MASACRE DE PERGAMINO: CRÓNICAS DEL JUICIO -DÍA 16-

Dejar morir es matar

En la primera jornada de alegatos, las querellas y la fiscalía argumentaron para demostrar la responsabilidad policial en la muerte de los siete pibes. Pidieron penas de entre 25 y 9 años de prisión. La novedad es que apareció la figura de «homicidio simple», cuando hasta aquí se hablaba de «abandono de persona seguido de muerte».  Desde las 6 de la mañana, familiares e integrantes del Colectivo Justicia x los 7 se acercaron a la puerta de los tribunales de Pergamino para comenzar con los preparativos de lo que fue una audiencia proyectada al afuera. Pinto, la calle frontal del tribunal, estaba cortada, y en la plaza, enfrente, familiares, amistades y militantes se concentraron bajo los árboles, en una soleada y pesada jornada, para ver en una pantalla gigante los alegatos de la Querella y la Fiscalía. (Por El Diario del Juicio*)

La sesión estaba prevista para las 9  pero  recién a las 9.40  entran los imputados y luego los jueces. La sala está llena de familiares de los chicos, no así de los policías. Una frase retumba por todas las paredes del Poder Judicial pergaminense. Una que todas las familias tienen en sus remeras, mochilas, camperas: «Dejar morir, también es ma7ar». Esa sentencia, nos cuenta una familiar, es de una canción que escribió una banda local a los chicos.

La jornada de hoy no es cualquier jornada. Se escucharán reiteradas veces historias que nunca más queremos volver a oír. El paso a paso, cada momento, cada rasgo de ese 2 de marzo de 2017. Con lujo de detalles. Todos esos detalles que durante este juicio la defensa y los policías quisieron ocultar. Todas esas «confusiones» o «no recuerdos» que generaron grandes contradicciones y muy pocas certezas entre los relatos de las fuerzas de seguridad.

“Resulta complicado creerles a los imputados cuando dicen querer que se sepa la verdad”

El primero en alegar es el fiscal Nelson Mastorchio. Hace hincapié en algunos puntos fundamentales de lo que dejó este juicio: básicamente, la no respuesta del personal policial en todo momento.

Afirma que los policías no solo tuvieron un rol pasivo sino que además impidieron y obstaculizaron la tarea de los bomberos. Advierte que los oficiales «no utilizaron matafuegos, desinteresándose de sus deberes, privando del auxilio que era necesario para que los jóvenes sobrevivan». Recuerda que el ex comisario Donza estuvo presente y poseía las llaves que abrían todos los candados.

Por otra parte, destaca aquellos mensajes de texto que los chicos mandaron hacia el exterior, a sus familias. Los horarios coinciden con la hora del fuego, con la hora en la que la policía dejó que el fuego mate. Remarca también que los registros de llamadas del teléfono de la Comisaría Primera en la franja horaria en la que ocurrieron los hechos no da cuenta, por ejemplo, de ninguna a los bomberos voluntarios, lo cual contradice  lo expresado en reiteradas ocasiones por los policías en sus declaraciones, centralmente la de Carolina Guevara que sostuvo ante el presidente del Tribunal que ella misma, y desde el teléfono de la oficina del oficial de servicios Alexis Eva, había llamado a los bomberos voluntarios.

Mastorchio, más de una vez, reitera «¿qué hicieron los imputados hasta el desenlace fatal?». Aclara que «no hay apoyo probatorio de que los chicos los hayan amenazado, excusa con la que intentan justificar el cierre de la puerta de imaginaria» y asegura que «los amenazados por parte del personal policial eran los internos». Recordemos que una de las preguntas centrales del debate era por qué estaba cerrada la puerta del box de imaginaria, a la que los imputados respondieron alegando un miedo de que los de la celda 1, que los amenazaban, rompieran -ilógicamente- el candado de una patada. «¿Qué hicieron para sofocar el fuego? Nada. Se pudo escuchar en los numerosos testimonios de los sobrevivientes», se pregunta y se responde el fiscal.

