparecidos, pero ya no en la foto, sino recordando los momentos previos a la toma. “La noche anterior Díaz y Ruiz, que tenían experiencia en Nicaragua y contra la dictadura, nos hablaron mucho a los que no teníamos experiencia de combate. Eso fue muy importante para nosotros”.

Antes, en el primer turno, había declarado Miguel Ángel Aguirre. Con mucha tranquilidad entregó un detallado informe acerca de todo lo ocurrido en las jornadas del 23 y 24 de enero de 1989. Desde la convocatoria por parte de la conducción del MTP, hasta los motivos de la movida político—militar: “nos convocaron para oponernos a la sublevación militar”; pasando por el ingreso al cuartel: “la tarea de mi grupo era ocupar el Casino de Suboficiales. Fuimos en un Renault 12 que conducía Claudia Lareu”; también se refirió al bombardeo desmedido que sufrieron en el Casino de Oficiales, en el que estaban mezclados con los soldados, que primero fueron prisioneros y luego, con los militantes del MTP, se volvieron pares intentado sobrevivir al asedio: “a esa altura de la tarde solo estábamos intentando sobrevivir, era el único propósito, porque estaban intentando matarnos a todos”, aseveró Aguirre. Tanto él como Paz, dieron cuenta de comunicaciones vía handy entre Claudia Acosta, con ellos en el Casino, y Roberto Sánchez, en la Guardia de Prevención. La charla entre ellos, que además eran pareja, dio cuenta de que en la guardia estaban rodeados, intentando rendirse sin que los militares lo aceptaran. Paz incluso fue más allá. Narró que en el edificio del Casino sonó un teléfono. Él atendió en medio de la balacera y le cortaron. Cuando le contó que había un teléfono a Claudia Acosta, que acababa de enterarse de la dramática situación en la Guardia, le dictó a los gritos un número y un mensaje. Paz llamó y del otro lado atendió una voz de mujer: “Las cosas están mal. Están preparando una matanza. Hay compañeros que quisieron rendirse y no pudieron. Hablá con los organismos de derechos humanos”, dijo y cortó.

La novedad que aportó Aguirre y luego ratificó Claudio Rodríguez, es la identificación de Ricardo Veiga como una de las personas que se ve en las fotos de Longoni saliendo por la ventana de la Guardia de Prevención, en llamas por el ataque militar. Veiga aparecerá luego en la lista de muertos. Si bien no se sabe en qué circunstancias murió, es presumible que su muerte haya sido ocasionada por las heridas. Algunos de los sobrevivientes cuentan que un oficial les manifestó que Veiga, ya agonizando, le habría dicho: “Soy Ricardo Veiga, díganle a mi vieja que morí en combate”.

Aguirre primero y Rodríguez después, relataron toda la secuencia de terror de Estado que vivieron en las dos jornadas, en coincidencia no solo con el testimonio de Paz sino con el de todos los sobrevivientes que han pasado por la sala de audiencias. Esas mismas torturas que luego intentaron denunciar la única vez que cada uno de ellos estuvo frente a Larrambebere, y también en el juicio oral donde fueron condenados. En el mejor de los casos les dijeron que había causa paralelas, que nunca avanzaron como la que los condenó. En otras directamente acusan a Larrambebere de ordenarle a un guardia: “Sacame a esta basura de acá”.
Sobre el cierre de la jornada, cuando los jueces agradecían y despedían a Claudio Rodríguez, Dibu, como le dicen sus compañeros/as, pidió unos minutos para recuperar una historia familiar: “Una noche de febrero de 1977, un grupo de tareas entró a mi casa y secuestró a mi papá”. Osvaldo Roberto Rodríguez integra la lista de personas desaparecidas durante el Terrorismo de Estado en la última dictadura militar. Sus restos fueron identificados en 2014. Estaba enterrado como NN en el Cementerio de Avellaneda. “Ojalá podamos en algún momento saber qué hicieron con nuestros compañeros desaparecidos en La Tablada”, cerró antes de retirarse envuelto en aplausos, como todos los demás.

