Por el reconocimiento de la violencia sexual en dictadura como crimen de lesa humanidad

LOS ESPECTADORES: LA CULPABILIDAD DE LOS FALSOS INOCENTES. Y LA DECLARACIÓN DE LAS VERDADERASCTIMAS.

“Supongo qué sabes que te vamos a matar”

“A los pies de todo trono absoluto se agolpan hombres como el nuestro para asir su parcela de poder: es un espectáculo repetido; nos vienen a la memoria las luchas a cuchillo de los últimos meses de la segunda guerra mundial, en la corte de Hitler y entre los ministros de Saló; hombres grises éstos también, ciegos más que criminales, luchando encarnizadamente para repartirse las migajas de una autoridad criminal y moribunda. El poder es como una droga: la necesidad del uno y de la otra es desconocida para quienes no los han probado, pero después de iniciarse en ellos, lo cual (como para Rumkowski) puede ocurrir fortuitamente, aparece la dependencia y la necesidad de dosis cada vez más altas; surge también el rechazo de la realidad y el retorno a los sueños infantiles de omnipotencia. Si es válida la interpretación de un Rumkowski intoxicado de poder, hay que admitir que la intoxicación ha ocurrido no a causa, sino a pesar del ambiente del ghetto, es decir, es tan poderosa que llega a prevalecer en condiciones que parecerían las ideales para extinguir toda voluntad individual. En realidad, era bien visible en él, como en sus modelos más importantes, el síndrome del poder permanente y certero: la visión distorsionada del mundo, la arrogancia dogmática, la necesidad de adulación, el aferrarse convulsivamente al puesto de mando, el desprecio por las leyes”.

La zona gris – Los hundidos y los salvados. Primo Levi.

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NEUQUÉN, 5 DE MAYO DE 2016

La sala de la Asociación Mutual Universitaria del Comahue estaba repleta de estudiantes, periodistas, policías y militares. Sobre sillas de plástico blanco, jóvenes a punto de egresar del colegio secundario, veían como se organizaba la sala. Los abogados defensores de un lado. La querella y el fiscal enfrentados. Atrás, como mirando toda la escena, los tres jueces (Alejandro Silva, Marcos Aguerrido y Guido Otranto) intervinientes en la causa. En los perímetros circulaban un grupo de hombres pertenecientes a las fuerzas de seguridad en actitud de contención sobre la sala y las personas presentes: hombres vestidos de gris, verde y un color marrón claro intercambiando puestos cada 15 minutos.

A continuación este mismo público escuchó el relato de cuatro testimonios, incorporando datos e instancias jurídicas de relevancias para el desarrollo de los casos de Lesa Humanidad dentro de la región sur del país.

Primera parte

Introducción.

Autos.

Milton Alberto Gómez era militante de la JP y de Montoneros. A mediados de 1976 la vivienda en la ciudad de Neuquén donde vivía con su esposa y su hija fue acribillada, razón por la cual decidió alejarse de la zona, trasladándose en primera instancia a Morón, provincia de Buenos Aires, y luego a San Rafael, Mendoza, donde ejercía la profesión de fotógrafo y participaba de actividades políticas y gremiales. A mediados de 1976 personal presuntamente perteneciente al Ejército amedrentaba a los padres y hermanos de Milton Gómez, residentes en la localidad de Plottier, requiriéndoles por su paradero. En octubre de 1976 el Ejército Argentino ordenó su captura.

Primera declaración: el hermano de Milton Gómez.

Blas Cuevas ingresó por una puerta angosta cercana a la mesa de entrada de la sala. Ingresó acompañado de tres personas. Cuevas caminó unos metros, se sentó frente al juez y pacientemente comenzó a responder cada una de las preguntas de los abogados intervinientes. No fueron muchas. Su declaración fue breve, aunque gráfica, casi cinematográfica; de esos relatos que parecen describir continuamente un mecanismo aceitado y sistemático:

Juan Cruz Goñi (abogado querellante): ¿Recuerda si su madre fue molestada o consultada con respecto al paradero de su hermano?

B.C.: “Una de las cosas más graves que le pasó fue que la acorralaron cuando cruzaba una calle, en un sector de Plaza Huincul. Y cuando se bajaron dijeron ‘no, no es ella’ y se fueron.

Juan Cruz Goñi: Nos puede contar, por favor, en qué estado se encontraba Milton, cuando salió de la detención:

B.C.: “Estaba quemado con cigarrillos, estaba golpeado. Tenía la mirada perdida. Estaba muy torturado.”

Juan Cruz Goñi: Posteriormente a la liberación de su hermano, ¿él sufrió algún tipo de persecución por parte de autoridades militares?

B.C.: “Mi hermano falleció en el 2006, y hasta días antes de fallecer recibía llamados telefónicos – de lo que él me decía que era el servicio de inteligencia-.”

