Las vidas de lxs niñxs fumigadxs en Corrientes no importan

(Por Kuña Mbarete/Registro:Guardianes del Y`vera) En estos días llegaron denuncias de fumigaciones en Mburucuyá, Corrientes. Allí, desde hace años la impunidad convive junto con las fumigaciones que ya se cobraron la vida de la niña Rocío Pared (12). Por lo que tanto la familia Pared, como el resto del paraje, advierten nuevamente ante las consecuencias terribles de convivir con quienes continúan envenenando en total complicidad del poder político que lo permite.

Durante la semana, desde las redes sociales de Guardianes del Y`vera, se difundieron videos donde se ve la fumigación que viven en Mburucuyá. La hermana de Rocío, Maria Pared, denuncia en el video como la empresa de Luis Brest realiza frente a la casa de sus padres fumigaciones que vuelven irrespirable el aire y perjudican la salud de los miembros de la casa, en donde hay personas enfermas como recién nacidos. Ella dice: “Es fuertísimo el olor. Mi mama esta enferma, mi hermana hace poco tuvo familia y no podemos estar del olor. Tenemos que estar encerradas en la pieza porque lo sentimos mucho y puede infectar a los chicos”.

La memoria que se reactiva por la impunidad y no por la justicia

Cuando María dice “puede infectar a los chicos” sabe de lo que habla. Su hermana Rocío Pared, murió el 9 de septiembre de 2017. Ella había salido de su casa a la siesta junto a su sobrino Damián (10) cuando vieron una mandarina que estaba caída en la calle, por lo que ella la levantó y la partió a la mitad para convidarle.

Ella traga un pedazo y enseguida comienza a sentirse mal, se desmaya. Damián muerde, pero logra escupirlo. Aun así vomita y requiere de un palo que utilizó como bastón para volver a su casa y avisar que su tía se había desmayado.

Dos hermanos de Rocío van a buscarla y le preguntan qué pasó, a lo qué la niña responde en guaraní  “ha´u mandarina” (tomé una mandarina). Todo esto ocurre en la entrada de la finca ubicada en Pago de los Deseos, la primera sección del paraje El Pago, Mburucuyá.  Es decir, en plena zona rural del interior de una de las provincias más empobrecidas de Argentina.

Esto no es dato menor, todo el recorrido para intentar salvarle su vida son muestra de esta realidad: la ambulancia  que no llega; la dificultad de conseguir traslado en remís en medio del campo; el único doctor que había en el hospital de Mburucuyá durmiendo la siesta y demorando la atención; la aplicación sólo de suero porque no tenían recursos para realizar un lavaje de estómago, el traslado a otro departamento (Saladas) para intentar salvarle la vida.

¿Cómo su familia no va a temer si Rocío de 12 años murió por comer una mandarina? O mejor dicho, ¿cómo no van a volver a denunciar si quienes llevaron a Rocío a la muerte siguen envenenando? ¿Si impunemente rocían veneno a metros de su casa?

Es que a Rocío no la mató la mandarina,  sino el veneno que alguien decidió inyectar dentro de ella.

La fruta fue sacada de una quinta de mandarinas y llevadas a una de limones, las cuales pertenecen a Luis Ángel Brest. Estas tenían dosis letales de Carbofuran (bajo la marca Furadan), el cual es utilizado para controlar las plagas y  los pájaros que se alimentan de las plantaciones de arándanos. Para los seres humanos es muy tóxica, sólo 1 ml puede causar la muerte.

La mandarina que comió Rocío tenía el doble de la dosis letal.

EL ENTRAMADO DE PODERES QUE GARANTIZA LA IMPUNIDAD DE ENVENENAR

Si bien Corrientes es una de las provincias más empobrecidas, y todo el recorrido en búsqueda de atención médica que realiza Rocío junto a su familia solo evidencian eso, no a todos les fue tan mal. Los Brest son una familia de la zona que hace más de una década se instalaron en la provincia y lograron hacer su fortuna. Poseen poder económico y tejieron redes de vinculación que encubren y sostienen su accionar. Esta familia está compuesta por 4 hermanos: una abogada, un ingeniero agrónomo, otro abogado y político y, por último, Luis Ángel Brest el dueño de las fincas de Mburucuya.

Este continúa fumigando impunemente sobre los pobladores porque puede hacerlo, sabe que nada le pasara o que lo cuidaran de que nada le pase.  Por ejemplo, el día que murió Rocío las inspecciones en las fincas no fueron realizadas al momento sino hasta 3 días después.  En todo este tiempo se ordenó poner carteles de seguridad en la finca, se hizo desaparecer un freezer, como también un acoplado con el cual trasladaron las frutas de una finca a la otra. Por otro lado, los vecinos denuncian que cuando están los controles ellos desaparecen y no encuentran a nadie, como si fueran avisados. También han intentado denunciar en la comisaría de Mburucuyá pero no logran les tomen las denuncias.

Tanto hoy, como hace 5 años, la familia Pared viene denunciando esta situación para que ningún niño ni niña pase por lo mismo. Las niñeces en Corrientes están en peligro y muestra de ello son José Kili Rivero(4), Antonella Rivero(16), Nicolás Arévalo (4), Celeste Estévez (tenía 7 años, actualmente convive con las secuelas), Damián Pared (tenía 10 años, logró salvarse)  y Rocío Pared (12). Todxs ellxs son víctimas de  un poder político, judicial y policial que garantiza que empresarios privados sigan teniendo impunidad de envenenar.

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