25 personas recibieron el título de la “Diplomatura en Economía Popular” de la Universidad Nacional del Nordeste

La provincia de Corrientes es un ejemplo de la alta tasa de hacinamiento que se observa en cárceles a nivel nacional. A esto se suma el deterioro de las instalaciones, la permanente violencia institucional y la falta de recursos que hace que cumplir la condena resulte inhumano. Pensar nuevas maneras de relacionar conocimiento con transmisión de herramientas como en ese caso no sólo plantea acercar conocimientos teóricos sino más bien proveer de recursos a sectores que se ven desfavorecidos por las condiciones socio económicas desde antes de ingresar al penal, las cuales se acentúan cuando recuperan la libertad.

Macarena Díaz Roig, licenciada en Comunicación social e investigadora, fue una de las coordinadoras de la Diplomatura: “La economía informal representa un tercio de la población del país, es una cifra muy grande. La parte del penal es lo más excluido que hay y más complicado porque están en un contexto en el que pierden el derecho a estar libres”, explicó al comenzar la charla con Cara Tapada.
“La educación es una variable de transformación, devuelve dignidad, derechos y oportunidades. En este caso se hace una inversión transformadora”

“Hay delitos -dice Macarena – en todas las clases sociales, pero él o la que llega al penal es quien no tiene recursos para poder defenderse. La población mayoritaria (que es alrededor del 80 por ciento o más) son personas de clases bajas. A eso le sumamos que las estadísticas demuestran que muchos no poseen formación académica, ni siquiera primaria en algunos casos. Hay que ver cómo el Estado devuelve esos derechos, que son herramientas para no volver a caer en la cárcel. Tener otro tipo de vida, otra alternativa”. Según las cifras que se recolectaron durante estos años de trabajo, la persona que estudia una carrera no vuelve a reincidir. De diez, nueve no reinciden. “La educación es una variable de transformación, devuelve dignidad, derechos y oportunidades. En este caso se hace una inversión transformadora”, detalló.

Fueron más de 200 horas reloj entre las clases y el tiempo que les llevaba realizar las tareas extracurriculares, nos comentó Macarena. Desde la Red agregaron que hubo muy buen rendimiento: se inscribieron 33 personas y se recibieron 25; fue muy poco el índice de deserción. En la mayoría de los casos, quienes abandonaron fue por motivos como el traslado, libertades o arrestos domiciliarios, no por decisión voluntaria.

“Presentamos el proyecto junto con el Centro de Estudios Sociales (CES), el Centro Cultural Universitario y la Red de Derechos Humanos y ganamos la convocatoria. Esto permitió esta planificación. Nos pareció que era un desafío importante. Lo que todavía no hay es trayectoria, no hay una política clara, más allá de un grupo con buenas intenciones”, aclaró Macarena.

La Diplomatura se desarrolló en el Penal N°1 porque es el que más población posee. Hay más de 600 hombres presos allí con condena firme. Para la Red de Derechos Humanos significó “un desafío romper la lógica de priorizar la seguridad por sobre la educación”. Asimismo, generar este dispositivo de traslados, así como integrar mujeres con hombres y personas de distintas unidades penales (cosas que no son lo habitual dentro del sistema penitenciario) significó para todes una victoria.

“Esta era la posibilidad de encontrarnos con lxs que están produciendo para conocer su realidad, y con eso perfeccionar la propuesta, aunque está dirigida en específico a lxs que están adentro, porque el único derecho que se pierde es la libertad, los otros deberían ser respetados”, dice Macarena.

En Ni una Menos: No están todas faltan las presas decíamos que “las mujeres y disidencias que se encuentran en situaciones de encierro muchas veces son invisibilizadas en las luchas por los derechos”. “Muchas de ellas son el sostén de sus familias”, agrega Macarena. “Los muchachos y las chicas destacaron la oportunidad que se les dio y el profundo interés porque se generen instancias de formación, capacitación y de acceso a la educación, porque hace tres años atrás no había más que alfabetización, escuela primaria, secundaria y alguna capacitación en oficios”, señalaron desde la Red.

En módulos teóricos se dictaron clases y talleres sobre Economía Popular, Trabajo, Filosofía y Comunicación. También hubo talleres vinculados a marketing, diseño de mercado, narrativa, gestión cultural y dibujo. Por otro lado se organizaron en torno a esta experiencia ferias en la Extensión Universitaria con la presencia de alumnxs que llevaron la producción de sus emprendimientos y en el curso de esas ferias hubieron otras capacitaciones: “Uno de los muchachos que hace encuadernación dictó un taller con muy buena participación de alumnos de una escuela secundaria. También una de las chicas del Pelletier dictó un taller sobre tejido de bolsas con materiales reciclados”, destacaron desde la Red.
ESTIGMATIZACIÓN LEGAL

“La idea es que la experiencia que cada unx transite genere nuevas formas de aportar desde su lugar y así que la educación universitaria vaya llegando a los lugares donde no llegó todavía”, dijo Edgar Billordo, estudiante de Relaciones Laborales y miembro de un grupo de investigación sobre Economía Popular, quien participó como docente. “La ley de cooperativas te limita en algunas cosas, por ejemplo, las personas que tengan antecedentes penales no pueden formar parte del consejo directivo como por diez años. A partir de eso intentamos dar un debate para demostrar cómo una vez que recuperan la libertad se les sigue privando derechos a través de la estigmatización legal”, señaló.

El aula en donde se desarrollaron las clases es un espacio que recuperó Yahá Porá. Nos contaron que ahí hacen el Plan Fines, capacitaciones, talleres y en este caso la Diplomatura: “El día que dimos la primera clase dijo Edgar no estaba une de les alumnes inscriptes en la Diplomatura porque le habían dado la libertad. Entonces la ausencia fue buena noticia porque representaba que salió una persona. No me interesa saber qué había hecho. Pensar que te vas a encontrar con toda clase de gente. Mi imaginario de la cárcel era lo que vi en Tumberos y en el Marginal. En cambio, estas eran personas que venían a educarse”.

Hace poco el reconocido escritor y realizador audiovisual, César González, expresó su opinión sobre las ficciones que cuentan historias sobre la marginalidad o los contextos de encierro. El cumplió una condena de cinco años en prisión, fue allí donde centró su atención en la literatura y ese fue un puntapié para desarrollar una carrera vinculada al arte sin perder el pensamiento crítico.

“Ojalá algún día -dijo César – dejen de pretender de los espectadores sólo una onomatopeya que diga ¡Guauuu! A mi entender, la marginalidad no es ningún espectáculo circense, la cotidianidad carcelaria es de una tristeza que asfixia, hay millones de seres humanos allí dentro sometidos a las torturas más inimaginables y oscuras, que ya habían nacido en una clase prisionera de todas las ausencias y que la cárcel sólo continúa una pena ya dispuesta previamente al nacimiento”.

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