El expediente Larrambebere

Como viene sucediendo desde que el exmilitar César Ariel Quiroga contó que le hicieron firmar una declaración trucha en el juzgado de Gerardo Larrambebere, en 1990, buena parte de los testimonios dan cuenta de la trama de ocultamiento judicial que habría respaldado vía expediente la historia oficial. En lo que pareció un esfuerzo desesperado por dar vuelta el envión del juicio contra Arrillaga, su defensor pidió la citación como testigo del exjuez. No es habitual que un magistrado de más o menos reciente jubilación como Larrambebere, tenga que sentarse a dar cuenta de un expediente de instrucción que involucra el posible ocultamiento de cuatro desapariciones y quizá también varias ejecuciones sumarias.
La querella, a través del abogado Pablo Llonto, se negó al pedido de la defensa argumentando, esencialmente, que el exmagistrado, más que como testigo, podría ser llamado como futuro imputado. Llonto anunció que al finalizar este juicio denunciarán la situación del expediente Larrambebere en el juzgado de Morón.
Al haber dos posiciones enfrentadas, el tribunal se retiró a deliberar y rechazó el pedido de la defensa de Arrillaga, con el argumento técnico de la presentación fuera de término: las testimoniales se piden antes del comienzo del juicio, y solo se puede pedir un testigo nuevo si apareciera nueva prueba.
El juicio continuará el próximo viernes, con dos militares y Joaquín Ramos, militante del MTP, como testigos. Se acerca el aniversario 30 de los hechos que se juzgan. Y quizá también se acerque un poco de justicia.

*Este diario del juicio por los desaparecidos de La Tablada es una herramienta llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva y Agencia Paco Urondo, con la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguinos diariamente en http://desaparecidosdelatablada.blogspot.com

“De cara al juicio”

Con las madres y algunxs familiares y amigxs al frente, escuchamos a Cristina Gramajo, mamá de Sergio -Fili – Filiberto, que se animó a romper el silencio de una tarde cargada de emociones. Ella comenzó agradeciendo a lxs presentes, y dijo “vemos las caritas repetidas de cada mes, y tenemos presentes a los que nos avisaron que no podían asistir por fuerza mayor”.
Luego habló del juicio que se viene contra Alexis Eva, Matías Giulietti, Carolina Guevara, Sergio Rodas, César Carrizo y Alberto Donza, los 6 policías responsables materiales de la masacre, que estaban de guardia ese día en la comisaría. Hoy son ex policías, están exonerados, 4 “cumplen con arresto domiciliario” y 2 están esperando la condena en un penal, todo esto gracias a la lucha y la presión popular. Cristina dijo: “estamos a pocos meses del juicio, otra instancia difícil en nuestras vidas, que nos debe encontrar unidos y fortalecidos, codo a codo, recobrando el placer de juntarnos para luchar, para visibilizar lo ocurrido en nuestra ciudad, para que sea una antes y un después en la Masacre, recuperando nuestro objetivo de lucha, por un nunca más, para que otras madres y otros hijos no pasen por lo que nosotros pasamos. Y para conseguir esto debemos seguir trabajando juntos, empoderados por los logros, para que este lugar de horror se convierta n un espacio de resignificación de lo ocurrido”.
En cuanto al edificio en donde funcionó la comisaría primera hasta hace pocos meses, y donde fueron asesinados los 7 pibes Cristina agregó: “queremos transformar este espacio oscuro y malo en un lugar de luz, recuperado para que cada uno de los vecinos lo sienta suyo, donde nuevos proyectos nos ayuden a buscar lo justo: que nuestros derechos humanos no sean vulnerados. Y a partir de conocer estos derechos podremos hacerlos respetar”. Y comprometió a los presentes en esta tarea, diciendo que todxs “debemos ocuparnos también de que quede en la memoria colectiva, que lo que ocurrió aquí nunca debió suceder.”
Interpelando públicamente a los responsables políticos de la masacre y a la sociedad en general, la mamá de Fili lanzó un par de preguntas ante el oído atento de lxs acompañantes que, silenciosamente, con lágrimas en los ojos algunxs, y puños y dientes apretados otrxs, presenciaron y compartieron el momento. “Nos preguntamos entonces como madres: ¿Cuánto significó esta masacre para nuestra ciudad, para nuestros representantes políticos, para la justicia?, ¿Cuánta responsabilidad tiene cada uno de estos actores en este hecho gravísimo? Hecho que quedó escrito con sangre en la historia negra de esta ciudad. Un relato oscuro como la mismísima comisaría, lugar donde con la muerte de nuestros hijos también una parte nuestra murió”.
“Sabemos, además, como madres que no importa el número de hijos que tengamos. Cada hijo es único e irrepetible, con cada uno tenemos una historia de vida compartida. Aquí, en ésta comisaría, nos arrancaron ese pedazo de vida compartida de nuestros corazones. Con lo que nos quedó salimos a marchar y a cantar, a veces casi sin fuerzas, como hoy en particular”, expresó Cristina antes de seguir con los interrogantes. Esta vez buscando una reacción de empatía en la sociedad en general preguntó: “¿Al pueblo le interesa lo que a nosotros nos pasó?, ¿Los interpela?, ¿Les duele la muerte de los jóvenes pobres en manos de los policías? ‘Ay policía que vida elegiste vos, matar a la gente pobre es tu profesión’, cantamos. ¿Será un hecho más que se ha naturalizado? O quizás crean estar exentos de que les pase”. Y una vez más mencionó la necesidad de contar con el acompañamiento de lxs presentes, diciendo que “son los que nos sostienen en este camino”. Además, pidió dejar de lado las diferencias, sosteniendo que “al estar juntos crecemos y nos fortalecemos”.
Para finalizar, y hablando de manera personal, Cristina compartió con lxs presentes que “en pocos días Sergi, el Fili, el pibe de la sonrisa amplia para todos, cumpliría 29 años”. Y agregó: “el facebook me recordó y me invitó a crear un evento el 10 de octubre. Por lo tanto, ya pedí a unos amigos la bandera que estos le hicieron en su memoria, y nos reuniremos al lado de su mural para recordarlo juntos, pondremos música como a él le gustaba.”
Luego de un respetuoso silencio tomó la palabra Silvia Rosito, mamá de Fernando Latorre. Sus palabras fueron pocas, pero demoledoras. Silvia, rompiendo en un llanto desgarrador, recordó que “en este mes se festeja el día de la madre”, y en ocasión de que Fer era su único hijo, nos compartió su inmenso dolor cuando nos dijo “el ya no me va a poder decir más ‘Feliz día ma, hermosa’”. El acto finalizó con sus palabras de agradecimiento hacia lxs acompañantes y diciendo que: “a veces nos sentimos tan solas que necesitamos nutrirnos con sus abrazos y su acompañamiento”.
Lo demás fueron abrazos apretados, lágrimas, palabras de aliento, y promesas de que los 7 pibes van a tener jus7icia.
¡Venceremos!
Colectivo Justicia x los 7

