OPINIÓN-ENFOQUES

Violación de derechos humanos en situación de Covid: ausencia de sistema sanitario

(Por Juan Garberi, biólogo molecular, para la APL) Los datos oficiales del 2020 registran una incidencia de infectividad del 3,2 % de la población total de nuestro país, y una incidencia de mortalidad de 0,1 % de la población total. Un número de 43000 fallecidos que sin menospreciar absolutamente ninguna muerte, debemos decir que los datos del ministerio de la Nación del 2017-2018 nos habla de 62000 muertes por enfermedades respiratorias solamente y más de 300000 muertes en ese periodo por diversas enfermedades, incluyendo desnutrición, en el país que puede producir alimentos para más de 350000000 de personas.(…) El concepto mercantilista de tratamiento de las enfermedades, culturalmente aceptado no es definitivamente la salud. Es tan solo un proceso económico perverso que lucra con las necesidades de las personas. En este concepto lo que interesa es que la gente este enferma, porque eso produce réditos económicos a las farmacéuticas. (…). En este sentido todos procesos que involucren tales derechos NO DEBEN DAR GANANCIAS; DEBEN RESOLVER PROBLEMAS, PRESTAR SERVICIOS y GENERAR MEJOR CALIDAD DE VIDA, Por lo tanto no son negociables, no son mercancía y toda la comunidad deberá tener igual posibilidad de acceso. La carencia de tales servicios y las actitudes consientes por parte del poder de la clase dominante y sus testaferros, los funcionarios públicos, supuestamente representantes del pueblo es una violación indiscutible de los Derechos Humanos”. Fragmentos salientes de la columna de J.G. que brindamos completa más abajo. J.G. es doctor en Ciencias Químicas,  biólogo molecular, licenciado en Análisis Biológicos MN: 8056, ex miembro de la carrera de investigador del CONICET, ex director del laboratorio de biología y patología molecular CABA , director del Laboratorio Dr. Manuel Zelaya y de Gazelab Biomol, Guernica, Buenos Aires.

Parafraseando a Bertolt Brecht, hay muchas maneras de matar: pueden meterte un cuchillo en el vientre, quitarte el pan, no curarte de una enfermedad, meterte en una mala vivienda, darte comida con químicos cancerígenos, agua con arsénico y cianuro, empujarte hasta el suicidio, torturarte hasta la muerte por medio del trabajo y también en lugares clandestinos o no, llevarte a la guerra, etc. Solo la primera es condenada por nuestro estado…

La salud es básicamente la no enfermedad, el mantenimiento armónico entre nuestro interior y el exterior y no simplemente el tratamiento de las enfermedades. Esto último básicamente es el fracaso del sistema sanitario. Lois Pasteur planteaba que las enfermedades eran causadas por los gérmenes, mientras que su maestro Antoine Benchamp planteaba justamente lo contrario, la desarmonía producida por la mala alimentación, el stress, el miedo, o substancias químicas como las ingeridas con los alimentos actuales incide sobre nuestro sistema inmunológico y por lo tanto genera el alojamiento de los gérmenes.

La interpretación conveniente para la clase dominante de la situación definida como pandemia Covid-2019 es definitivamente un proceso económico perverso que lucra con las necesidades y el miedo de las personas, y definitivamente por lo menos por las observaciones obtenidas en nuestro país la pandemia de Covid-19 no ha sido un problema sanitario en si.

Los datos obtenidos personalmente por un grupo de compañeras y compañeros con esfuerzo, trabajo y conocimiento luego de poner en marcha el sistema de PCR en tiempo real en menos de 20 días al principio del 2020 y realizar con nuestros reactivos más de 14000 determinaciones nos indican que el porcentaje de positividad manifestado no supero el 5, 2 % del total de muestra (con un universo que abarca el conurbano bonaerense, norte sur y oeste y parte de CABA) y la mortalidad, menor al 0,01 %. Los datos oficiales del 2020 registran una incidencia de infectividad del 3,2 % de la población total de nuestro país, y una incidencia de mortalidad de 0,1 % de la población total. Un número de 43000 fallecidos que sin menospreciar absolutamente ninguna muerte, debemos decir que los datos del ministerio de la Nación del 2017-2018 nos habla de 62000 muertes por enfermedades respiratorias solamente y más de 300000 muertes en ese periodo por diversas enfermedades, incluyendo desnutrición (en el país que puede producir alimentos para más de 350000000 de personas). Tampoco se comprende porque la tuberculosis, enfermedad endémica con 14 % de letalidad, nunca ha sido un problema para las autoridades, a pesar que todos los años se muere una persona de tuberculosis cada 24 hs y se disemina en forma epidémica exponencial de forma exactamente igual que el Covid19.

