MASACRE DE PERGANIMO – CRÓNICAS DEL JUICIO -DÍA 11-

Acá hay algo que no cierra

La anteúltima jornada de testimoniales fue importante para las partes acusadoras que intentan condenar a los policías imputados. Tres de los testigos que se contradijeron fueron aportados por la defensa. El dato central lo dio el ex policía Eduardo Hamué, al admitir que él entregó las llaves de las celdas a Alexis Eva. También declaró un sobreviviente que está detenido y ratificó que nadie hizo nada para apagar el fuego. (Por El Diario del Juicio*) 

Apenas pasadas las diez de la mañana Mauricio Calzone se sienta ante los jueces. Es el tercer y último bombero voluntario en declarar. Era el Jefe del Cuartel al momento de la Masacre. Calzone comienza su testimonio comentando que estaba trabajando el 2 de marzo de 2017, pero decide pasar por el cuartel. Allí, le informan que había un motín en la Comisaría 1ª, y que los bomberos Ardis y González ya se habían dirigido hacia el lugar. Cuando llega la solicitud de refuerzos desde la Comisaría, Calzone se suma a sus compañeros, llegando alrededor de las 19:10. Se cruza con González, y lo releva. Ingresa a la celda. Su testimonio se parece demasiado al de sus colegas de la jornada anterior. Y genera los mismos escalofríos. “Veo a un grupo amontonado, en un rincón. Escucho unos gemidos, y sacamos al cuerpo que estaba debajo de todo. Se nos complicaba sacarlo, porque estaban entrelazados”. El Jefe de Bomberos ordena, instantes después, el ingreso de los médicos de Medicar. Pero es en vano: el cuerpo retirado de la celda no tiene signos vitales. Mientras Calzone relata el intento, un llanto se mezcla con la voz del bombero. De pie entre los largos bancos de madera, casi de iglesia, Daiana no puede contener la angustia. Sabe que están hablando de su hermano, Federico Perrotta.

Calzone no duda al momento de calificar el grado del incendio: era generalizado. Y también es claro cuando la querella interroga sobre la cantidad de bomberos en los operativos, coincidiendo con sus compañeros del lunes: “es normal que vayamos dos bomberos. Muchas veces concurrimos de ese modo a los siniestros. Si vemos que necesitamos más personal, lo llamamos”.

Durante el resto de su relato, Calzone recorre varios temas. Por un lado, comenta que, durante sus 27 años de servicio, ha concurrido en varias ocasiones a la Comisaría 1ª. Y realiza una suerte de taxonomía de los llamados policiales: “Hemos ido por varios motivos: a apagar incendios; o por amenazas de incendio que realizan los internos; o también a veces llegamos y el incendio ya se apagó, con baldes o matafuegos”. Por otro lado, traza un Curriculum Vitae del Cuerpo de Bomberos de Pergamino, con credenciales que suenan convincentes: “Estamos bastante calificados. Existe una Federación, en donde realizamos cursos y somos evaluados. Nuestro ente regulador es Defensa Civil de la Provincia de Buenos Aires. Los bomberos voluntarios de Pergamino estamos bien capacitados. Tenemos cerca de 1200 incendios por año y respondemos con un servicio que está las 24 horas y sale en el acto”. Y, por último, completa con cuestiones vinculadas al día de la Masacre. “El fuego en un colchón demora un tiempo en propagarse. No sé cuánto, pero tarda”. Antes de dejar la sala, Calzone responde una última consulta de la querella, sobre el objetivo de un Bombero Voluntario: “salvar vidas”.

Aparecieron las llaves

Cuando llegó al juzgado esta mañana, Eduardo Hamué repartía sonrisas y saludos. En pago chico es difícil no reconocerse, pero él es un personaje reconocible de la ciudad. Fue cesanteado de la fuerza después de haber tenido un sumario, no por su actuación durante la Masacre de Pergamino (al menos hasta hoy), sino por haber realizado una publicación en su Facebook, después de la masacre, mostrando el tambor cargado de su arma con el mensaje: “Saludos a los DH”, no en referencia a Daniel Hadad sino a los Derechos Humanos. Antes de la Masacre hablaba de sus armas como “mis bebés que me protegen de las lacras” (los posteos acompañan esta crónica). Hamué fue uno de los promotores de las marchas que se realizaron a favor de los policías acusados en esta causa. Bajó del auto con paso seguro, grandote como es, con su campera verde todavía puesta. Pero ahora que está ante el tribunal su actitud ha cambiado por completo.