Repudio a la creación de la Policía Infantil en Catamarca

Repudio a la creación de la Policía Infantil en CatamarcaRepudio a la creación de la Policía Infantil en Catamarca

(APL) Cuatrocientos chicos de 6 a 14 años ya integran la Policía Infantil de la provincia. La aberrante decisión fue cuestionada por diversos sectores populares. Al ser la más eficaz organización criminal del distrito, la institución policial catamarqueña regentea todos los delitos que dice combatir, tal como sucede en el resto de las provincias. Al cierre de edición, la APL recibió denuncias que involucran a la institución en la trata de niñxs con fines de explotación sexual. A la vez, cabe recordar que en el Festival Antirrepresivo “Soy Humanx”, realizado en setiembre de 2015, se volcaron valiosos testimonios que dan cuenta quiénes serán los “guías morales” de lxs niñxs (ver http://www.laizquierdadiario.com/Catamarca-festival-contra-la-tortura-y-el-gatillo-facil-policial) . Uno de los rasgos que distingue a estos efectivos es el encarnizamiento con las mujeres. La “normalidad” en la provincia es que las detenidas tengan que desfilar desnudas ante toda la comisaría y luego sean obligarlas a limpiar los pisos bajo descargas de picana y golpes de cinto. Por su parte, la entidad expresó su “agradecimiento a todos los papás que confiaron en esta institución y profesores destacados a tal fin, para el desarrollo del proyecto y fortalecimiento de la conducta del niño”.

Joven torturado por efectivos de la comisaría 10ª en estado delicado

Este episodio de brutalidad policial habría ocurrido el pasado lunes por la tarde, luego de que Ricardo saliera de trabajar junto a tres hermanos, cerca de las 16. Mientras se trasladaba por calle Salta a bordo de un remís, cuatro policías con pasamontañas lo interceptaron y, sin orden alguna, se lo llevaron en calidad de arrestado.

Son escasas las declaraciones a las que pudo acceder este diario, ya que la familia siente gran temor por lo aterrador de la situación vivida: “Si no ponemos un abogado para que lo suelten, a esta hora lo estamos enterrando”, expresó su madre, entre llantos, a minutos de que los médicos dieran cuenta de su estado de salud.
Paucará, joven padre de una nena de 5 años y con una esposa que padece Lupus, único sostén de familia, habría sido sometido a todo tipo de apremios desde que estuvo adentro del patrullero hasta que salió de la comisaría en una ambulancia del Same.
Uno de los hermanos dijo: “No me dejaban verlo. Cuando llegué al otro día a la comisaría, no podía ni caminar, lo subieron en una ambulancia y pregunté qué tenía, me dijeron que le dolía el estómago”. Y agregó: “le cruzaron el móvil y sólo faltó que sea un Falcon verde”, en referencia a la oscura época de la dictadura.
Pero el calvario no terminó aquí. Una vez que el joven llegó al hospital, no lo querían atender, aduciendo que no tenía gravedad su situación. Por ello, la familia solicitó ayuda al juez de Garantías en turno, quien ordenó la inmediata atención del joven convaleciente.