Según mencionó el reconocido epidemiólogo francés Didier Raoult miembro del consejo científico francés Covid-19 y considerado unos de los mejores infectologos del mundo a principios del 2020 ,“Confinar al conjunto de la población sin detectar y sin tratar, es digno del tratamiento de las epidemias en los siglos pasados. La única estrategia que tiene sentido es la de detectar masivamente, luego confinar a los positivos y/o tratarlos,como a los casos más riesgosos, puesto que es posible, como lo vimos en China y en Corea: los tests masivos y la prescripción de cloroquina en tratamiento han sido altamente efectivas.”

La ausencia de detección masiva del Covid-19 ,en una población con alto nivel de malnutrición con inclusive índices de desnutrición importantes (niños muriendo) y un sistema sanitario muy empobrecido, implicaría de diseminarse la epidemia un alto nivel de mortalidad, que obviamente se atribuiría al virus y no al estado de situación sanitaria reinante.

El estado NO actuó con la debida premura de cerrar las fronteras y establecer detección por biología molecular adecuada en cada punto para ubicar las personas contagiadas y aislarla oportunamente, dado que este virus no es autóctono y podría simplemente haberse evitado. Por encima de ello continuó el proceso no extendiendo la detección del virus sino controlando los datos de información a través de la centralización del diagnóstico en el Instituto Malbran (que implicaba en algunos casos demoras de días el resultado, con las consecuencias inherente al tardío correcto tratamiento), bajo la excusa que no se tenía la capacidad para realizar los testeos.luego descentralizó parcialmente a lugares determinados con la utilización de reactivos comprados invirtiendo millones de dólares (que en vez de ir para solucionar la desnutrición de nuestros niños) iban a los bolsillos de transnacionales como Roche a precios muy por encima de los que podríamos producir en el país como los que realizamos en el Laboratorio Gazelab BioMol de Guernica, negando el desarrollo nacional para aquellos reactivos que ofrecerían conocimiento objetivo de la realidad existente. Más allá de la utilidad de mantener estadísticas adecuadas del avance de la enfermedad, las pruebas masivas permiten utilizar de una manera más eficiente los recursos, el equipamiento hospitalario y el tiempo de los trabajadores de la salud como indicaba el epidemiólogo de la Universidad de Yale, GreggGonsalves.

Lo que hemos observado a lo largo de todo este tiempo es una sintomatología clínica asociada a una infección por una supuesta variante de la familia de los coronavirus. La definición de positividad se estableció por una reacción de PCR que solo determina unos 200 nucleótidos de una supuesta variante que tiene un genoma de más de 30000 nucleotidos (el genoma del virus del HIV es de 9000 nucleotidos). En consecuencia, y en función de las muchas incongruencias halladas en el comportamiento oficial manifestamos enfáticamente, como científicos, químicos, biólogos moleculares, médicos, la necesidad existencial de objetivar la presencia del virus responsable del síndrome denominado COVID-19, mediante la tecnología microscópica electrónica. Con posterior cultivo viral y secuenciación con auditorías externas permanentes para la verificación de la verdad de la información. Todo nuestro comportamiento fue según lo que nos dijeron y no según lo que pudimos observar directamente en ensayos clínicos, científicos, independientes.

Las medidas empleadas como protección en cada situación de contingencia, deben ser congruentes a la observación y raciocinio común en el terreno. De este modo, podrán sumarse nuevas consideraciones técnicas diagnósticas para la necesaria actualización del protocolo. Esto imprime suma importancia en la estadística y modo operativo a seguir para lograr el mejor comportamiento sanitario para toda la población.

