PARTE DE UN TEXTO AUTOBIOGRÁFICO DE «NO FICCIÓN» EN PREPARACIÓN

Circunstancias

El guerrero supo que había sido derrotado. Luego de la milésima batalla estaba sólo y herido. Lo rodean cadáveres que supieron contener almas valerosas. A la vez, incontables combatientes mutaron de bando y ahora lo maldicen, anhelan su caída deshonrosa. Los incondicionales resisten lejos, viven y luchan como pueden: Fugitivos, dispersos, esquivando sablazos. Resisten. Esas eran sus circunstancias.

Salió de su casa y comenzó la caminata. Una vecina sonriente le dijo “buen día”, mientras barría la vereda con energía. ¿Sería realmente un buen día? Tal vez sí.
Sin embargo, pudo sentir cómo los caranchos aletargaban el planeo en espera del despanzurramiento. Quieren exhibir las entrañas del guerrero antes de devorarlas. Escuchó nítidos los murmullos: La multitud vendría en busca del escarnio y la humillación. Solo era cuestión de tiempo. “Se van quedar con las ganas”, afirmó.
Tarareó un tango de Discépolo quien había anunciado que el mundo fue y será una porquería de maldad insolente. Rememoró a Marx quien imaginó que la humanidad crearía una gran mesa con manjares servidos para todxs. “Hasta el momento, gana Discépolo por miles de cuerpos”, evaluó en clave burrera.
¿Cuántos años había concurrido con asistencia perfecta al hipódromo jugándose el resto al caballo salvador, alentando como un loco, “¡Fulano, viejo nomás!” “¡Fulano, viejo nomás!”? A los 16 había empezado su gran amor con el escolaso, aunque no sólo en la arena de Palermo: Con bigotes postizos – tenía mucha cara de nene y al casino ingresaban mayores de 21 -, entró muy seguro a la Casa de Piedra de Mar del Plata, con su martingala que lo convertiría en millonario, más que Rockefeller, sin explotar a nadie. Y así fue a jugarse la “última” parada.
Después de ganar tres días consecutivos, a la cuarta jornada regresó sin un cobre, colado en tren, en los fuelles que unen los vagones, del lado de afuera y sin comer. “Yo bien sé cómo se vuelve/ de la última parada/ con un gris de madrugada/Y un dolor de soledad”, le diría el tango “Escolaso”.
Pero, por una cabeza lo cierto es que ese amor duró más de lo debido y terminó mal. Como tantos otros. Nunca pudo explicarse sus desbordes pasionales: al mango, a morir. Para revivir y volver a empezar. Al fin y al cabo era un vértigo que lo había convocado a lo largo de toda la vida. Sí, era para escribirlo.

ACIERTOS: POCOS PERO BUENOS
¿Cuántas miles de notas había escrito? No lo sabía. Pero, todas habían sido por la revolución, contra el genocidio perpetuo y para la libertad. Una de las escasísimas cosas que había hecho bien, con los Talleres en las cárceles y barrios junto a la creación de la Agencia Para la Libertad. A ella se sumaron otrxs, desde Tierra del Fuego a Jujuy pasando especialmente por Corrientes, Rosario, Misiones, Cordoba o Pergamino; y el resto del país, contando a los familiares a quienes el populismo o la plutocracia le habían masacrado sus hijxs. Y también a lxs compañerxs de los exterminadxs que sentían suya a la APL. Y lo era. Porque al fin y al cabo era la única agencia anticarcelaria y antirrepresiva de la Argentina que visibilizaba sistemáticamente parte de los crímenes que cometen cada día, cada hora y todos los segundos las llamadas fuerzas de seguridad, en su incesante genocidio, disfrazado sin carnaval.
Pocas veces había sido tan feliz como cuando las chicas de Ezeiza luchaban contra los cobanis y fantaseaban con la libertad y sus goces en el Taller de Periodismo y Expresión. Ninguno de los cumpleaños que le festejaron superaba a los que le organizaron “las chicas malas”, con tortas, lágrimas, abrazos prolongadísimos y hasta alguna alegría prohibida. Eso le garantizaría persecución y proscripciones, pero las sobrellevaba con gran orgullo.

