ROCÍO, HIJA DE GABRIEL EIRIZ, ASESINADO POR EL PODER AÚN IMPUNE – LA LUCHA POR JUSTICIA PARA SU PADRE – LA BECA EN HARVARD Y LA FECHA QUE LA PERSIGUE –

«8 de octubre»

(APL)Rocío Eiriz logró una beca del cien por cien en la Universidad de  Harvard, Cambridge, Estados Unidos,  narrando la intensidad de un hecho que la marcó para siempre y que da cuenta de la Argentina doliente y en rebeldía. Junto a sus excelentes notas de estudiante y vallas que debió sortear, describió sucesos que le ocurrieron -singularmente – en una fecha: el 8 de octubre. El más trágico fue el de 2013 cuando sicarios enviados por un entramado del poder asesinaron a su papá en La Lonja, Pilar. Ella tenía 12 años y sus hermanos 7 y 8. En 2019 la vida la llevó lejos, a casi nueve mil kilómetros que separan Buenos Aires de Harvard. Sin embargo, la lucha por Justicia la mantiene muy cerca de su familia y de los militantes que se movilizan contra la impunidad, sin sosiego, en los tribunales, las calles y los espacios en resistencia. (Más abajo, el texto completo de Rocío)

Hay una fecha que siempre parece seguirme. Técnicamente, el 8 de octubre solo viene una vez al año, como el 21 de marzo o incluso el 10 de enero. Tampoco está escondido en algún lugar inesperado del calendario, está justo ahí entre el 7 y el 9 de octubre. Aún así, a veces siento que está en todas partes.

La “Avenida 8 de Octubre” es lo primero que veo al entrar a Montevideo después de un largo viaje de siete horas en auto. He hecho este viaje tantas veces que me siento como en casa. Estar expuesto desde muy joven y durante toda mi vida a los matices entre dos países diferentes despertó mi interés por la comunicación internacional. Sin embargo, extrañamente, ser medio uruguaya me hace sentir más argentina. Después de girar a la izquierda, estoy en el hospital donde, un 8 de octubre de hace cuarenta y cinco años, nació mi madre. El 8 de octubre es un día de comienzos.

Durante mi infancia, tuve que perderme muchas de las fiestas de cumpleaños de mi compañero de clase Thomas, ya que estaba festejando los cumpleaños de mi madre. Casualmente, Thomas también compartió su cumpleaños, el 8 de octubre, con otro de nuestros amigos. El 8 de octubre de 2012, mi profesora de inglés trajo una torta de cumpleaños para compartir con Thomas y el resto de la clase. Empecé a observar que era una fecha memorable: resultó ser el cumpleaños de ella también. El 8 de octubre es un día de festejo.

Desde entonces, Thomas se ha mudado. Sin embargo, casi una década entera después, la mayoría de esos 23 chicos siguen conmigo 9 horas al día, 5 días a la semana. A lo largo de los años, no sólo me han llamado amiga, sino también en broma «mamá», «profesor» o incluso «Messi», como hacemos acá en Argentina en honor a quien llamamos el mejor jugador de fútbol del mundo. Este último suele venir después de recibir mis apuntes de clase para estudiar para los exámenes. A medida que la escuela primaria se convirtió en secundaria, nuestra clase creció hasta convertirse en nuestra familia. Como «la mamá», un papel que me gané por ser la más responsable y la que vela por el éxito de todos, soy a quien pueden acudir en busca de ayuda; desde descifrar la filosofía trascendental de Kant hasta elaborar una reacción redox aparentemente imposible a la 1 de la madrugada, o simplemente algún consejo personal.

Recuerdo el 8 de octubre de 2012 a menudo. Eso es porque exactamente un año después de esa fecha fue el día de la muerte de mi padre. Inesperado. Incomprensible. Aplastante. Estaba llena de más preguntas que respuestas, con más dolor que lecciones, con más injusticia que legalidad. El 8 de octubre es un día de finales.

Pero también ese día comenzó una pelea sostenida por mí, mi abuela, mi tío, incluso por mis hermanos menores, que quedaron sin su padre a los 7 y 8 años. Es duro, largo, desgarrador, agotador, pero sin embargo vale la pena luchar. Una lucha por la justicia por una vida que nos fue arrebatada deliberadamente y sin piedad. El 8 de octubre es un día para la resistencia.

Cuando el 8 de octubre finalmente llega cada año -sorprendentemente, no más de una vez- intento tratarlo como un día ordinario. Recuerdo vívidamente el año pasado como lo pasé alentando a mi amiga para que ganara su torneo de tenis. Simultáneamente, sin embargo, estaba recordando, cuestionando, reflexionando. Recuerdo otros cuando me quedé sin dormir tratando de darle sentido a la situación sólo para darme cuenta de que el sentido es precisamente lo que le falta. Esta fecha, entonces, es para mí tanto un día de pérdida como de crecimiento. El 8 de octubre es un día de reflexión.

Muchos 8 de octubre me han moldeado. Otros parecen estar a mi alrededor todo el tiempo: cuando abro un libro de historia, cuando recibo una notificación de Facebook, cuando busco en la página de Wikipedia un jugador del rival de mi equipo de fútbol. Muchos más están por venir. No puedo evitar preguntarme dónde estaré en el próximo.

(Con información de Maximiliano Fernández/ Infobae)