Posteos de Hamué en redes sociales

Hamué no estaba de servicio aquella tarde, porque tenia vacaciones. Pero recibió un llamado de Daiana, la hermana de Federico Perrotta. Hamué y Daiana se conocían. Al llegar, siempre según su relato, lo ve a Brian Carrizo yendo y viniendo.

-¿A hacer qué? -le pregunta el fiscal Néstor Mastorchio, con su corbata color salmón sobresaliendo en la escena.

-Lo que hacíamos todos: correr. Entraba y salía.

-¿Cuál es la tarea que deben hacer ustedes en una situación así?

-Liberar el pasillo y abrir la puerta para la llegada de los bomberos. Buscábamos medios para apagar el fuego.

Hamué describe un escenario de desesperación que no se condice con lo narrado por los bomberos voluntarios el día anterior. Y comienza a hacer de la contradicción un paradigma de su testimonio, al plantear que junto a “Matías” (Giulietti) ayudó a desplegar la manguera del Autobomba y observó cómo la llave solicitada por los bomberos aparece casi en el acto. Exactamente lo opuesto a lo declarado por Ardis y González ayer. Sin embargo, el ex policía escala posiciones en el ranking de contradicciones, y se desdice de lo que mencionó hace instantes, al menos dos veces. Primero, cuando plantea que la llave para abrir la reja de los calabozos la tenía el ex oficial Alexis Eva, que se la da en mano a uno de los bomberos luego de ir a abrir la celda 6. Claro que esta declaración no sería un problema si Hamué no estuviera diciendo, minutos después, que él le da en mano la llave a Eva. ¿Quién tenía en definitiva la llave que pedían los bomberos? ¿Quién se las alcanzó a Ardis? ¿Y cuándo?

El presidente del tribunal, Guillermo Burrone, lo interrumpe y le remarca las contradicciones.

-Escúcheme, Hamué. Usted está declarando bajo juramento -le advierte, juntando su manos como en un rezo- Entonces… primero usted dijo que no había encontrado a Eva porque había ido a abrir el calabozo 6, pero ahora dice que usted le dio la llave a Eva. Acá hay algo que no cierra..

-¿Por qué no cierra, doctor? -pregunta Hamué. Sus pestañas con taquicardia.

-Usted dice que no encontraban la llave, pero después dice que se la da a Eva… ¿Alguna pregunta más? -consulta el juez a las partes.

Todo sigue alrededor de las llaves. Hamué dio, sin querer, un dato esencial. Eva tenía las llaves para abrir la celda, pero no lo hizo.

El cierre de su testimonio fue tenso. Daiana, la hermana de Perrotta, que fue pareja de Hamué bastante antes de la Masacre, le gritó: “Acordate que te acostabas conmigo para pasarle cosas a Fede”. Como contraparte de la situación abusiva, Hamué tenía que entregarles unas muletas a Perrotta. Nunca se las llegó a dar. Como los custodios ya la habían visto a Daiana preparada para increparlo, sacaron al testigo por la puerta de los imputados, quizá un anticipo de dónde quedó parado hoy Hamué.

Eduardo Hamué reconociendo las rejas abiertas o cerradas por una contradicción en su declaración

Nadie hizo nada

El siguiente testigo es un sobreviviente que todavía permanece detenido. Entendiendo que no es una situación fácil dar testimonio para luego volver a estar preso, El Diario del Juicio preservará su identidad. Tiene una campera negra con el cierre hasta arriba. Su jean ha soportado ya demasiadas batallas. Se sienta con tranquilidad frente al tribunal. Es un sobreviviente de la Masacre, estaba detenido el 2 de marzo de 2017 en la celda 3, contigua a la 1. Cuenta que en un momento de esa tarde de verano decidió recostarse a dormir la siesta. Entre las 17 y las 17.30 se levantó y observó que en el patio dos internos estaban peleando. Según él, “planeaban una fuga” y terminaron enfrentados. Sin embargo, la discusión finalizó en paz. “Se dieron la mano”, agrega. Los dos protagonistas de la pelea eran Alan Córdoba y Juan José “Noni” Cabrera. Los policías deciden engomarlos (encerrarlos) a todos. Según el testigo, se trataba de una práctica habitual, y ya venían de estar en esa situación durante casi veinte días. “Era un modo de penitencia que sólo se interrumpía el día de visitas”, aclara el testigo.