COMUNISTA/FESTIVO: LA INSTITUCIÓN MATA LA CAUSA
No entraba en ninguna casilla porque siempre había combinado la lucha comprometida con jolgorios que aún mantiene en reserva. Aunque algunos sabiondxs creían conocerlo todo, lo que sabían era un mínimo porcentaje. Menos mal. Hay secretos, hechos y nombres que se los llevaría a la tumba (si es que tendría tumba, claro), porque así corresponde.
“Pero al final, ¿sos un guerrero o un partidario del jolgorio de meta y ponga que va camino a la cirrosis ?”, solían preguntarle: “Las dos cosas”, respondía. “Es que sos un muchacho con muchas aspiraciones”, ironizaban. “Sí, che, demasiadas “, replicaba en joda. Una joda bárbara.
¡Viva el Comunismo/Festivo!, vociferaba en sus momentos de gloria y exaltación. Sí, era comunistafestivo, sin partido – claro -, porque la institución mata la causa. Así sucede casi siempre: En la arena política y en las camas. Y él había resuelto defender – con cuerpo y alma- causas y no instituciones. En la militancia y en las relaciones casuales, causales o forjadas en mutuas conspiretas por el deseo de sacarse bien las ganas.

BOMBARDEO E IMPUNIDAD
Revisó su vida mientras seguía la marcha y vio a su vieja embarazada de él y su gemelo bajo el bombardeo en Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955. (¡Qué grande la Vieja!) “A mí los milicos me reprimieron ‘dende’ el vientre de mi madre”, así lo diría Fierro, solía expresar como una joda. Una joda, las pelotas. Allí masacraron a cientos de argentinos y los jerarcas del peronismo y otros no castigaron a los culpables, ni luego de las bombas ni en todos los gobiernos posteriores en que pudieron hacerlo. Los ascendieron y algunos regresaron con la dictadura corporativa-militar para genocidiar a paso redoblado.
Aquel 16-J se había inaugurado una etapa de impunidad bestial en el país, pero a muy pocos le importaba.
Tres meses después del 16-J asumiría la “Revolución Fusiladora” y también surgiría una resistencia heroica y de ella La Gloriosa JP. El guerrero recordó cómo celebró el ajusticiamiento del general Aramburu por Montoneros, aquel claro día de Justicia. Dos décadas más tarde, Carlos Menen -alias “Alí Babá” – le daría un beso impúdico al almirante Isaac Rojas – el otro jefe de los fusiladores- para sellar la reconciliación y otro gesto en el derrumbe moral.

DERROTAS, VALORES Y DUBLÉ
En el primer recuerdo de su infancia reconoció un acto de libertad: A los tres años, en el fondo de su casa, solo y contra las presiones familiares junto a las del vecindario, miró el cielo celeste y blanco y dijo en voz alta: “Yo voy a ser de Racing”. Y así fue. Para siempre. Porque en aquel entonces, nadie, absolutamente nadie, cambiaba de equipo de fútbol. Sí de religión, partido político o sexo, pero no de equipo. El negocio y el triunfalismo habían pulverizado este valor.
Masticó la etapa disvaliosa que estaba viviendo la humanidad y le resonó la decisión de algunos pueblos originarios que se arrojaron en masa al precipicio antes de rendirse a la esclavitud. Valientes de verdad, aunque algunos imbéciles no puedan advertirlo. Claramente, lo había dicho Artigas: “¡Libres o muertos, jamás esclavos!”

Ahora, la plutocracia amarilla o el populismo de derecha, sin olvidar a los uniformados, la clase hegemónica le impuso sus valores a la clase oprimida. De eso se trata un genocidio, de imponer valores a los sobrevivientes. Eso sí era parte de la coronación de una derrota. Derrotaza marca cañonazo.
Las derrotas no tienen por qué ser definitivas. Pero lo cierto es que cierran un ciclo histórico y, por largo tiempo, solo queda resistir hasta poder pasar a la ofensiva, luego de una larga pelea por recuperar las conciencias destruidas. Era parte sustantiva del genocidio, la construcción del relato y el consenso imprescindibles para realizarlo perpetuo y encubierto: Naturalizado.
Y los golpes que más le dolían al guerrero no provenían de los cuarteles, los bancos, los juzgados, la Casa Rosada o el Parlamento, esos las esperaba en guardia alta. Lo que más lo jodió fueron las estacadas que lanzaban otrxs guerrerxs que portaban al enemigo, la ambición y una marabunta de egoísmos adentro, muy adentro. El significado de las palabras “hermanx” o “amigo” ardían en el último círculo del infierno del Dante. Esos sí que punzaba, carajo.
A la vez, le causaban tirria dirigentes que hablaban por izquierda y actuaban por derecha. Y se la pasaban glorificando sus propias acciones ignorando que Lao Tse sentenció: “El que resplandece, no se esfuerza por brillar”.