Recuerda que «no abrieron las puertas ni del patio, ni de adentro, contando con dos manojos de llaves» y agrega que ellos «eran policías, no simples ciudadanos. Por eso su conducta fue muy distante de lo esperable». Expresa «hemos escuchado a los imputados diciendo que quieren que se sepa la verdad. Resulta complicado creerles» y allí demuestra reiteradas contradicciones entre las declaraciones de los propios policías.

Durante el juicio, en varias oportunidades, los imputados intentaron deslegitimar y poner en duda el trabajo realizado por la Fiscalía desde el mismo 2 de marzo. El fiscal dedica la parte final de su alegato a este punto, «se ha puesto en duda mi trabajo para evitar lo inevitable» y agrega que «no se puede guionar tamaña causa, si pudiera debiera dedicarme al cine». Ante esto, Giulietti levanta la cabeza y asegura con su movimiento que sí, que debería dedicarse al cine. Momentos después, Mastorchio recuerda la declaración del propio Giulietti de semanas anteriores, cuando dijo que él no sabía hacer RCP, contradiciéndose con su primera declaración, donde aseguró habérselo realizado a varios de los chicos.

Sobre Donza, asegura que este «demostró inacción, falta de empatía y solidaridad, incumpliendo el deber de actuar e intervenir activamente en la dependencia donde prestaba servicio, dando ejemplo contrario a todos, máxime considerando su rango».

Sentencia: «lo corroborado es que lo ocurrido era evitable y debía evitarse, pero no solo no actuaron sino que obstaculizaron el accionar de los terceros». Argumenta que el hecho de ser funcionarios públicos y  la situación de desamparo y vulnerabilidad de las víctimas son agravantes. Rodas se va al baño exactamente en el momento en el que se van a empezar a dictar los años de condenas que pedirá el Ministerio Público Fiscal.

Mastorchio solicita al tribunal: 15 años para el ex comisario Alberto Donza; 14 años para Alexis Eva; 13 años para Matías Giulietti y para Brian Carrizo; 11 años para Sergio Ramón Rodas y 9 años para Carolina Guevara.

“Ante el Estado carcelero, el interno queda a merced del custodio”

Cuando llega el alegato de Margarita Jarque, Alba se saca los anteojos y se estira en su silla, se sostiene la cabeza con su mano. Cierra sus ojos. Con la otra mano, hace una leve percusión con la mesa. Ya demostraron en las declaraciones de los policías que la voz de la CPM no les importa. Estos gestos dan cuenta de ese desinterés.

El alegato de Margarita Jarque, comienza con el recitado de fragmentos de la canción «Pabellón 7», del Indio Solari, que habla de un hecho similar ocurrido en el Penal de Devoto. Luego agrega que «venimos a pedir Justicia con mayúsculas».

Hace, como en los primeros lineamientos del juicio, un análisis a modo general del sistema carcelario. Destaca que «cuando se trata del Estado carcelero, el interno queda a merced del custodio. Depende de la voluntad del funcionario que puede ser tiránico o benévolo».

Habla sin tapujos de «graves violaciones a los Derechos Humanos «. Expresa que las prisiones deben ser lugares de seguridad y no de mortificación de detenidos. Luego, deja su palabra a su compañera Carla Ocampo Pilla.

“No hicieron nada, los dejaron a su suerte”

Allí mismo, Carla toma la palabra y comienza un alegato que dura más de una hora. Certera, convencida, con argumentos y fuerte presencia ante el juez.

Realiza, al igual que el fiscal, una descripción de lo que se puede saber, de las certezas que nos dejó este juicio. Un recorrido cronológico, lo que los imputados intentaron embarrar con sus declaraciones. Recuerda aquel video en el que se ve el fuego, el primer foco ígneo. Ese que tranquilamente, asegura, los imaginaria podían apagar, ya que estaba a un metro y medio de su posición.

