CHUBUT – PUERTO PIRÁMIDES -POLÉMICA POR LA CONDENA DE UNA PAREJA QUE ABUSÓ DE UN NIÑO:

«Las mujeres también abusan»

(VDM Noticias) El caso ocurrió en Puerto Pirámides, Chubut. Hubo una sentencia unánime de un tribunal pero organizaciones sindicales y sociales de la zona acusaron al padre de la víctima de influenciar a su hijo en contra de su madre. Desde organizaciones protectoras de la niñez alertan sobre lo ocurrido. Agrupaciones sindicales y sociales de Puerto Pirámides y Puerto Madryn se manifestaron en contra del fallo judicial que el pasado 2/10, condenó a Bárbara de Cristófaro y Julián Morón, a 16 y 14 años de cárcel por el delito de «abuso sexual agravado» por ser cometido contra un hijo de la mujer, en la localidad de Puerto Pirámides (Chubut). La denuncia fue presentada por el padre de la víctima en noviembre de 2016 y semanas atrás obtuvo una sentencia unánime que generó el rechazo de referentes sindicales que acusaron al padre de la víctima de «influenciar a su hijo en contra de su madre». De Cristófaro se desempeñaba como docente y fue excluida de su función por el Ministerio de Educación de Chubut. Nota de la APL: Por su parte, Asociación de Adultxs por los Derechos de la Infancia se encuentra en la posición contraria, junto a Red de Infancia Robada, Madres Víctimas de Trata, organizaciones feministas, medios alternativos y  personalidades que dan cuenta, más abajo, de la polémica que divide las aguas. «Puntos básicos» sobre el abuso.

A favor de la condenada y su pareja se movilizaron integrantes de ATE y CTA Autónoma Chubut y la Regional Puerto Madryn, de la Cátedra Libre de Sexualidad, Género y Derechos Humanos de la Universidad Nacional de la Patagonia (sede Puerto Madryn) y de la organización Magdalenas también de Madryn.

La situación provocó el posicionamiento de organizaciones de defensa de la infancia de Viedma como Sobrevivientes ASI y la CTA de los Trabajadores.

Por su parte, la Asociación de Adultxs por los Derechos de la Infancia (con sede en Buenos Aires), acompañó al padre del niño víctima durante el juicio y alertó sobre «el inaceptable y gravísimo papel de abierta complicidad y apoyo con lxs agresorxs juzgados y condenados». Nota  de la APL: En esta posición, también se encuentran Gabriela Conder (Integrante de la Gremial de Abogadas y Abogados de Argentina; Mariposa Blanca (activistas contra la violencia sexual); Puerta Violeta; Mujeres Autoconvocadas y Solidarias en Red, Área 12; Movimiento Cultura Feminista; Hna Martha Pelloni (Coordinadora Red Nacional Infancia Robada); Hna Liliana Marzano (Estado Plurinacional de Bolivia); César Rolando Antillanca (padre de Julián Antillanca, asesinado por la Policía de Chubut); Las Costureras De Madryn; Red Infancia Robada Foro Merlo;  Red Infancia Robada Foro Rawson; Red Infancia Robada Foro Puerto Madryn;; doctora Adriana  Rogers (pediatra acompañante de niñas/os que han sufrido violencia sexual);  profesora Sonia  Coca (representante ONG Rawson -CH- en el proceso redacción Ley de Protección Integral a la Niñez); Medios de Comunicación:  Programa Radial A Mi No Me Importa (Mataderos, C.A.B.A.);  Radio “La Namunkura” (Puerto Madryn); Radio Libre Feminista (Tw); Prosa Urgente (Tw) y Agencia Para la Libertad.

En un comunicado cuestiona que en Chubut «se plantearon abiertamente múltiples y nefastos conceptos cargados de negación y ninguneo al sufrimiento de la infancia víctima del delito de abuso sexual» y plantea que esta situación muestra «el profundo y transversal arraigo de posturas y concepciones absolutamente adultocéntricas que niegan el sufrimiento de lxs niñxs víctimas y lxs revictimizan junto a sus adultxs protectores, como bien lo hace el más crudo sistema patriarcal».

En ese marco, desde Adultxs por los Derechos de la Infancia señala algunos «puntos básicos» sobre este tipo de delitos:

1) Las mujeres, como cualquier adulto, también abusan sexualmente de niños, niñas y adolescentes: como colectivo de lucha que desde hace 7 años visibilizamos públicamente este delito por todo el país, y que recibimos cotidianas consultas y mensajes desde muy diversos lugares y ámbitos sociales de Argentina y el mundo, podemos aseverar que a nuestro espacio han concurrido, concurren y consultan múltiples compañeros y compañeras sobrevivientes de abuso sexual a manos de mujeres (desde su rol de madres, madrastras, primas, abuelas, docentes, religiosas, cuidadoras).

2) Afirmar que sólo los varones son abusadores, como lo han hecho públicamente estas organizaciones gremiales y feministas chubutenses, es faltar a la verdad, negando una vez más la real suerte de la infancia en nuestras sociedades adultocéntricas que es la de poder ser dañada por cualquier adulto sin importar el género.

3) Síndrome de alienación parental: decir que el discurso del niño víctima es un relato ficticio, como también lo han hecho públicamente las organizaciones gremiales y feministas chubutenses, es utilizar las herramientas y el marco teórico del inexistente síndrome de alienación parental, cuyo fin es invisibilizar el delito de abuso sexual contra la infancia (sobre todo en el ámbito intrafamiliar).

Que este invento -por el síndrome de alienación parental- que fue y es una herramienta que utilizan les abusadores y sus defensores y que no resiste ningún análisis científico, sea utilizado en boca de organizaciones que dicen defender los derechos humanos nos hace pensar en qué difícil y cuánto nos cuesta a les adultes reconocer los más elementales derechos humanos de la infancia.

4) Invitamos y convocamos de manera permanente a un urgente diálogo y debate público al conjunto de la comunidad adulta de la que críticamente formamos parte, y especialmente a todas las organizaciones, colectivos y grupos que se plantean el trabajar por la construcción plural y diversa de un mundo absolutamente distinto y mejor que el actual, para repensar y planificar prácticas, ideas, discursos y posiciones desde y por la infancia».

5) Sabemos que obligarnos a que prevalezcan los derechos humanos de infancia sobre los otros derechos es un desafío absolutamente incómodo y transformador y que viene a romper con un paradigma central que ha sostenido y sostiene nuestros violentos y opresivos modos de relación y vinculación hasta la actualidad.

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