DESDE ARRIBA DEL CABALLO
Militantes de clase que leyeron la tapa de El Capital y escucharon la palabra plusvalía y ya se creían propietarios de la sabiduría esencial. Y decían a un laburante: “Vos, che, sos clase en sí; no sos clase para sí como dijo Marx, ¿entendiste?”. Ciertas “feministas” que no luchaban contra el patriarcado ni el machismo , esencialmente, sino contra los hombres, piensen como piensen y actúen como actúen, por caso, grafitteaban “Muerte a la pija”. Nora Cortiñas, esa enorme luchadora, les explicó que tiene que cambiar la sociedad, hombres incluidos, para demoler al patriarcado asesino. Así se lo dijo al periodista de la rebeldía, en varias ocasiones. También lo había explicado, contundente, la antropóloga Rita Segato. A la vez, existían Ambientalistas que miraban a los demás con indulgencia porque ellos sí que tenían, posta, las claves del mundo en extinción. Los disfrazados de “Cooperativistas”, forrados en lucas gringas, que votaron en el Congreso las leyes antiterroristas y otras contra los trabajadores y daban cátedra urbi et orbi de cómo era la cosa. Daban vómito. Y podríamos seguir con la lista hasta el infinito. La soberbia, el destrato, la hostilidad combinada con simpatías de ocasión, la destreza para las roscas y estar siempre arriba los caracterizaba a todxs.
Claro que no habían registrado que cuando a Ghandi le preguntaron: ¿Maestro, cuál es el camino para la Paz? “No hay camino para la paz, la paz es el camino”, respondió el Maestro. El concepto era aplicable a cualquier lucha o valor: No hay camino para la revolución, la revolución es el camino. Y este tipo de gente conspiraba contra las legítimas luchas de clase, de género, ambientalista o cualquier otra.
¿Llegaría el momento en que serían bajados de sus inmensos caballos? Ojalá, porque cambian las organizaciones, cambian los tiempos, cambian las posiciones, pero ellxs siempre al mando para amargarnos la fiesta. Y eran tan torpes que ni siquiera intuían el genocidio encubierto que millones nombraban “democracia”. Ellos también.

PERIODISTA, ARGENTINA, GARÚA, TRISTEZA
Cabe destacar que las derrotas de los pueblos en el plano axiológico – de los valores- no son un mero hecho “sociológico”. Penetran como un puñal en la carne en la interacción humana, donde una buena parte de la humanidad hizo suyos los códigos degradados de los opresores: “Cuando rajés los tamangos/ Buscando este mango/ que te haga morfar/ La indiferencia del mundo/ que es sordo y es mudo/ Recién sentirás”, filosofó Discépolo. Y, contundente, profundizó el tratado: “Cuando estén secas las pilas/ de todos los timbres/ que vos apretás/ Buscando un pecho fraterno/ para morir abrazao”. Irrefutable el troesma, en el quinientos seis y en 2019 también.
Y en la Argentina si algo se expandía era la calamidad de valores, mucho más que la obstinada resistencia de la que el guerrero formaba parte. Recordó que cubriendo notas en el interior, una mujer le ofreció a su hija y a su hijo, ambos en edad escolar, para su abuso sexual, “por la plata que sea, don”. Él le respondió: “Señora, voy a hacer de cuenta que no escuché nada y me voy”. “Pero, don, por lo que usted quiera”. El guerrero saco los billetes que habitaban su bolsillo derecho, se los dio y se fue sin saludar y ni siquiera mirar a la mujer ni a los pibxs. Esa era realidad de los pibxs, cuya violación garantizaba la cena familiar. Luego, la sociedad les exigiría ser “hombres y mujeres de bien”, conducirse con buenos modales y decir: “por favor, toma tú que te toca a ti”.
La Argentina emplaza heridas que no cierran y sangran todavía en los corazones de periodistas avezados.