Remarca aquellos testimonios de los sobrevivientes que decían:»Nos dejaron solos, tuvieron tiempo a todo». Recuerda que cuando los familiares y amistades preguntaban cómo estaban los chicos, una vez consumado el fuego, Guevara les dijo que todo estaba bien. También hace hincapié en los mensajes de texto de las víctimas. Esos mensajes que son claros. Los estaban matando.

Reitera lo que planteó Mastorchio. Nunca salieron llamadas de la comisaría a los bomberos voluntarios. Cita cada fragmento en el que alguna declaración de las y los testigos mostraba la responsabilidad de la policía.

Asevera que «no hicieron nada, los dejaron a su suerte y no salvaron doce vidas. No se murieron por suerte» y agrega:  «Lo que faltó acá es voluntad». Recuerda que Giulietti envió un mensaje el 6 de marzo, cuatro días después de la masacre, diciendo: «Todavía escucho gritos, gritos de ayuda, tengo las imágenes».

Retoma la frase que los familiares hicieron bandera: «Dejar morir también es matar». Y aquí se plantea algo novedoso en la causa. La abogada asegura que «deja de haber abandono y pasa a haber homicidio por omisión cuando el peligro de muerte ya es del todo concreto y directo «. Y sigue «¿qué pasa si no apagamos el fuego de una celda donde están personas detenidas? Se mueren».

Pide las siguientes condenas: 21 años para Carolina Guevara, 22 años para Sergio Rodas, 23 años para Matías Giulietti, 23 años para Brian Carrizo, 24 años para Alexis Eva y 25 años para Alberto Donza.

Cierra, exigiendo: «Memoria, Verdad y Justicia para los chicos». Al terminar su exposición, algunas familias cierran sus puños y susurran palabras de esperanza.

“En una cárcel, el Estado dispone del cuerpo y del tiempo de una persona”

Le sigue el turno a Maximiliano Brajer, abogado de la pareja y la hija de Fernando Latorre. Asegura también que no hay registro de las llamadas a los bomberos. Que hacia las 18.16, todo el personal sabía del incendio. Que ninguno hizo lo que había que hacer. Y se pregunta: “¿Hasta qué momento hubo chance de rescatar con vida a los fallecidos?”.

Menciona también la demora de los policías para entregar las llaves a los bomberos voluntarios. Recuerda que Hamué dijo: “A todos se les escapó de las manos”. “No”, asevera Brajer. No se les escapó a todos. Se les escapó a ellos.

Recuerda también que otros policías, en la misma comisaría, pero algún tiempo atrás, pudieron apagar un fuego similar. Otra vez, la falta de voluntad.

Brajer teoriza: “El detenido que ingresa a carcel es introducido a una institución total. Es la omnidisciplina en que el Estado dispone del cuerpo y del tiempo de una persona”.

Hacia el final, muestra disentir con lo expresado por la CPM, alegando la imposibilidad de imputarse en este hecho por homicidio a los policías. “Entiendo que el código es claro en explicitar el momento procesal. Modificar la calificación legal no garantiza derecho a la defensa”.

Entonces, con agravantes por multiplicidad de víctimas, por ser funcionarios públicos, por las formas de las muertes, por el tiempo que hubo para evitarlas, por conducta mendaz y artera desplegada durante el debate, pidie: 9 años para Carolina Guevara, 11 años y seis meses para Matías Giulietti, 12 años y seis meses a Brian Carrizo y a Sergio Rodas, 14 años para Alexis Eva y 15 años para Alberto Donza.

Además, acompaña el pedido del resto de las partes y pide que se revoque la prisión preventiva de la que gozan cuatro de los seis imputados. Carrizo se come las uñas. Rodas se toca la cara, posa su codo sobre su pierna y recuesta su cuerpo allí. Se lo ve descompuesto. En algún momento, incluso, pide salir de la sesión.

