Diego

(Por Oscar Castelnovo/APL) La noticia gambeteó otros temas como ninguna: a los 60 años partió Diego Armando Maradona, uno de los jugadores más grandes de todos los tiempos. El hecho -de inmediato- ganó la tapa de los portales y periódicos del mundo. El inmortal gol a los ingleses, en 1986, donde eludió a siete rivales como postes, se volvió a viralizar en las redes y esta vez arrancó llantos ahogados. Muchos sollozan en Nápoles y en el resto del mundo. En la ciudad del sur italiano ya construyeron nuevos altares que él compartirá con San Genaro. Tomó rumbos peligrosos, caminó por las cornisas y resistió hasta donde pudo su equilibrio. Tuvo respuestas vertiginosas y brillantes cuando lo querían manipular. «¿Diego, qué viste de la dictadura castro-comunista?», le preguntaron en Ezeiza a su regreso de un viaje que hizo a la Isla. «Lo que te puedo decir, che, es que no vi a ningún pibe descalzo», respondió. Es que se había criado en un barrio privado. Privado de leche, privado de agua, privado de salud, solía contestar incisivo. Nació el 30 de octubre de 1960 y nunca olvidó su infancia en Villa Fiorito. Desde allí se lanzó a un mundo que supo conquistar con el despliegue de tanta belleza. Diego no es argentino. Él -y en su rostro puede verse- es cada pibe pobre que tiene sueños fabulosos en cualquier lugar del planeta. Por eso hoy lo están llorando en todos los idiomas.

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