OFICIOS Y DIGNIDAD
En este país toda organización era divisible por dos, por cuatro y por ocho mil. Y si se dividían las orgas políticas, ¿por qué no habrían de fraccionarse las prostitutas? Cierta tarde, en plena Plaza de Mayo, una mujer le anunció al guerrero que la organización que las nucleaba se había partido. Unas consideraban a la prostitución un trabajo y las otras no.
Apurado por los cierres periodísticos, el guerrero le pidió a Sonia que por favor le explicara los argumentos a favor y contra.
Sonia, en pleno llanto, zamarreó al guerrero de la camisa y le gritó: ¡¿Sabés por qué?! ¡¿Sabés por qué?! ¡Porque chuparle la pija a un tipo que te repugna no puede ser un trabajo digno! Él solo atinó a abrazarla y decirle: “Basta, no necesito ninguna otra explicación”. Sólo después conversaron más tranquilos y fraternales. Su camisa y su pecho estaban mojados por las lágrimas de Sonia y sus ojos por las propias.
Garúa, tristeza, pal periodista de la rebeldía.

LA SÓRDIDA GAYOLA
Y como no podía ser de otro modo, en uno de sus ámbitos de militancia, las cárceles de mala muerte, esos campos de concentración Siglo XXI, adónde le habían prohibido la entrada por denunciar los crímenes, también los viejos y buenos códigos de los antiguos presos se iban extinguiendo con la devastación de la entidad humana que, a garroterapia pura y dura, derrochaban los grises y los presos funcionales.
Y existieron variaciones conceptuales de usos y costumbres que impuso el afuera. Así, había quienes a los rochos de gran prestigio, como – por caso- Oscar “Cacho La Garza” Sosa, que se hizo 10 blindados sin un solo hecho de sangre, le llamaban (despectivamente) “los dinosaurios”. Y si el mundo se hizo cruento afuera, ¿por qué no habrían de serlo también muchos de los que malvivían y malmorían en la sórdida gayola, la más cruel de las instituciones del capitalismo destinada a pulverizar a pobres y retobados? Así, las almas emigraban al otro mundo desde cuerpos que traspasan las rejas en bolsas negras. Y aunque muchos resistían, la cosa andaba muy fulería. Igual que afuera, se podía confiar solo en un grupo de fierro, metal escaso.

MARXISTA/DISCEPOLEANO
Por eso el guerrero había fundado el Marxismo/Lennonismo (sí, por Johnn)/ Guevarismo/ Discepoleano, movimiento de pensamiento y acción del cual era el comandante en jefe y único militante. Porque el futuro cierto no está impreso en ninguna escritura. Puede que salga pato o gallareta, dependerá de la combinación de diversos ingredientes que, por ahora, destilan tufos nauseabundos desde la olla donde se cocina la realidad.
Por caso, la derecha populista, peronista, kirchnerista, llamala como quieras, exterminó la vida de miles y miles y miles y miles de lxs hijxs más indefensos del pueblo en la etapa dizque constitucional argentina. Miles de Lucianos y Chinas Cuellar. Pero por denunciar esta masacre y el ascenso impune de los matadores acusaban al guerrero de “hacerle el juego a la derecha”.
¿Así que ahora era revolucionario, de izquierda y/o progresista aniquilar, con plomo o picana, la vida de los “cabecitas negras” y jubilar con prosperidad a sus verdugos? ¿Así qué defender la vida de los pobres era ser gorila? Tienen cara de titanio, cuentas abarrotadas de dólares y la inmoralidad a prueba de misiles aire/bancos.

Cierto es que, de estar 12 años en el gobierno, los delincuentes comandados por Mauricio Macri y Patricia Bullrich Pueyrredón matarán muchos más. Pero el guerrero no vino a este mundo para decir cuántos pobres deben morir, sino para defender la vida de todos: “Sucede que si sos periodista del pueblo y silenciás sus dolores, gobierne quien gobierne, entonces sos un flor de pelotudo, un corrupto o la mixtura de ambos. Podrás ser cualquier otra cosa, periodista no. No existe el periodismo paraestatal”, solía decir en las entrevistas que le hacían lxs estudiantes.