La declaración ingresa en un terreno complejo, porque apenas se produce el engome, donde según el testigo no hay resistencia, desde la celda 1 comienzan a prender fuego objetos “del tamaño de una almohada”. Las celdas se convierten en una trampa mortal. “El humo era inaguantable. Yo gritaban que nos ayuden, pero no vino nadie. En un momento escucho la sirena de los bomberos cerca. Y veo que desde la celda 1 arrojan un colchón entero con fuego”. Las palabras del sobreviviente generan angustia entre muchos presentes, aunque él permanece calmo. “En un momento, todo quedó en silencio, y por mucho tiempo. Después de eso, tiran agua”. Cuando desde la querella interrogan sobre los tiempos, la cuestión se torna difícil, aunque consigue precisar que todo transcurrió en un lapso de una hora y media sin que nadie ingresara.

-¿El incendio empezó de día? -pregunta Carla Ocampo Pilla, abogada de la CPM, pañuelo negro de los 7 abrochado en la muñeca. Pelo con una colita atada encima de su cabeza y un mechón bien delgado cayendo debajo de su oreja como un aro.

-Sí -responde el sobreviviente.

¿Y cuándo los sacan?

-Ya era de noche -responde seguro.

El sobreviviente contó:“teníamos agua pero ese día la cortaron. Nos queríamos meter agua en la boca y justo en mi celda la pileta siempre perdía, así que usamos ese agua sucia para poder mojarnos la remera y respirar”.

En la primera fila, una señora tiene su cabeza recostada sobre la baranda de madera que separa al público de las partes. No mira. Sólo la levanta ahora, que la abogada Ocampo Pilla, al finalizar la declaración del joven, le solicita al tribunal si el testigo puede ver a su madre antes de regresar al penal. Recién entonces ella se pone de pie y sale. Tendrá unos minutos para ver a su hijo antes de que lo regresen al penal.

Las maniobras del Autobomba

Luego del cuarto intermedio establecido por el tribunal, la sala fue invadida por el desconcierto, eufemismo para denominar el testimonio de Renzo Giracci. Resulta complejo describir las palabras del policía en el marco de este proceso judicial.

Giracci llega a la sala calmo, y se dispone a narrar con soltura lo que le ocurrió el 2 de marzo de 2017. Alrededor de las 18.25 llega a la comisaría en un móvil, que estaciona en una de las esquinas de la Comisaría. Tenía que entregar un acta para que la firmara Eva. Pero el oficial estaba ocupado en cualquier cosa menos en abrir la celda 1. Cuando se baja, observa humo que proviene del edificio. Cuando consigue encontrarlo y que le firmen el papel, consulta a Donza sobre la necesidad de ayuda, y queda a su disposición. El Comisario a cargo le ordena que cuide la entrada -siempre según su relato-, y desde allí logra observar la llegada del camión de Bomberos. Plantea que el autobomba realizó maniobras raras, como “queriendo ingresar a la Comisaría”. En ese instante, aparece la primera contradicción, que se trata solo de una muestra sin cargo de lo que sigue. Giracci no menciona ayuda alguna por parte de la policía a los bomberos en lo que respecta a estirar la manguera. Sin embargo, y por una observación de la defensa, se desdice y plantea que, tal como dijo en la declaración anterior en la Fiscalía, sí hubo manos policiales que acompañaron a los bomberos a bajar la manguera. Segundos después, el Juez Guillermo Burrone realiza una intervención que es el principio del final, y es televisada. La sala se oscurece y se proyecta un video de una cámara de seguridad oficial, que desmiente las supuestas maniobras del camión de bomberos. Las imágenes son claras: el autobomba llega a las 18:35 (la hora del video atrasa 10 minutos, por lo que se establece que llegó a las 18.45), estaciona y los bomberos bajan. Sin embargo, hay algo más: la llegada de Giracci junto a su móvil jamás aparece en las imágenes. Esto desata un murmullo generalizado, cuyo exponente principal es el imputado Alexis Eva. Tan afectado se muestra por el video que debe ser advertido por el tribunal:

-Si usted quiere decir algo va a tener que sentarse acá -le dice Burrone-. Desde ahí no habla.