El concepto mercantilista de tratamiento de las enfermedades, culturalmente aceptado no es definitivamente la salud. Es tan solo un proceso económico perverso que lucra con las necesidades de las personas. En este concepto lo que interesa es que la gente este enferma, porque eso produce réditos económicos a las farmacéuticas.  El actual sistema sanitario está planteado de esta forma.La alimentación básica, la salud, la educación, el cuidado de los mayores de los pueblos, el derecho al trabajo de todos los individuos, el desarrollo científico tecnológico de los pueblos que les otorga conocimientos para ser independientes, entre otros, son derechos irrevocables de las personas por el solo hecho de nacer y pertenecer a la humanidad. En este sentido todos procesos que involucren tales derechos NO DEBEN DAR GANANCIAS; DEBEN RESOLVER PROBLEMAS, PRESTAR SERVICIOS y GENERAR MEJOR CALIDAD DE VIDA, Por lo tanto no son negociables, no son mercancía y toda la comunidad deberá tener igual posibilidad de acceso. La carencia de tales servicios y las actitudes consientes por parte del poder de la clase dominante y sus testaferros, los funcionarios públicos, supuestamente representantes del pueblo es una violación indiscutible de los Derechos Humanos.

El proceso denominado pandemia de Covid-19 no ha sido un problema sanitario en sí, sino una manera de generar plusvalía y dominación, mediante la implantación del miedo mediante la mentira, la media verdad y la utilización indiscriminada de los medios masivos de comunicación.

La realidad actual de la situación de nuestro pueblo en el curso del 2020 está definida en el informe de la Universidad Católica Argentina: el 44,2% de los argentinos eran pobres al cerrar el tercer trimestre, superando el 40,8% que registró entre julio y octubre del año pasado. Además, el 34,9% de los hogares se encuentran debajo de la línea de pobreza, casi dos puntos porcentuales arriba del mismo período de 2019. Las cifras de desempleo, en tanto, subieron en el tercer trimestre de 10,6% a 14,2%, pasando de casi 2,1 millones de desocupados a poco más de 2,7 millones. Entre 2019 y 2020, 10,3% y 13,7% de las personas cayeron en situación de indigencia y pobreza, respectivamente. Observó que las ayudas sociales brindaron “un piso mínimo de ingresos” pero fueron “insuficientes” y alertó que “no llegaron a todos los que sufrieron pérdidas de ingresos”. Otro aspecto que destaca el informe es el “fuerte incremento de la pobreza estructural”, por el incremento en las carencias experimentadas en los hogares. Hubo un incremento de la pobreza multidimensional estructural de 21,4% a 27,3% a nivel de la población. Por regiones, el informe sostiene que en el conurbano bonaerense “la pobreza crece casi ininterrumpidamente desde 2013-2014 y evidencia un nuevo salto en la pandemia”. En términos etarios, y esto es lo más grave, al cierre del tercer trimestre de 2020, el 64,1% de los niños/as y adolescentes viven en hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza. Por otro lado, el 16% reside en hogares con ingresos que se encuentran por debajo de la frontera de la indigencia. Recordemos que el poeta decía que era honra de los pueblos proteger lo que crece, no nos vemos como un pueblo muy honrado.

Sin embargo esto no es nuevo, la ausencia de visión por parte de las personas que podrían cambiar esta situación no es nuevo, es la continuación de muchos años de violación sistemática de estos derechos. El silencio y/o la complicidad de la corporación médica, de ciencia y técnica y de los funcionarios en su mayoría ante este proceso de degradación sistemático de nuestro pueblo, se suma a la inacción y/o complicidad establecida durante años por el envenenamiento de la población debido a los agrotóxicos de Monsanto, el cianuro de sodio de la Barrick y las lagunas de petróleo y los químicos del fracking de chevron con su carga de enfermedad y muerte son indicativos irrefutables de la actitud genocida y ecocida de la política económica de concentración de capital que se viene aplicando hace décadas en nuestro país. El término «genocidio» fue acuñado por Raphael Lemkin en 1944 y es un delito internacional. Comprende cualquier acto que consista en la «matanza y lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo, sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial.

«…Hemos guardado un silencio bastante parecido a la

estupidez…»

(Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad

de La Paz, 16 de julio de 1809)