ENSEÑANZAS Y MANOS TENDIDAS
Las acusaciones que recibía el guerrero tenían una dimensión menor a una hoja de comino. No lo dañaban, por el contario, eran un galardón con el que lo condecoraban los inmorales. Claro que cada vez estaba más solo. Y no podía ser de otra manera. “Solo y sin un mango como en un suicidio/ solo tengo un tango pa’ cantar mi exilio”, voceaba el Polaco Goyeneche, un groso de posta.
Por otra parte, nadie, absolutamente nadie, le iba a enseñar al guerrero qué son el peronismo y la pobreza. Sencillamente porque con esos atributos había llegado al mundo. Del primero pudo zafar, porque sin duda, luego de “aniquilar” a su propia juventud revolucionaria, – tarea que prosiguió la tiranía- el peronismo era el “hecho burgués del país maldito”, con nobles militantes por abajo, aunque el mango de la sartén, férreamente, lo aprisionaba la derecha dirigida por gurúes universales del clientelismo político, la conciliación de clases, las cuentas abultadas y la responsabilidad sobre las matanzas veladas.
A su vez, la pobreza mantuvo al guerrero a los tumbos, como zapallo en carro, décadas enteras. A veces por el capitalismo y otras por mérito personal ensanchado con empeño, alternando así picos de altísima euforia con bajones que te la “voglio dire”. Entonces se refugiaba en la solidaridad.
Solidaridad. Qué palabra. Recordó a todxs aquellxs que, generosamente, le habían tendido su mano. Hubo muchxs, muchxs, muchxs. Pero, por lejos, su hermana Mecha era la campeona mundial de la solidaridad sin aspaviento alguno en tiempos jodidos y remil jodidos. Mecha, sin conocimiento alguno del marxismo, guevarismo o trotskismo, tenía rasgos natos de la mujer nueva que había hablado Guevara. (Sí, él dijo “hombre nuevo”, pero se refería a todxs).

PALOS PORQUE BOGAS Y PALOS PORQUE NO BOGAS
El guerrero se acordó que un día despertó de pésimo humor y rompió todos sus textos “literarios”. ¿Qué periodista no tiene berretines de escritor? Destrozó todos menos uno, porque creyó que ese era bueno. Quiso probarlo y probarse en el terreno más hostil, más jodido, lo mandaría a una contienda difícil. Por esos días, el diario Clarín organizó su Primer Concurso Nacional de Cuentos. Casi 7 mil personas enviaron sus trabajos. El guerrero también y se dijo: “Si salgo entre los primeros 100 descorcho champán”.
El Universo quiso que ganara el primer premio y por unos minutos, pa’ qué negarlo, se sintió “torazo en rodeo ajeno”, festejó con los cercanos y se agarraron un borrachera multicolor. Aunque nunca se la creyó. Además, escribir un buen cuento no te convierte en escritor. Sin embargo, algunos empezaron a reprocharle el haber enviado el texto “Martínez” al Clarinete. Estas gentes desconocían que, por ejemplo, el jurado del Premio Novela de Clarín lo presidía José Saramago, titular del Partido Comunista portugués y Premio Nobel de Literatura, hombre execrado por el Vaticano, y era impensable que Magneto o la viuda de Noble le bajaran línea sobre quién tenía que ganar. Los medios del poder vigilan con sus ojos las secciones Política o Economía y dejan hacer en “Cultura”.

Es una verdad de don Pedro Grullo que ninguno de los grandes medios defienden los intereses revolucionarios, precisamente. Tan cierto, como que grosos de posta – no afortunados de ocasión como el contendiente- , tales como García Márquez y Galeano habían escrito o concedido reportajes en La Nación y el mismo Clarín. Se sabe, los espacios hay que aprovecharlos y no desecharlos.
Pero el batallador, aún en la pobreza de los saltimbanquis, aún con todas sus notas y libros denunciando a los poderosos firmados con nombre y apellido, con sus correspondientes acechanzas, debía explicar lo obvio. Palos porque bogas y palos porque no bogas.
Aunque no les daba bola, eran incorregibles. Solo, se decía a sí mismo: “No nací pa’ ser ortiba/ ni tampoco lengua larga/ no le doy bola a los giles/ que me miran y se amargan”.

INTENSIDADES DE MUJER Y COBARDÍAS DE VARÓN
Después, evocó rostros y fuegos de quienes le entregaron, pródigamente, sus intensidades de mujer. Lástima grande que no supo valorarlas en su momento. Una de sus colosales cobardías. ¿La mayor? Y sí. “Es que soy un trotskista del amor, por eso el cambio permanente. Y también soy un guevarista del amor, no viste que ataco sorpresivamente en las montañas y en la selva?”, solía joderla a Ella. “Sí, seguro, el Che y Trotsky tienen la culpa de tú pavura al compromiso: ¡madurá, loco!”. “¿Vos sos mi analista, che?”, intentó salir del paso. Sin éxito, claro, ante alguien tan filosa en el decir y tan fogosa en el consumar.