Leticia Cheli (abogada querellante): ¿Usted porque cree que lo perseguían a su hermano?

B.C.: “Lo que yo creía entonces era que estaba mal lo que estaban haciendo: participando en política; lo que creo hoy es que había que eliminar una franja de la población que le podía traer problemas a quienes tomaron por la fuerza el gobierno.”

Leticia Cheli: ¿Y su hermano tuvó algún hecho puntual con estas personas en algún acto público que a usted le haya comentado?

B.C.: “A mi hermano, mientras estaba siendo torturado, se le levantó la venda que le tapaba los ojos y vio a una de las personas que lo había torturado y nunca más se olvidó de él. Su nombre era Alfonso Rodriguez. Y esta persona llegó a las Coloradas (Neuquén). Y mi hermano le pidió a las autoridades de esa localidad que lo sacaran del pueblo”.

El lunes 28 de febrero de 1977 Víctor Gómez fue liberado por disposición del Comando Subzona. Gómez falleció en 2006 a causa – según relató su hermano- de una profunda depresión en la que cayó luego de atravesar la experiencia de persecusiòn y tortura permanente.

El lugar donde estuvo alojado Víctor Gómez se trataría del centro clandestino de detención “La Escuelita”, ubicado en terrenos contiguos al Batallón de Ingenieros de Construcciones 181 de Neuquén.

Segundo testimonio

La lectura de Juan Cruz Goñi y el precedente jurídico.

Como precedente jurídico el abogado querellante Juan Cruz Goñi presentó un pedido para que se efectúe la lectura en público de las declaraciones de las “víctimas – testigos”:

En el pedido de Goñi podemos leer:

“los principios de oralidad, inmediación, publicidad y personificación de la función judicial exigen que la prueba del juicio sea ventilada en la propia audiencia oral y pública de manera que las partes, el Tribunal y el público puedan presenciar y controlar el contradictorio. Alberto Binder sostiene en su obra ‘Introducción al Derecho Procesal Penal’ que ‘la oralidad…genera un sistema de comunicación entre el juez, las partes y los medios de prueba, que permite descubrir la verdad de un modo más eficaz y controlado’”.

Luego que los jueces asumieron esta responsabilidad y entendieran la necesidad de lectura de forma pública de la declaración de las “víctimas – testigos” – que hoy se encuentran muertas- que padecieron ultrajes hace cuarenta años, Goñi dio inicio a la lectura de la declaración testimonial de Milton Alberto Gómez.

“En el año 1977 y cuando hacía tres meses, más o menos, que recidía en la ciudad de Mendoza realizando tareas de fotógrafo y desarrollando actividad política y gremial, luego de pasar por la ciudad de Córdoba vino a visitar a sus familiares a la localidad de Plottier, donde su madre le comunicó que en el último mes la policía había estado preguntando en dos o tres oportunidades. Razón por la cual se presentó a la Comisaría de Plottier donde fue detenido. Que el entonces comisario Rebolledo pidió a su declarante las razones de su detención le aconsejó que dejara la actividad política y gremial y le dijo que quedaba detenido por tener instrucciones superiores.”

Mientras que los jueces y la defensa seguía la lectura detenidamente, el público se mantuvó en silencio atento. Goñi introdujo, durante un largo relato, datos y detalles de relevancia dentro de la declaración:

“Desde la celda hasta un camión fue trasladado por un Sargento Ayudante – que era petiso, de un metro sesenta aproximadamente-, muy morocho y gordo. Que hablaba con acento norteño y que fue subido al camión, donde había no menos de cuatro personas tiradas sobre el piso con los ojos vendados. Al subir al camión se le ordenó tirarse debajo de un banco y le vendaron los ojos con un rollo de vendas. Posteriormente y luego de dar la orden general de no hablar, fue empujado y tirado debajo del banco y siguieron viaje, parando en dos oportunidades y cargando más gente. La última vez escuchó que cargaban a dos chicas que lloraban mucho. Que anduvieron alrededor de dos horas, incluso por calles de tierras e incluso que aseguran que fueron llevados a un lugar que no sabe que era, pero que había mucho personal militar.