Luego de que lo atendieran los profesionales médicos, le descubrieron una fisura en el intestino, que le habrían provocado los golpes recibidos por los policías, que en todo momento cubrían sus rostros con capuchas y amenazaban a su familia.
Cabe destacar que los Paucará son 6 hermanos varones, de los cuales 5 trabajan juntos en el mismo bar de calle Mate de Luna al 500. El día de los hechos salían tres de ellos de trabajar, alrededor de las 16, y debían reintegrarse a sus actividades a las 19, pero Ricardo no pudo regresar.

“Hábeas Corpus”
El caso de Paucará llegó a manos del juez de Control de Garantías en feria, Rodrigo Morabito, ya que la familia del joven no lograba que le dieran la libertad o explicaciones por su detención, y por estos motivos el magistrado hizo lugar a un “hábeas corpus”, medida que casi no tiene precedentes en la provincia desde la vuelta de la democracia.
En la resolución se tuvo en cuenta la manera en que los policías dieron con Paucará, pues no coincide con lo que declararon, ya que uno de los uniformados aseguró que lo vio pasar en el interior del remís en el que viajaba y lo reconoció como la persona que lo había amenazado por Facebook. Esto resultó poco creíble, especialmente cuando el hermano de la víctima indicó que vio a los policías esperar estacionados frente al bar donde el joven trabaja. Esto dio cuenta de que hubo premeditación y que averiguaron el paradero del joven antes de proceder.
Otra irregularidad estaría dada sobre el horario de su detención, ya que si bien fue trasladado a la dependencia policial a las 16.10, recién a las 00.20 se emitió circular para consultar si tenía pedido de arresto, es decir que desde su arresto efectivo hasta la notificación pasaron más de 8 horas, lo que da muestras de un proceder arbitrario.
La tercera y más grave irregularidad en la que hace hincapié la resolución es que los efectivos se notificaron sobre que no pesaba orden de arresto alguna contra Paucará, pero decidieron seguir adelante con la privación de su libertad, lo que se consideró un accionar “arbitrario, abusivo e irregular (…), vulnerando los derechos humanos de Paucará y asumiendo facultades de investigación y posterior arresto para lo que no están habilitados”.
De acuerdo a la resolución, los agentes involucrados actuaron de una forma definitivamente dictatorial, puesto que formularon una investigación propia, previa y paralela a la investigación judicial, actuaron en forma abusiva y arbitraria (incluso procediendo con sus rostros cubiertos por pasamontañas); luego pretendieron justificar su accionar y continuaron privando de la libertad al joven, conociendo fehacientemente que no existía restricción alguna de libertad en su contra.
Por estos motivos, el juez hizo lugar a la acción de “hábeas corpus”, con la que se ordenó al jefe de Policía la adopción de los recaudos pertinentes a fin de garantizar la libertad física y ambulatoria de los ciudadanos Ricardo Miguel Paucará, las personas que lo acompañaban, es decir sus hermanos, así como dos mujeres que estuvieron involucradas en la publicación del Facebook que fue la generadora del grave conflicto.

“Infancia, delito y Estado”

En los párrafos siguientes, trataré de dar una respuesta a estas preguntas, dejando abierta la discusión a nuevos aportes.
Por estos tiempos, se cita bastante a la Convención sobre los Derechos del Niño, por parte de muchos actores del Estado argentino. Sin embargo, es el país que más ha violado la Convención; es el país más cruel en materia de infancia; ergo, ha recibido por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuatro condenas internacionales en el lapso de 10 años por vulnerar los derechos humanos de los niños.
Es por esta sencilla razón que cuando se cita la Convención, debemos estar preparados para demostrar que la hemos internalizado y cotejar con prácticas y resultados concretos que sus postulados se están cumpliendo en forma efectiva y real. De lo contrario, sólo será una mera expresión de anhelos.

Ahora bien, ¿por qué encerramos a un adolescente?
La respuesta no es otra que por haber transgredido las normas penales, siempre y cuando tenga edad para responder ante ese delito y la infracción penal sea de una entidad tal que lleve indefectiblemente al encierro.