ELLA
El combatiente había sido Campeón Invicto del Torneo Mundial de Errores. Y había que asumirlo. Claro que en aquellos momentos le parecían aciertos esenciales para vivir a su manera: militancia y joda variada y tupida, fue su coctel escogido durante décadas. La militancia no la dejó nunca. Y la joda, bué, la disminuyó todo lo que pudo, con las excepciones del caso. Porque el guerrero tampoco era el “Cacique Huevo Largo” de la perfección humana.
No en vano en una de las redacciones donde laburó le decían “Pecatore”. Y era cierto, no había dejado trampa sin consumar, vicio del que gozar ni dinero sin malgastar, en un eterno Viva la Pepa. Él nunca pudo “entrar y salir” de aquellos desenfrenos, debía permanecer en ellos hasta agonizar en la resaca. Entonces, se acordó de Ella.
Ella lo había rescatado de esos berretines y, por caso, lo devolvió a la pasión por el mano a mano con su magia pelirroja y la tibieza de sus pechos y su entrepierna, entre otras. Presuntuosa, no perdía ocasión de recordárselo sutil o explícitamente en el momento indicado del modo preciso. Dios mío, ¡qué buena narradora.
El perdedor recordó la maldita pelea y que, por orgullo o vaya a saber por qué, no se volvieron a llamar. Una vez se la había cruzado en Corrientes y Callao, la divisó a unos 30 metros y acusó el golpe desde el alma al slip. “Hola”. “Hola”. Saludaron y, aunque a paso lento, siguieron caminado simulando indiferencia. Pero sus ojos, el temblor de su voz y de su mano al tocarse los rulos rojizos, no la dejaron mentir.
“Y ahora que no es hora para nada/ tu boca enamorada/ me incita una vez más”, pensó entonces el contendiente y, como un Humphrey Bogart de cartón, se zambulló en la juerga, pa’ mostrarse a sí mismo que la había olvidado. Quévacer.

Años más tarde él sabría que ninguna fiesta es gratis en el capitalismo. Se dio vuelta y vio que la repisa almacenaba una montaña de deudas. Algunas le importaban una minúscula hoja de comino. Otras, estaban escritas en su conciencia y esas lo laceraban. Y supo que la culpa, esa invención de la moral judeocristiana, no se transforma en billetes contantes y sonantes. Pero aún así, atrapado sin salida, el guerrero no le pediría la absolución a la Iglesia Católica, Apostólica, Pedofílica y Romana.
Y ahora que quería hacer buena letra, los bancos no le prestaban dinero porque era insolvente y era insolvente porque los bancos no le prestaban un maldito cobre. Por caso, para sus proyectos editoriales que eran realmente sustentables. Capitalismo puro y duro. Áspero.
De todos modos, coincidía con Celedonio Flores y solía entonar con Carlitos: “Yo no siento la tristeza de saberme derrotado/ y no me amarga el recuerdo de mi pasado esplendor/ no me arrepiento del vento ni los años que he tirado/ pero lloro al verme solo, sin amigos, sin amor”.
Esa era la posta, y no era hora de falsedades. A lo hecho, pechos. Y hablando del tema, ¿contra quién irradiaría Ella su calor en despertares sublimes después de la magia en las madrugadas?
No aguantó la intriga e hizo los llamados correspondientes. Ella ya no vivía en la Argentina. Con sus rulos rojizos y toda su sensualidad, había cruzado el charco para juntarse con un chabón que la chamuya en francés.
“Garúa, tristeza”, dijo en voz alta al descorchar el tinto y brindó solo sin saber bien por qué temblaban la copa y su mano.