A esta conclusión llega por la forma en la que escuchaba. Que en ese lugar permanece alrededor de una semana, sin precisar, puesto que también pueden ser dos. Siempre con los ojos vendados. Desde que llegaron a ese lugar los hacían bajar del camión y les decía que al bajar se agacharan porque había una viga; cuando bajaban los golpeaban en la cabeza manifestandole que debían agacharse más porque la viga estaba muy baja – esto lo decían en son de burla-. Posteriormente fueron colocados en camas cuchetas – sin colchón- exposados de las manos y de los pies a la cama. Todos los días y para ir a la cama se repetía el juego de la viga y en el baño se le permitia sacarse la venda, previa instrucción y además le proporcionaban un frasco con colirio para que se pusieran en los ojos. Y luego que se colocaban la venda eran inspeccionados por una persona que en ese momento estaba a cargo; que el baño estaba descascarado y blanqueado por un visualizado de cemento. Que era un baño amplio y que la ducha era una flor con agua fría; que los sanitarios de dicho baño era un único inodoro y un lavatorio viejo.
La puerta del nombrado baño que era de color beige, y con una reja chica en la puerta; una especie de mirilla. Que recuerda que en ese lugar, en la pieza había una persona con acento español que le aconsejaba que dijera todo lo que supiera porque las personas que lo custodiaban – a quienes se refería como ‘estos’- eran unos animales y que le podía pasar cualquier cosa. Dicha persona, aparentemente era vieja. Que la persona encargada del declarante aparentemente le ponía el revólver en la sien y le decía que no iba a pasar nada porque el aliciente no era importante, ya que si lo fuera no le pondrían colirio en los ojos. Recuerda ahora que cuando lo bajaron del camión, alguien que está en el lugar, manifestó: ‘este es el ‘coqui’ de Plottier’, siendo ese su sobrenombre; que durante su cautiverio tiene la impresión de que lo habían confundido, ya que en Plottier era conocido por ‘coqui’ Cuevas – que es el apellido de su padrastro- y cuando lo interrogaban y lo presentaban como Víctor Gómez. Además en la misma habitación estaba detenida una señora y su esposo. Y cuando se llevaron a su esposo para interrogarlo, esta fue violada por una persona con acento español. Todo lo cual escuchó el declarante y los otros que permanecían ahí. Que desconoce el número de ocupantes de la habitación, ya que estaban sacando y colocando personas continuamente. Y tenía la orden de no hablar. Siempre había alguien vigilando. Que el declarante fue interrogado una sola vez. Que fue aconsejado por esa persona con acento español cinco minutos antes que lo fueran a buscar para dicho interrogatorio.”

Por último el abogado Juan Cruz Goñi leyó – a modo de sentencia descriptiva, dentro de los innumerables mensajes y muestras de hostigamiento que suelen impartir los agentes de las fuerzas de seguridad, como un accionar exacerbado, inclusive en los límites del poder que otorga la prevalencia de la vida propia en detrimento de las otras, supuestamente enemigas-:

“Cuando le dijeron que preparara las cosas – en el mismo lugar de cautiverio- para irse – que en ese momento desconocía el lugar al que sería derivado- la personas – que mencionaron anteriormente que lo custodiaba- se enojó con el declarante por haber dicho otras cosas que al no le habían dicho. Esta, primero le dijó a la orden de que preparara las cosas ‘no, sí adonde va no va a necesitar ropa’, delante de los otros. Y después, en voz baja le dijó ‘supongo que sabras que te vamos a matar’.

Segunda parte.

Ampliación de declaraciones.

Tercer testimonio: Gerónimo Enerio Huircain.

El novato: la historia de Cipolletti, los años de militancia y el pedido de justicia.

Gerónimo Enerio Huircain se mantuvo sentado, atento y en silencio en la misma fila que los demás acusados (Jorge Alberto Di Pasquale, Alberto Soza y Antonio Camarelli) detrás de los abogados defensores.

Cuando el juez lo llamó a sentarse delante de él, se condujo con tranquilidad con un manojo de papeles. Al comenzar a hablar hizo referencias a su llegada a Cipolletti y su transparencia dentro de las fuerzas policiales:

“Cuando llega la dictadura militar yo era un oficial recién recibido de la escuela de policía. Estaba recién llegado a Cipolletti. Tenía 21 años de edad. Difícilmente, ya sean mis superiores o los militares, hubieran incorporado a sus equipos de trabajo, como hicieron hacer aparecer en algunos testimonios. Yo tengo la tranquilidad de conciencia como para decirles no sólo que tengo la conciencia tranquila, sino que mis manos limpias. No fui corrupto. Nunca hice nada por plata. Trabaje como servidor público. Eso es lo que fui: un servidor público.”

Huircain, en varias partes de su relato, interpeló a los jueces:

“Ustedes señores jueces que están permanentemente trabajando junto a la policía, saben perfectamente que un oficial recién recibido no tiene poder de grado; entonces difícilmente, en ese momento – 40 años atrás- cuando los reglamento aún eran más duros que hoy, yo podría haber andado armando bandas de de secuestradores y torturadores. Seguramente que nunca fue así. Yo respeto a la juventud, y a sus familiares. Y se lo digo con el corazón. Yo tengo amigos de los dos bandos que han caído: amigos que lucharon por su ideología y amigos que han muerto luchando con su misión. Y eso me da la autoridad moral para decir lo que digo. Me compadezco del dolor de los caídos”.