No obstante, la Convención sobre los Derechos del Niño establece de un modo claro que: “La detención, el encarcelamiento o la prisión de un niño (…) se utilizará tan sólo como medida de último recurso y durante el período más breve que proceda” (art. 37 ap. “b” CDN).
¿Cuál es el fin u objetivo del encierro? ¿Contención, reintegración social y familiar o simplemente castigar?

Pareciera que a diario olvidáramos que la privación de libertad es un castigo y que castigar implica nada más y nada menos que aplicar dolor, mortificar y afligir; esto es lo que hacemos cuando privamos de libertad a un niño que ha cometido un delito. Sin embargo, no podemos negar que ese encierro debe ser para algo, para lograr un fin u objetivo y así evitar futuras transgresiones que generen más personas dañadas.

Por supuesto que toda institución de encierro debe ser de contención; ello es indiscutible. Pero, ¿sólo de contención? Evidentemente no.
Imaginemos que nos internan en un hospital sólo para ser observados y cuidados, pero no para curarnos. Indudablemente, volveríamos una y otra vez a ese hospital para que nos “observen, cuiden y contengan”, cada vez que tengamos un inconveniente de salud. En definitiva, las enfermedades no tendrían cura y las personas estarían de por vida condenadas a retornar a las instituciones médicas y sufrir dolor.

En el mismo sentido, el Centro Juvenil Santa Rosa (centro de privación de libertad de niños infractores) no solamente puede ser de “CONTENCIÓN”, como se ha afirmado por parte de la autoridad administrativa de la ley provincial 5.357 de protección integral de derechos de niñas, niños y adolescentes, sino también de REINTEGRACIÓN, pues de lo contrario, la problemática de los adolescentes infractores y los motivos que lo llevaron a delinquir jamás serían abordados ni resueltos, estando condenados a un único y real resultado: “EL ENCIERRO SIN RESPUESTAS PARA NIÑOS INFRACTORES Y PARA LA SOCIEDAD”.

Siempre que se castiga a una persona menor de edad privándola de su libertad, el Estado DEBE concentrar todos sus esfuerzos en la REINTEGRACIÓN SOCIAL de ese niño, pues un “niño delincuente” es un claro fracaso familiar y estatal.

La propia Convención sobre los Derechos del Niño, en su artículo 40, al describir los derechos de todo niño de quien se alegue que ha infringido las leyes penales o a quien se acuse o declare culpable de haber infringido esas leyes, se refiere a la importancia de PROMOVER LA REINTEGRACIÓN del niño y de que éste asuma una función constructiva en la sociedad.
Al respecto, la Comisión Interamericana ha indicado que del artículo 19 de la Convención Americana derivan obligaciones particulares de “GARANTIZAR EL BIENESTAR DE LOS DELINCUENTES JUVENILES Y EMPEÑARSE EN SU REHABILITACIÓN” (CIDH, Informe No. 62/02, Caso 12.285, Fondo, Michael Domingues, Estados Unidos, 22 de octubre de 2002, párr. 83). En la misma línea, la Corte Interamericana ha indicado que cuando el aparato del Estado tiene que intervenir frente a infracciones a la ley penal cometidas por personas menores de edad, DEBE REALIZAR UN ESFUERZO SUSTANCIAL PARA GARANTIZAR SU REHABILITACIÓN A FIN DE PERMITIRLE CUMPLIR UN PAPEL CONSTRUCTIVO Y PRODUCTIVO EN LA SOCIEDAD (Corte IDH. Caso de los “Niños de la Calle” (Villagrán Morales y otros) vs. Guatemala. Fondo. Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63, párr. 185).

Así, un sistema de justicia juvenil, cuya política criminal esté orientada meramente por criterios RETRIBUTIVOS DE CONTENCIÓN y deje en un segundo plano aspectos fundamentales como la PREVENCIÓN y el fomento de oportunidades para una efectiva REINSERCIÓN SOCIAL, es incompatible con los estándares internacionales de derechos humanos de la infancia.
En definitiva, si desde el propio Estado, citándose la Convención sobre los Derechos del Niño, se afirma que los centros de detención de jóvenes infractores a la ley penal sólo son de CONTENCIÓN y no de REINTEGRACIÓN o REHABILITACIÓN, entonces no resulta ser un MENSAJE APOCALÍPTICO que la mayoría de esos jóvenes con el tiempo terminen en un establecimiento carcelario como adultos por vulnerar los derechos de terceras personas.

(Fuente: elesquiu.com)