-Disculpe -ensaya obedecer Eva, con su rostro denota el enojo de una jornada muy adversa para su defensa.

Cuando vuelve la luz todo se ilumina, menos la memoria de Giracci. Ahora, no recuerda casi nada. El “puede retirarse Giracci”, de Burrone, pretende ser reprobatorio. Pero es piadoso. El policía se sorprende que lo despidan en medio del papelón, pero el juez insiste “vaya, vaya”, y le indica el camino con sus manos. Es el segundo testigo de la defensa, después de Hamué, que no ayuda demasiado a quienes lo convocaron. Pero falta una testigo más.

 “Iban y venían”

Flavia González es policía y trabaja en la línea 101 de Emergencias. Tiene el cabello negro largo y lacio, que cae sobre una blusa multicolor. El día de la Masacre, fue la que se comunicó con los Bomberos Voluntarios de Pergamino avisando del incendio. En ese significante aparece una contradicción con respecto al relato de Ardís, ayer. Si bien el bombero plantea que una mujer fue la que le comunicó lo que sucedía, afirma que el mensaje fue “hay un motín”. González, en cambio, asegura que utilizó la frase “hay fuego en el calabozo”. Luego de esta diferencia, las palabras de la policía coinciden con los bomberos, ya que comenta que en dos o tres minutos estuvieron en la Comisaría. González sufre de lapsos de amnesia, que ya se vislumbran como síntoma en algunos testigos. Por ejemplo, no recuerda la hora en que comenzó a ver humo desde las celdas, así como tampoco lo que el bombero Ardís le contestó cuando lo llamó. Sin embargo, sí recupera la memoria al describir la actitud de sus compañeros oficiales, que “iban y venían”; esa misma descripción literal hicieron los otros dos testigos de la defensa. El “iban y venían” parece ser un intento de retrucar los testimonios de bomberos, sobrevivientes y familiares, que aseguran que no hicieron ningún intento por salvar las vidas de los 7 pibes. González fue más allá y aseguró que observó a Donza, “que daba órdenes” y planteó que uno de los bomberos “iba a entrar a la comisaría y se arrepintió”; esa es la otra cuestión que los policías necesitan refutar: si ellos no tuvieron la culpa, fueron los bomberos. Luego, la cuestión se hizo más difícil cuando debe explicar hacia dónde sus colegas estaban yendo y viniendo, de qué modo y a quién Donza daba órdenes y qué significa que el bombero se haya arrepentido. Tampoco puede precisar el momento en que dijo ver al Auxiliar Letrado de la Fiscalía Juan Martín Fontana. Muchas dudas. Pocas certezas. Antes del cierre de la jornada, el abogado defensor Gonzalo Alba vuelve a anunciar que los imputados van a declarar al final de las testimoniales.

Mañana será la última jornada de aporte de pruebas, por lo que el lunes podrían declarar los policías, que hoy no tuvieron una buena jornada, como lo dejó ver el abogado Alba, antes del cuarto intermedio, cuando anunció que denunciaría en el Colegio de Abogados a Carla Ocampo Pilla, por una supuesta inconducta, una sonrisa irónica que habría dirigido hacia su colega al mostrar las publicaciones de Facebook de Hamué. El presidente del tribunal volvió a intervenir para poner algunas cosas en claro. “Más allá de que no observé ninguna incorrección por parte de la doctora, sonrisas y gestos he visto de todas las partes. El público se ha comportado correctamente hasta ahora, no hubo provocaciones. No las ocasionemos nosotros”. En esa protesta de Alba se adivina la queja de quien sabe que está por perder el partido.

Texto: Rodrigo Ferreiro (La Retaguardia) y Fernando Tebele (La Retaguardia)

Fotos: Andres Masotto (Radio Presente)

Edición: Giselle Ribaloff (Radio Presente) /  Martin Parolari (Radio Presente)

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*Este diario del juicio a los policías responsables de la Masacre de Pergamino, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva, Radio Presente y Cítrica. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en https://juicio7pergamino.blogspot.com

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