Además, Gerónimo Enerio Huircain no dudo en mencionar sus aportes como ciudadano en la ciudad de Río Negro: “Yo escribí la historia de Cipolletti señor juez”. De la misma forma que se ufanó de haber participado en un corto periodo en política: “Entre los años 94 y 98 milité en política en Cipolletti”.

Por último el imputado reflexionó con tono burlesco:

“Para el golpe militar me entere tarde. Hay alguien que no me aviso. Porque yo me presente el 25 a trabajar y me mandaron, sabe qué, a cubrir la puerta de la municipalidad de Cipolletti. Ahí estaban las autoridades políticas de Cipolletti reunidas”.

Huircain terminó su ampliación de indagatoria exigiendo:

“Yo también pido justicia, pero justicia por todos.”

Cuarto testimonio.

Antonio Alberto Camarelli: los elementos históricos, “los barrabravas”, las respuestas esquivas y el poder como un último valor de dignidad.

Con tono esquivo Antonio Camarelli, comenzó y mantuvo un relato plagado de “elementos históricos” y relecturas de datos ya incorporados en la causa.

“¿Quiénes eran y quiénes son los Pailos? Famosos barrabravas de Cipolletti. Estos señores obtuvieron con su club Patagones un resultado adverso y dieron rienda suelta a toda su violencia; toda la barrabrava: los cinco hermanos Pailos más todos los simpatizantes. ¿Entonces qué hicieron? Prendieron fuego la tribuna del estadio, las instalaciones. (…) Hicieron tanto desastre que tuvo que intervenir la infantería de Bahía Blanca. Y cuando se normalizó todo, el árbitro “gallina” le hablo al presidente del club y le dijó puntualmente: ‘el domingo que viene van a jugar en Mar del Plata contra Aldosivi. Le digó señor presidente, si usted lleva a llevar a estos Pailos con la barra le tiró la bonaerense encima. Y ésto no es metafórico.”

También durante su exposición Camarelli se refirió a contradicciones dentro de las declaraciones de los hermanos Pailos. Continuó refiriéndose a ellos como “los barrabravas” y vinculó el caso de ellos con un torturador de apellido “Mamani”.

Como ayuda memoria y elemento histórico Camarelli hizó alarde durante toda su declaración sobre hechos de “privilegio” que lo involucraron y lo colocaban – aparentemente- en un lugar de poder digno a tener en cuenta – como si esos hechos, ante los jueces, pudieran favorecer en su situación judicial-.

“Yo atendí una histórica llamada de John F. Kennedy con Frondizi, a quien consultaba sobre la crisis cubana”, confesó con orgullo.

El poder, y siguiendo las advertencias de Levi, es un antídoto temporal contra toda miseria y ausencia de privilegios. Combate la culpa, anestesia los sentimientos. Aloja a quien la consuma en un pedestal de resguardo. El poder – o la sensación de poseerlo- es esquivo de las responsabilidades; las evita. Las suprime. El poder coercitivo es el de los privilegiados – o de aquellos que lo buscan en su afán de poder sentir, incluso en las últimas instancias de vida, como poder coercitivo; es decir, por encima de la voluntad del resto; en eso consiste su privilegio-: “lo único que puede salvarme son mis condecoraciones, el saludo de un hombre distinguido, las sombras de mundos erguidos sobre la sangre de otros.”

Antonio Camarelli advirtió al juez y al público presente – como advirtiendose también él mismo, casi de un modo absurdo-:

“Nunca hice un curso de represión”

Camarelli obvia, que su interpretación del poder – el poder coercitivo- es la plataforma que permite y habilita la represión y la tortura: “Yo me encuentro en una situación de privilegio, por encima de la situación del resto; y como el resto está en una condición de inferioridad, merece ser ultrajado. En definitiva yo soy un ser humano, el otro, el que padece por estar en una situación de inferioridad – que yo permití- no-”.

En otras palabras y citando nuevamente a Primo Levi – en un pasaje que bien se puede ajustar a los planteos de Huircain y Camarelli exponiéndose como falsos represores, víctimas de un mal entendido y dignos de ser absueltos-:

“No pudiendo hacer otra cosa, Biebow, que tenía buenos apoyos, entregó a Rumkowski una carta dirigida al comandante del Lager de destino y le garantizo que le protegería y le aseguraría un trato de favor. Rumkowski habría pedido a Biebow, y obteniendo de él, que le enviasen a Auschwitz, a él y a su familia, con el decoro que correspondía a su rango, es decir, en un vagón especial, enganchado en la cola del convoy de vagones-mercancía abarrotados de deportados sin privilegios: pero el destino de los judíos en manos alemanas era sólo uno, fuesen villanos o héroes, humildes o soberbios. Ni la carta ni el vagón pudieron salvar del gas a Rumkowski, Rey de los Judíos.”

Crónica y foto: Gustavo Figueroa.