DINÁMICA GENOCIDA, ENCUBIERTA Y NATURALIZADA
Otra vez recorría sin rumbo las calles de Buenos Aires y había uniformados en todas las direcciones. Los representantes de la oligarquía habían militarizado centímetro por centímetro el país, aludiendo a la “inseguridad” pero pensando en los votos y en el disciplinamiento para gerenciar el genocidio encubierto. Una dinámica genocida, naturalizada y aceptada. Porque eso y no otra cosa, con mayor o menor voltaje, era gobernar en casi toda América Latina.
La masacre de pueblos originarios jamás concluyó después de la llegada de Colón a estás tierras, que el imbécil confundió con la “India” y otros, más imbéciles todavía, llamaron “América”. Los muertos por gatillo fácil o torturas engayoladas, las pibas desaparecidas para la trata prostibularia, lxs chicxs pulverizados por el “paco”, los líderes de posta, como el ejecutado Darío Santillán o los que sucumbieron por hambre o por las fumigaciones, los trabajadores en blanco que morían en “accidentes de trabajo”, o los femicidios y travesticidios alentados, superaban -ampliamente – en número a los 30 mil desaparecidos por la dictadura militar, matados para precisamente imponer mayores ganancias y nuevos disvalores en este orden social. Pero, las grandes mayorías seguían llamando “democracia” al genocidio con decorado electoralero.
La dinámica democrática-genocida no tenía fechas de comienzo y final, como mal se evaluó a otros genocidios, por caso el nazi. Tampoco respetaba las secuencias de las Prácticas Sociales Genocidas (Daniel Feierstein dixit, ¡Un groso!): construcción del enemigo interno, hostigamiento, realización del exterminio, posverdad y consenso para imponer los nuevos disvalores en la destrucción de relaciones sociales. Endiabladamente mixturadas actuaban todas las etapas juntas sobre el grupo enorme de los más vulnerables con eficacia y reconocimiento, como un monstruo que se retroalimenta de sus esclavizadxs que lo aplauden con ganas.
Así, le resonó fuerte el Che que había lanzado: “El capitalismo es el genocida más respetado del mundo”.
Sólo una inmensa derrota axiológica impedía entender y ni siquiera nombrar a lo que sucedía a ojos vista.
El guerrero lo explicaba una y otra vez, pero veía las caras de desconcierto e incredulidad.
Continuó el camino y cruzó miradas con uno de uniforme y se dispararon chispazos de desconfianza mutua. Así había sido siempre. Nunca había odiado así a nadie ni a nada. Especialmente a los grises. ¡Cobanis hijos de siete mil puta!
Más tarde, ya de regreso frente a la computadora, al guerrero le brotó de nuevo la rabia, maldijo a los traidores cercanos o distantes, a la casta política y al periodismo berreta que degradaba a la vida. Por caso, ante el asesinato por los penitenciaros de un pibe preso y esposado, había “periodistas” que le preguntaban a la madre: “¿Pero señora, qué delito cometió su hijo?”. ”¿Por qué estaba preso su hijo, señora?”. Daban vergüenza ajena y ansias de un paredón propio.

LA SANGRE Y EL VINO
También el guerrero barruntó que la sangre paga las deudas y que el vino calienta los cuerpos y las almas. Descorchó el tinto, con quien mantenía una añeja amistad y le pegó flor de beso.
“Hasta la victoria siempre”, le dijo Guevara desde la foto con la sonrisa bella. “Salú”, le contestó y dio un par de chupones más a la botella. También brindó con lxs poquísimxs de fierro que le quedaban: “Salú”. “Salú”. “Salú”.
Con otro beso evocó la sonrisa del hijo. Su primera palabra no había sido ni “mamá” ni “papá”. Inesperadamente dijo: “Teta”. “Este sí que la tiene clara”, pensó en aquel momento. “Salú”. Le había puesto Ernesto porque significa: “El que combate con voluntad de vencer”. También por el Che, claro. No había amado así a nadie ni a nada. Pasó al fervor kilombero del gurrumín cubano: Mauro, el hijo del hijo. Pero, sintió que no era momento de pensar en ellos ahora. Lo debilitaban para la pelea que, inevitable, se venía a paso redoblado.
Una sirena desconocida lo arrancó de sus pensamientos. El ulular retumbó cada vez más cerca. Más. Más. Y más. Entonces, el guerrero entendió que hay batallas en las que se está solo. Asolutamente solo. Había llegado la hora de resolver por la acción. Se dio valor en voz alta: “Qué importa el dolor que va enhebrando el recuerdo/ nunca lloro lo que pierdo porque nací jugador”.
Por milésima vez se había jugado el resto. Solo había que orejear la última carta. Si llegaba de fiesta, fiesta habría. Y si venía baldón, entonces marcharía a enfrentar las circunstancias. Como un hombre: Ni más, ni menos.

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