Breve pero contundente

Las últimas declaraciones son más breves. Por un lado, el Juez Burrone, respetuoso en toda la sesión de las querellas y la fiscalía, les pide que intenten ser más breves. Por otro, se pudo advertir en todo el juicio que estos abogados y abogadas son quienes menos intervinieron, ya que en general adherían a las preguntas de sus antecesores. De este modo, de aquí hacia el final transcurrió poco más de una hora.

Comienza Ramiro Llan de Rosos, candidato a Concejal por Consenso Federal en Pergamino en las próximas elecciones. Representante legal de la familia Perrotta. Menciona las irregularidades de los policías. Por ejemplo, el hecho de que hayan encendedores dentro de las celdas. Se pregunta, “si hubo alertas de que los internos iban a prender fuego, ¿es lógico cerrar esa puerta?”.

Recalca la demora o falta de colaboración que tuvieron para con los bomberos. Que el último mensaje que salió de alguno de los celulares de los chicos fue un minuto antes que la llegada de los bomberos. Asegura que las dos primeras fases de incendio se podían sofocar con baldes de agua y uso de matafuegos. Que había una situación que los obligaba a actuar y que ellos incumplieron con el auxilio debido. Reflexiona: “Tenían un incendio en su propio lugar de trabajo y no hicieron nada”.

Para cerrar su alegato, explica que a solicitud de sus patrocinados, adhiere al planteo de la CPM, entendiendo que una vez confirmada la sentencia corresponde el revoque de arresto domiciliario.

Le sigue Jaquelina Conti, abogada por la familia de Noni Cabrera. Ella también acompaña a la la CPM en la calificación legal y al pedido de pena. Asegura que en este caso no cumplieron con obligaciones legalmente impuestas en su función de garantes.

Agrega que “los imputados captaron el peligro para la vida de todos los detenidos, que no podían salir por sí mismos. No hay manera de no escuchar, de no ver, de no oler, de no sentir”.

Habla de Violencia Institucional. “Los procesos de memoria verdad y justicia nos han dejado una enseñanza : la prueba testimonial es la más importante”, afirma para resaltar la importancia de la declaración de los sobrevivientes. Dice que éstos dan cuenta de la inacción, del incumplimiento de todo deber, del abandono.

Decreta: “La palabra de las víctimas se ha podido oír. Memoria verdad y justicia por los chicos”. Acompaña la declaración el abogado Assaf. Habla del derecho a la vida como un derecho absoluto, único. Afirma que “acá  se está juzgando el derecho a la vida. Si la vida significa algo o no significa nada en este país. Si es el bien supremo que proteger o si la vida puede abandonarse a la suerte en una celda prendida fuego”.

Por último, el abogado Villalba, por parte de la familia de Franco Pizarro adhiere al pedido de condena que propuso la fiscalía.

Los alegatos no dejan dudas porque la prueba recabada es indiscutible: aunque hay indicios de que 18:09 puede haber empezado el fuego sabemos con seguridad que a las 18:16 del 2 de marzo de 2017 ya había fuego en el sector calabozos de la Comisaría Primera porque Carolina Guevara llama a esa hora a los bomberos de policía. A las 18:21 sale el primer mensaje de auxilio desde la celda 1. A las 18:44 salen los últimos de Fede Perrotta a su mamá y de Paco a su tío. 18:45 llegan los bomberos, que no pueden entrar hasta 15 minutos después porque los efectivos policiales no entregaban la llave.

Los tiempos los condenan, los imputados tuvieron tiempo a todo, pero no hicieron nada.

Texto: Julián Bouvier (La Retaguardia).

Edición: Rodrigo Ferreiro (La Retagurdia) y Antonella Àlvarez (La Caterva).

Fotos: Luis Angió (La Retaguardia) y Juan Cicale

*Este diario del juicio a los policías responsables de la Masacre de Pergamino, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva, Radio Presente y Cítrica. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en https://juicio7pergamino.blogspot.com

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